Rey de las dos tierras: Arco del Califa poseído

Profecía: Primera Parte

Neferu volvió a su habitación teniendo una bandeja con un jugo de naranja, pan con mantequilla de vaca traída de tierras Dinka, como le gustaba a Mariam-Yandit II, y una torta de harina sin levadura, según la ley de Moisés. Este sería un buen presente de paz, pensó Basemat mientras las puertas de la habitación se abrían.

La joven novicia entró encontrándose con su cama desordenada al fondo en la izquierda y a Caleb, Mariam y al joven Tai-Seiti del ramo de rosas sentados en una misma cama. Detuvieronsu conversació al instante.

Basemat inhaló aire y siguió, la mirada de Mariam-Yandit II era tan pesada sobre ella que su valor de entregarle la bandeja se deshizo. Hacía algunos momentos estaba llorando, pero ahora parecía estar de muy mal humor de repente.

Dejó la bandeja a un lado, en una de las mesas y continuó hasta su cama. Debía retomar valor para poder hablar con la hija de su heroína. La sábana estaba apartada hasta el final y envuelta en jirones. Salió tan deprisa de la habitación para conversar con Mariam-Yandit II que no se había percatado de ese descuido.

Tiró de las sábanas hasta formar una tienda que rápido se disipó sobre la extensión del colchón blanco.

Si hubiera estado en el Convento de las Cuatro Santas le habrían sancionado con un día entero de ayuno solo de agua, cuatro horas de recitación de los Sacramentos de rodillas y a vestir la prenda y el gorro de la vergüenza hasta el día siguiente.

¿Cómo la estarán pasando mis hermanas allá? Meditó Neferu mientras golpeaba la almohada hasta hacerla ver rellena. Neferu no escuchaba nada más que el ruido de la televisión en el noticiero de la tarde. Nada de aquellos tres. Sé valiente Basemat, vamos, tú puedes, se decía.

La joven novicia caminó hasta la mesa en donde dejó la bandeja, sin levantar la cabeza. Sintió que caminaba esquivando minas hasta llegar. Revisó con la mirada lo que había en la bandeja encontrando que el jugo de cajeta estaba en mala posición. Había ocurrido cuando le quitó a la enfermera la bandeja para llevarla ella.

¡Ay, mi señora Mariam! ¿por qué me pidió hacer esto? Lamentó Neferu al ver el rostro de la joven Tai-Seiti. Caleb se había vuelto a ver la televisión, mientras el otro joven se levantó de la cama y se irguió como los otros dos Tai-Seiti fuera de la puerta.

—Mariam, ¿aquí está la comida?—la joven Tai-Seiti arqueó una ceja. La sonrisa tope de Neferu desapareció.

—Si lo traes debe serlo, ¿no?—Dijo con tono seco. ¿Por qué le hice una pregunta? Caleb rió de pronto haciendo sobresaltar a Basemat. El juego en la bandeja se cayó de lado.

Neferu miró en dirección a Caleb, estaba viendo concentrado la televisión. La joven novicia apretó los labios y Alí se agachó hasta el suelo y tomó el jugo entre sus manos, al ver que ella lo intentaba.

—¿Es el almuerzo de la señorita Mariam-Yandit?— preguntó el joven y colocó el juego en la bandeja.

—Si...

—Ya no lo quiero—intervino Mariam de inmediato y se arropó con sus sábanas hasta el cuello. En la televisión un hombre se cayó al intentar patinar en una pista con una mujer lo que provocó otra carcajada en Caleb quien estremecía la cama—. No tengo hambre.

Alí miró de reojo a Neferu para luego bajar la mirada al suelo y volver a su posición erguida. Basemat suspiró, tenía que dialogar de una vez por todas con ella.

—Cuídame esto, por favor—Alí tomó la bandeja con ambas manos.

—¿Por qué le haces caso? ni es que fueras su sirviente—dijo Mariam. Alí no replicó y la joven Tai-Seiti chasqueó la lengua molesta.

Neferu rodeó la cama y le quitó el control a Caleb de su mano para después apagar la televisión.

—¿Pero qué haces?—El rostro del Beta-Israel estaba confuso.

—¿Por qué apagaste la tele? ¿Ya te crees dueña del lugar porque mi madre te reclutó?—Caleb puso cara de perro y miró de reojo a Alí quien negó con la cabeza.

Neferu se paró frente a la cama de Mariam-Yandit II quien se había quitado las sábanas de sobre sí.

—Me gustaría hablar a solas con Mariam-Yandit, si no es mucha molestia, joven Caleb y Alí.

—No tienen por qué irse, yo no tengo nada que hablar contigo—respondió Mariam. Ambos jóvenes se miraron y comenzaron a salir de la habitación—. Pero, ¿qué hacen?

—Lo siento, prima, pero es un tema de chicas—respondió Caleb antes de cerrar la puerta.

—Traidores—susurró. Mariam-Yandit exhaló como un toro y se cruzó de brazos.

Por fin estaban solas y no había interrupciones de ningún tipo como para que Neferu estuviera nerviosa, aunque fuera buen motivo el cómo Mariam la miraba.

Era evidente para la joven novicia que no le caía muy bien a la prometida del rey Marwan, pero no dejaría que malos entendidos destruyeran la oportunidad que la profetisa Mariam le había entregado como misión. Neferu dejó el control en la cama.

—Mariam, tenemos que hablar sobre la profecía.

La joven Tai-Seiti hizo una pedorreta con los labios.

—¿Y qué importa lo que yo tenga qué decir sobre eso?—respondió con cara de asco. Una risa burlona apareció en su rostro—Se supone es labora para una profetisa como tú ¿o es que no puedes?

—No es esa profecía de la que te hablo. Sino de la que te profetizaron hace tres años—Mariam puso los ojos como plato y la molestia dibujada en su rostro pasó a ser consternación.

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La reina Neftis vió cómo poco a poco entraban los Ulemas, vestidos con sus turbantes grandes, sus sudarios verdes y el Corán en mano. Se sentaron justo en el lado derecho de la mesa. Entraron luego el clérigo, tío de Neferu Basemat y el maestro de la lanza de pesca Aker-Genesaret.

Todos miraban con ojos curiosos la habitación blanca en la que estaba y bajaban la velocidad al entrar y mientras se sentaban. Ahinoam saludó con una mano al clérigo tío de Neferu quien le devolvió el saludo con una señal de la cruz.

Elizabeth Reth-Kiriath, Ayen Atong y Nyadä Nhial estaban sentadas todas en el lado izquierdo de la mesa, mientras Neftis desde el fondo veía a cada uno. Cuando todos estaban sentados, la reina se aclaró la garganta.




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