Rey de las dos tierras: Arco del Califa poseído

Profecía: Segunda parte

—Esa maldición lo poseyó en el hospital, tomó control del cuerpo de Marwan, mató a una enfermera y dejó en cama por un día y medio a Mariam-Yandit II. Desde entonces ha estado en cama sin poder levantarse y aunque Mariam, Ahinoam, Elizabeth, Ayen, Nyadä e incluso con la ayuda de Neferu Basemat Taahor, logramos extirpar aquella maldición.

Ahinoam sacó debajo de la mesa una manta envuelta que desenrolló mostrando una flecha cuya forma no era del todo física, sino que parecía un humo negro que se desprendía, pero no del todo hasta desvenecerse los hilillos en el ambiente.

El rostro del clérigo se mostró preocupado, los dos ulemas se apartaron de la mesa al verlo y sus ojos se pusieron como platos. Solo el anciano maestro de la lanza de pesca permaneció en su asiento, aunque sus párpados viejos se abrieron más para ver la flecha.

—Esta es la maldición que estaba enterrada dentro del joven rey, maestros—respondió Ahinoam volviendo a guardarla entre la manta y poniéndola debajo de la mesa.

—Fue muy complicado sacarlo de su cuerpo, pero creemos que no mató a mi hijo porque no estaba dirigida hacia él, sino que la recibió por accidente—la reina Neftis se cayó al suelo al sentir que sus costillas se le retrajeron al tener una sensación de asco que devolvió la comida.

La aguantó en su boca y volvió a tragarla. Las mujeres se levantaron de inmediato, al igual que el clérigo al ver su reacción, pero fueron detenidas por la mano de Neftis.

—No se preocupen, por favor, continuemos. Pero antes me gustaría escuchar sus dudas—su voz ahora sonaba débil, como un suspiro.

—Disculpe usted, reina Neftis, pero si ocurrió una posesión, eso hace que el Califato de Marwan sea inválido—dijo uno de los ulemas, mientras el otro asentía—. Según la ley Coránica, una posesión hace a el joven Marwan incapaz de realizar plenamente sus funciones espirituales como líder de los creyentes en lugar de Mahoma, la paz sea con él, que por sí usted ha estado retrasando.

Neftis se rió de pronto llamando la atenciónde todos en la habitación. Respondieron justamente como ella esperaba. Los demás en la se miraban unos a otros.

—Si me permite intervenir, mi reina Neftis, no creo que sea inválido su Califato, ya que el rey ha sido librado de la amenaza—intervino Elizabeth mirando con desdén a los ulemas quienes negaban con las cabezas.

—Aunque sea librado, nada nos asegura que él no vaya a volver a ser poseído o que sus facultades espirituales no se hayan visto trastocadas. La ley es ley, señorita Elizabeth.

—No necesita aclarar algo básico de entender, ulema Uthman, ya sabemos sobre esa ley porque desde que nació el Califato la ha estado mencionando—por las miradas que se dedicaban, era probable que el conflicto escalara.

—Y no me arrepiento de haberlo hecho, aunque también debí hacerlo con la Shahada si se hacen llamar profetisas.

—¡Momento!—intervino Neftis golpeando la mesa. Todos hicieron silencio y, por varios segundos, la sala permaneció así. Neftis acarició el tabique de su nariz. Le hubiera encantado que permaneciera así por más tiempo, pero tenía que continuar—Maestro Uthman, el Califato de Marwan sigue y seguirá en pie, mientras el joven rey pueda cumplir con sus funciones espirituales. Justo después que se despierte yo se los entregaré para que lo supervisen y comprueben de primera mano que está perfecto. ¿Está claro?

Los ulemas se miraron.

—Nos compen, reina Neftis, pero la decisión queda en nues...

—Eso no es posible—interrumpió la reina de forma tajante—. La decisión de abolir el Califato está en manos del tribunal supremo de la ley Coránica—Uthman y su compañero fruncieron el ceño—. No puedo violar la ley por su interpretación, necesitamos que el tribunal en conjunto se encargue de esa decisión. Su evaluación será testimonio, pero no concluyente para tomar esa decisión.

Uthman y su compañero se cruzaron de brazos en sus asientos. Una sonrisa cómplice apareció en el rostro de Elizabeth Reth-Kiriath y la cual Neftis correspondió.

—¿Alguien más quisiera decirle algo?—Neftis miró a él anciano maestro de la lanza de pesca y al clérigo quien alzó la mano. Surostro seguía extrañado desde que había mencionado la intervención de Neferu Basemat.

—¿Cómo exactamente mi sobrina, digo Neferu, intervino en la situación?

La reina señaló con la mano a Nyadä Nhial quien se levantó apartando mucho la silla para atrás y, con su sonrisa regordeta característica, habló.

—Debido a lo ocurrido en el hospital, la joven Neferu colaboró con el diagnóstico de Marwan acertando al decir que algo estaba causando su debilidad y no era médico. Usando sus poderes demostró poder tener contacto con la maldición e incluso, el día en que yo y mis compañeras fuimos a solucionar el problema del rey, ella fue crucial al poder extirpar la maldición, aunque terminó completamente incendiada. El patriarcado tiene un gran talento en su familia—las manos del clérigo comenzaron a temblar y sus párpados se abrieron tanto que parecían linternas.

Nhial miró el gesto con una ceja levantada y volvió a sentarse.

—¡¿Pero cómo pudieron ser tan irresponsables de permitir que mi sobrina interviniera?!—gritó el clérigo arrugando su nariz. Sus puños sujetando su vara pastoral temblaban.

—¡Cyril! ¡Estás frente a la reina, muestra respeto!—intervino Ahinoam haciendo más rasposo su tono que de costumbre. El clérigo dejó de temblar y después de suspirar, volvió a estar tranquilo.

—Lo siento, su majestad, por alterarme de esa manera—dijo mientras hacía una reverencia.

—No te preocupes, entiendo muy bien tu preocupación. Pero la joven Neferu está bien, no tuvo daños más allá de una quemadura en sus manos, pero era de primer grado—al pronunciar esas palabras el rostro de Cyril se arrugó, pero luego se deformó en una sonrisa fingida.

—Por eso no permitimos que Neferu use su don, porque no puede soportarlo y es peligroso que algo así suceda.




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