Marwan puso los ojos como linternas al escuchar lo que le había dicho Yousef. ¿Cómo que un ejército de lagartos e hipopótamos habían destruido y quemado una ciudad protegida por gatos y roedores?
Sin duda alguna era una locura lo que estaba escuchando, pero el rostro demacrado y perturbado del hombre-ave no daba lugar a que fuera una broma.
Marwan cerró la boca y tragó saliva.
El joven rey se volvió en dirección a Maymun quien mostró una sonrisa. Sus miradas se encontraron y su sonrisa se hizo aún más grande deformando el gesto de sus ojos maquillados como los jeroglíficos.
El corazón de Marwan comenzó a latir con fuerza y un peso extraño llenó su estómago. ¿Por qué lo miraba de esa forma? Un escalofrío repentino, como si las patas de las hormigas le tocaran, le recorrió la hendidura de su espalda.
—¡Rey, rey! ¡¿Qué vamos a hacer?!—gritó Yousef trayendo a Marwan de nuevo en sí. Movía sus alas con desesperación—¿Ellos pueden venir?
Marwan meditó mientras miraba la hilera de luz debajo de la arena negra que terminaba en el horizonte justo en medio del mar amarillo y el bosque espeso.
¿Qué debía hacer en un momento como ese? Yousef había ido siguiendo el camino de la luz desde el aire y por eso dio con la ciudad amurallada de fantasía…
—¡Ah!—reaccionó haciendo que Yousef se sobresaltara y diera un brinco hacia atrás con sus patitas delgadas como ramitas—Tenemos que tomar el camino del bosque. Yousef, necesitaré que sigas volando y desde arriba nos avises si ves que nos han seguido. Si en tal caso te siguen, desvía hacia otra dirección y te refugias luego entre los árboles hasta llegar a nosotros.
El rostro asustado del hombre-ave se relajó, aunque su cara no dejó de parecer como que se caía.
—Mi rey, yo había estado en ese bosque y es absolutamente oscuro dentro. Si hago lo que me dice, me perderé y me veré forzado a volar de nuevo—respondió haciendo gestos con sus alas.
Marwan se mordió el labio inferior. Era cierto, Maymun le había dicho antes que la única luz que existía era la del camino a la ciudad, pero si la había destruido el ejército, ya no quedaba a dónde ir. El joven rey comenzó a caminar de un lado a otro mientras su mano pasaba de la boca a la cabeza y viceversa.
—¿Es grande el ejército? ¿Cómo de cuántos soldados o.. animales? ¿Tienen carros de guerra? ¿Transporte?—preguntó sin dejar de caminar.
—Son miles, mi rey y tienen grandes construcciones con las que lanzan piedras en llamas, como la que usaron para destruir la ciudad y sus muros—Yousef enterró su pata en el suelo al mencionar esas últimas palabras—. Pero no tienen carros ni transporte aparte de esa máquina, mi rey.
¡Bingo! Pensó Marwan y volvió a mirar la hilera de luz.
—Iremos por el camino de luz, Maymun y Yousef, para que una vez que estemos cerca de ellos, entraremos en el bosque y usaremos la luz de guía al no apartarnos tan al interior—el rostro de Maymun ahora no tenía ninguna emoción nueva, había desaparecido aquella sonrisa extraña en él—. Si la única fuente de luz es esta, ellos la seguirán al igual que nosotros, por lo que adentrarnos al bosque sin más desde aquí es un error. Yousef, tú nos dirás cuando estén cerca.
Yousef asintió y Maymun hizo una reverencia antes de moverse en dirección al hilillo de luz. El hombre-ave se elevó aleteando hasta irse bastante lejos en el cielo y solo dieron unos pocos pasos Marwan y el Jinn hasta que regresó volando. ¿Están tan cerca?, se preguntó el joven rey.
—¡Mi rey!— dijo mientras seguía al vuelo. Marwan hizo una seña con su palma y Yousef atendió bajando más. El hombre-ave se acercó a ellos aún volando. El viento de sus aleteos golpeaba el rostro del joven rey removiendo su cabello.
—¿Dejaron la catapulta?—Yousef asintió con los párpados muy abiertos. Marwan se mordió el dedo pulgar—Como imaginé, vienen a toda velocidad y lo más probable es que si no nos ven en este lugar, nos veremos forzados a adentrarnos en el bosque.
Sin una luz en la playa aparte de ese camino, en las dos opciones estaremos vendidos, concluyó. Marwan miró su mano derecha y un círculo azul parpadeó y desapareció al instante.
「Energía insuficiente para poder ver su estado. Manténgase en reposo mientras recupera energías」
El puño de Marwan se cerró mientras gruñía. ¡No tengo tiempo para reposar! Marwan volvió a ver a Maymun quien otra vez tenía la sonrisa extraña en su rostro. Yousef siguió su mirada y su cara estirada se retrajo al verlo. Marwan caminó en dirección al Jinn.
—Permíteme usar la energía, Maymun, es una orden—Maymun negó con la cabeza. Un calor repentino se esparció dentro de Marwan y arremetió contra él tomándolo de la tela de su traje. El Jinn era mucho más alto que el rey—¡No tengo tiempo para misterios ni para preguntas existenciales, solo dame lo que me pertenece!
Yousef puso una cara alegre al ver la reacción del rey y dio unos pasos adelante, pero siempre detrás de Marwan. A pesar de la presión, Maymun no se inmutaba, en sus ojos no había odio, enojo, miedo, solo el mismo vacío que tenía desde que tomó esa apariencia.
—¡Habla!—gritó Marwan al ver el horizonte en el que terminaba el hilillo de luz, pronto estarían justo frente a ellos.
—Marwan, ya te dije que has agotado tu energía y mi sistema también lo hizo. ¿Todavía no te has dado cuenta?—respondió con los ojos fijos y sin temblar o detenerse en ninguna palabra.
¡Al menos ha acatodo bien mi orden para tutear, estúpido espectro! Pensó irónico. No tenía sentido enojarse con él si iba a estar así sin mostrar ninguna emoción. Si fuera como antes, un espectro de fuego sin humo, le habría servido en la oscuridad…
Marwan soltó la tela de Maymun y se volvió en dirección a Yousef.
—Vuela sobre el bosque y mantente siempre en la copa de los árboles, no uses a las palmeras con ojos—el hombre-ave asintió y se elevó en vuelo.
—¿Qué hará usted, mi rey?
—Yo y Maymun nos adentraremos en el bosque y con la luz de un fuego te indicaremos el camino—Yousef puso un rostro extrañado, pero Marwan le hizo un gesto con la mano al que atendió el hombre-ave.