Rey de las dos tierras: Arco del Califa poseído

Epílogo

Marwan miró a la derecha y a la izquierda al sentir una vibración repentina en el suelo. La oscuridad llenaba los alrededores del bosque de árboles y palmeras con ojos. Lo único que les indicaba algo del lugar era la luz que irradiaba Maymun de su cuerpo y se reducía a su alrededor.

Después de todo era un Jinn hecho de fuego sin humo, no una linterna andante, recordó Marwan mirando como la cabeza calva hasta la ropa de tela blanca que tenía brillaban. Si tuviera mi poder yo haría de la luz. Los puños del joven rey se cerraron con fuerza.

La luz era cálida, como un pequeño fuego andante, pero no iluminaba con la misma intensidad que la luz de las cadenas debajo de la arena. Parecía como si la penumbra devorara la luz haciendo del bosque un muro de oscuridad y árboles.

Pasaron junto a una palmera cuyo párpado de madera blanca se retrajo sobre la esclera del ojo gigante y su pupila central se achicó. Era roja oscura con un círculo negro en medio que parecía un poso.

Un aleteo fue golpeando hasta detenerse y le siguió el sonido de una rama al ser doblada. Varias hojas cayeron al movimiento. Maymun se detuvo sin siquiera observar a Yousef bajando a un lado en la arena negra junto a un árbol y una palmera con ojo cerrado.

—¡Mi rey!—dijo alarmado, pero Marwan intervino haciendo con su mano un gesto de silencio. Yousef cerró la boca al instante.

—No olvides susurrar, Yousef.

El hombre-ave asintió.

—Los árboles a la izquierda tienen a varios lagartos e hipopótamos viniendo hacia nosotros—su voz era más temblorosa que sigilosa, pero su tono era más bajo que antes, por lo que Marwan se conformó— y adelante un ruido fuerte de algo se aproxima, mi rey.

Marwan meditó un instante sintiendo que el suelo se estremecía con una violencia que incrementará con cada segundo, incluso su cuerpo había comenzado a temblar. Si no era una horda, tendría que ser el peso de los hipopótamos, pero a la izquierda no venía ninguna vibración y ahí es donde habían entrado.

—¿Pudiste ver quienes son los que vienen delante?—Yousef asintió con desesperación.

—Son los Zoogs—intervino Maymun llamando la atención de ambos. Marwan miró a Yousef quien hizo un intento de encogerse de hombros. La vibración era como un terremoto a sus pies.

El joven rey le hizo una seña con la cabeza al hombre-ave.

—Son los roedores que escaparon de la ciudad al bosque, mi rey.

Marwan tomó del hombro a Maymun, quemándose la mano al tacto, por lo que su siguiente agarre fue en la tela que caía de su cuerpo la cual era más tibia.

Lo acercó a uno de los árboles cuya copa fue iluminada por su brillo. En ella notó que había muchas ramas, algunas delgadas y otras más gruesas en lo que antes era una oscuridad que parecía unirse con el cielo. Pero ninguna estaba cerca del suelo.

Con su mano tocó el tronco, rozó su superficie con relieves y líneas. La madera era firme, pero no había nada que le permitiera aferrarse a ella. Marwan golpeó el árbol esperando un sonido hueco, pero debido al ruido del temblor no pudo escuchar. Marwan se volvió a Maymun.

—¡Quiero que agarres el tronco del árbol con todas tus fuerzas y no lo sueltes!, ¡¿entendido?!—Marwan alzó la voz.

Maymun agarró con ambas manos el árbol, Yousef miraba con preocupación y ojos llorosos, la oscuridad para después mirar a Marwan y así todo el tiempo.

La madera del árbol fue cediendo al calor formándose la huella de las manos del Jinn. ¡Como lo supuse! ¡Soy un genio! Se halagó el joven rey.

—Mi rey...—dijo el hombre-ave con voz temblorosa.

—Vete volando, Yousef. Maymun y yo subiremos al árbol—el hombre-ave asintió y se elevó hasta el cielo y terminar en un rama de las delgadas—. Quiero que hagas huecos con tus manos y pies para que yo suba por los que tu dejes abajo.

El Jinn asintió y con tal ligereza, como si introdujeron su mano en el agua, penetró el tronco del árbol y subió con sus cuatro extremidades creando los primeros cuatro agujeros.

La oscuridad comenzó a llenar el suelo tragándose la vegetación en la arena negra que se veía. Una silueta negra pasó muy rápido a la cual le siguieron otras. Marwan se sobresaltó pagando su espalda al árbol. Era como del tamaño cercano o mayor a un gato, no estaba seguro el joven rey por la velocidad, pero algo sí estaba claro. Era una horda de esos seres que estaría dispuesta a arremeter contra cualquier cosa en su camino.

Una silueta negra pasó y luego regresó volviendo sobre sus pasos hacia atrás. Un ser peludo y con forma ovalada, de patas rosadas se acercó. Marwan se aferró más al tronco, su corazón comenzó a acelerarse.

Los ojos del Zoog eran verdes y tenía un brillo como gemas. Su hocico alargado estaba cubierto por unos tentáculos que se sacudieron y retiraron de su hocico mostrando sus dientes, filosos como navajas.

Un sonido como un chillido de ratas o semejante a un zumbido surgió de pronto hasta que se detuvo mezclado con el ruido de la horda. El Zoog comenzó a mover sus orejas largas y rosadas, hasta que las bajó del todo y se fue.

—Marwan, ¿no subirás?—dijo Maymun quien estaba en la copa del árbol, cercano a Yousef quien se había cambiado a una rama más gruesa.

Hay más de ellos, recordó Marwan al ver la oscuridad que gobernaba debajo del árbol. Tomando los agujeros que había hecho Maymun, Marwan se elevó poco a poco. Mientras más cerca estaba del Jinn más calientes eran al tocarlos, por lo que se detuvo a medio camino.

El ruido de la horda continuó ahora más fuerte haciendo que el árbol se estremeciera. Marwan intentó sujetarse, pero su mano izquierda cedió al resbalar su agarre. Lo mismo cedió con un pie. ¡Eso estuvo cerca! pensó el joven rey.

—¿Está bien, rey?—preguntó Yousef.

—Si, logré sujetarme—Marwan miró abajo e incluso a pesar de la oscuridad, pudo notar que la altura era de una muerte segura—. No te preocupes, era solo porque tenía las manos sudadas—Yousef suspiró.




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