Capitulo 6
El sol de la mañana se filtraba por mi ventana como un manto de oro líquido, pintando motas de polvo que bailaban en el aire.
Me desperté con una sonrisa que no pedía permiso; a pesar del ardor que aún sentía en la mejilla por el golpe de mi padre, mi alma se sentía extrañamente ligera.
No importaba si me equivocaba con Cael. Lo que sentía cuando estaba cerca de él —ese incendio en el pecho y el cortocircuito en mi cerebro— era algo que no cambiaría por toda la seguridad del mundo.
Mi padre odiaba a los forasteros porque el gran amor de mi madre fue uno de ellos; un hombre de ciudad que le prometió estrellas y le dejó solo cicatrices, marchándose cuando ella más lo necesitaba para volver con otra mujer.
Mi madre era un alma de cristal: hermosa, amable y soñadora. Dicen que soy su viva imagen. Tomé mi diario y, bajo la luz amarillenta, anoté:
"La vida es un salto al vacío. Hay que aprender a vivirla sin el paracaídas del miedo. Es mejor darlo todo y quedarse vacía, que morir llena de 'hubieras' por no haber amado lo suficiente."
—¡Guao, guao!
Snuppy interrumpió mis pensamientos, moviendo la cola con una alegría contagiosa mientras miraba hacia el horizonte neblinoso.
—Es un día estupendo para ser feliz, ¿no crees, pequeño traidor?
De pronto, mi teléfono soltó un pitido. Pensé que sería mi tía Kenia desde Chicago, la única que se acordaba de que existía fuera de Río Fértil. Pero al ver la pantalla, mis pulmones se olvidaron de cómo procesar el aire.
Me fui a mi mesita de noche nuevamente y tome el teléfono. Se trataba de un número desconocido, al ver la foto que tenía de perfil no me lo podía creer.
[Número desconocido. La foto de perfil: un telescopio apuntando al infinito.]
Cael: Escarabajo... 🪲
—¡Cael!
Exclamé en un susurro que terminó en un grito ahogado. Mi corazón empezó a latir como un relámpago atrapado en una caja de cartón.
Cael: No sé si me han pasado bien tu número. Si eres tú, contéstame con algo que me haga creer que realmente eres tú.
—¡AHHHHH!
Grité, lanzándome de espaldas a la alfombra como si me hubiera dado un síncope de amor.
Snuppy se asustó tanto que se puso en dos patas sobre mi pecho, lamiéndome la cara con desesperación.
—¡Guao! ¡Guao!
—¡No estoy muerta, Snuppy! ¡Estoy enamorada, que es casi lo mismo!
Me reí nerviosamente, acariciando sus orejas mientras el perro maullaba confundido
—Es un dolor en el corazón, pero de los que se sienten bien.
Otro mensaje. El "visto" era mi sentencia de muerte.
Cael: No me dejes en visto, por favor.
Con los dedos sudorosos y el pulso a mil, escribí una sola palabra:
Lía: Telescopio.
Al instante recibí su respuesta
—🪲 :)
Rode los ojos mientras lance una risita nerviosa.
—Lamento lo que pasó anoche.
—No te preocupes, no le puse mente. Él piensa que soy menor de edad aún.
—Te extraño, ¿podemos vernos hoy?.
Mi corazón salto más por la emoción... Mientras veía el "extraño" en la pantalla
—O estarás ocupada ya que es Navidad?
—No. Mi padre como verás no celebra nada de estás cosas...
—Puedo saber el motivo?
Suspiré al recordar que mi madre había muerto en diciembre.
—Por la muerte de mi madre... No le gusta el mes, es todo.
—Lo siento, no debí preguntar.
—Estoy bien...
Me quedé esperando si me mandaría más mensajes... Al segundo recibí otro.
—Quisiera ir a la cascada, te veo haya en 30 minutos escarabajo 🪲 no me falles.
Deje el teléfono en la mesita y me tape la cara...
Al momento recibí otra notificación.
—Te tengo una sorpresa );
Corrí al clóset. Necesitaba algo que gritara "no me importa que mi papá me haya pegado, sigo siendo divina".
Me puse un vestido fresco, ignorando los reclamos de Snuppy, quien quería ir conmigo.
—Hoy no, cariño. Hoy necesito que el Telescopio solo enfoque a una estrella.
Al bajar, me encontré con la figura severa de mi padre en la sala. El ambiente se tensó de inmediato.
—¿Ahora me vas a interrogar o me vas a poner cadenas?
Solté, bajando los últimos peldaños.
Él suspiró, pareciendo mucho más viejo de lo que era.
—Él es diez años mayor que tú, Lía. ¿De verdad no te importa?
—La edad es solo un número cuando las almas se reconocen, papá. Y tú lo sabes.
Para mi sorpresa, no gritó.
—Bien. Haz lo que quieras. Solo te esperaba para decirte que me voy del pueblo por cinco días. Un amigo en Punta Arenas necesita que le arregle el auto.
Seguí a mi padre. Me detuve en el umbral de la cocina. A pesar de todo, el instinto de hija fue más fuerte. Lo vi sirviéndose café y mi corazón se ablandó. La última vez que viajo, no llevo sus pastillas, y eso me preocupaba.
—Por favor... lleva tus pastillas. No quiero otra vez el susto como la última vez.
Él asintió con un seco "sí", y salí de la casa sintiendo que, por fin, el camino estaba libre.
.
.
.
Caminaba por el parque, imaginando la sorpresa de Cael, cuando el aire se volvió pesado. Antes de darme cuenta, unas manos se enterraron en mi cabello y me jalaron hacia atrás con una fuerza bruta.
—¡Ahh!
Grité, girándome como pude.
Ahí estaban ellas: Sheyla y Sheina, las gemelas del mal, vestidas como si fueran a un funeral que acababa de empezar. Sheyla me tenía del cabello y Sheina me apretaba el brazo con sus uñas pintadas de rojo chillón.
—¡Y todavía lo preguntas, roba hombres!
Chilló Sheina
—¡Eres una doble cara! ¡Igual que tu madre, Lía!
Remató Sheyla con veneno.
Mencionar a mi madre fue el interruptor que encendió mi furia. Una cosa era aguantar sus chismes, y otra muy distinta era que ensuciaran la memoria de la mujer que me dio la vida.
Empujé a Sheina con todas mis fuerzas, haciéndola caer de espaldas sobre el pasto húmedo. Luego, tomé las manos de Sheyla que aún se aferraban a mi pelo, las aparté con un movimiento seco y le solté una cachetada que resonó en toda la plaza, silenciando hasta a los pájaros.
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Editado: 02.01.2026