Ritual

Capítulo 1.

Mi departamento estaba compuesto por dos habitaciones. La sala, dónde había dispuesto unas sillas y una mesa con revistas que hacía las veces de sala de espera, y mi cuarto. Había conseguido un sillón cama que retraía durante el día y tenía un escritorio con una lámpara y muchos papeles desordenados en un rincón, para que siempre pareciera que tenía mucho trabajo. Usualmente visitaba a mis clientes en sus domicilios o lugares acordados, pero había casos que preferían venir a mi despacho.

Mi rutina era simple; me levantaba, me hacía un café e iba a abrir la puerta vidriada con la leyenda “Detective Privado” del frente. Mientras estaba en casa dejaba la puerta principal abierta para que los clientes entraran a esperar. Entre la sala y mi cuarto había instalado un timbre con una placa que decía “Toque y espere ser atendido”. Lo cierto es que nunca tuve más de dos clientes en simultáneo, por lo que la sala de espera solo tenía por finalidad hacerlos aguardar mientras salía del baño o estaba terminando de almorzar.

Giré la llave, abrí la puerta y mientras volvía hacia la comodidad de mi hogar escuché unos pasos tras de mí.

-Qué suerte que lo encuentro señor Guzmán –dijo una mujer parada bajo el marco de entrada, notablemente angustiada.

-Por favor pase a mi oficina –dije con una falsa sonrisa mientras la inspeccionaba.

Era una mujer madura, prolija pero no muy elegante. Tenía los ojos hinchados, como si hubiera estado llorando.

Abrí la puerta del cuarto y le permití el paso haciéndome a un lado.

-Tome asiento. ¿Gusta algo de beber? ¿Café? ¿Té?

-No, no. Gracias. –respondió y se apuró a sentarse en la silla frente a mi escritorio. Indudablemente quería sacarse el tema de encima cuanto antes.

-¿Cómo puedo ayudarla? –dije mientras me acomodaba en mi lugar.

-Necesito que encuentre a mi hija –se apuró a responder mientras sacaba una fotografía de su cartera.

El parecido con la muchacha era evidente. Sin duda eran familiares. Se trataba de una joven blonda, de ojos claros. El retrato había sido hecho con una película en blanco y negro, por una cámara barata o antigua.

-¿Cuándo fue la última vez que la vio?

Usualmente no aceptaba casos regulares sin relación con la magia. Para eso estaban los detectives privados, y estaba lleno de ellos, pero las cosas estaban difíciles y no me venía nada mal un trabajo, fuera de lo que fuera.

-Hace una semana. Hacía tiempo había empezado a trabajar conmigo. Me encargo de la limpieza de casas de familia y le pregunté a mi jefe si podía enseñarle el oficio. Al principio estuvo de acuerdo, pero con el tiempo se mostraba demasiado interesado en Antonia. No me gustó nada y le prohibí seguir viniendo.

-¿Su jefe es un hombre casado? ¿Cree que su hija pudo generar cierta discordia en su matrimonio?

-¿A qué se refiere? –preguntó indignada por demás- ¡Mi hija es una jovencita decente!

-No quise decir que ella tuviera la culpa. Si el señor estaba interesado por motivos nefastos en la bella Antonia, podría haber generado un resquemor entre la pareja.

-Eso yo no lo sé. Le puedo asegurar que de ser así, mi muchacha no tuvo nada que ver. Ese hombre es capaz de todo.

-¿Entiende que si sigo adelante con la investigación es posible que tenga que interrogarlos?

-Lo supuse –respondió preocupada- Pero si la vida de Antonia está en riesgo no me preocupa perder mi trabajo.

-Procuraré mantener la discreción lo más posible. Dígame, ¿Cómo se llama su patrón?

-Grigori Filippovič. Es un brujo ruso. –acotó asustada.




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