Rivalidad de amor

Entre la lluvia y el peligro

No dudé ni un segundo: me fui con él. Preparamos todo lo que pudimos en muy poco tiempo: hicimos una copia falsa del proyecto con datos que no servían, y mientras Mateo se reunía con los secuestradores en el almacén abandonado del puerto, yo llamé a un amigo de confianza que trabajaba en seguridad privada para que nos ayudara sin levantar alertas públicas. Pero las cosas salieron mal antes de empezar: los hombres que lo amenazaban se dieron cuenta del engaño al revisar los planos, y nos rodearon en medio de la nave, sin ninguna salida.
Allí, bajo la lluvia que entraba por los agujeros del techo, Mateo se puso delante de mí para protegerme de los golpes, como si su cuerpo fuera el único muro entremigo y el peligro.
—Si quieren algo, vengan a mí —les gritó con voz ronca—. Ella no tiene nada que ver con esto, no le hagan daño.
—¿Ah sí? —dijo el jefe del grupo, un hombre alto con cicatrices en la cara—. Pues ella es la pieza que nos faltaba para cerrar el trato. No te imaginabas que la trajeras tú mismo, ¿verdad?
En ese momento entendí que yo no era un error en sus planes: yo era el objetivo desde el principio, y mi llegada a la empresa no había sido casualidad. Mientras intentábamos retroceder hacia la puerta trasera, uno de los hombres golpeó a Mateo en la cabeza con un objeto pesado, y él cayó al suelo inconsciente. Me arrodillé a su lado llorando, sin saber qué hacer, hasta que escuché las sirenas acercarse. Pero para mi horror, no vinieron hacia nosotros: se alejaron cada vez más, como si alguien hubiera dado una orden falsa para enviarlas al lugar equivocado.




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