Rivalidad de amor: El último secreto

La sombra que no se fue

El sol se elevaba brillante sobre los techos de la ciudad, pero Elena y Mateo no lograban quitarse de encima una sensación fría, como si una sombra invisible caminara siempre a su lado. Habían logrado lo que parecía imposible: habían desenmascarado al socio corrupto don Javier, este se encontraba en prisión esperando juicio, y la hermana menor de Mateo, Sofía, ya estaba sana y salva con ellos, recuperándose del susto en la casa de la abuela de él. Sin embargo, aquel mensaje final que apareció en el teléfono de Elena la noche de la victoria —“Han ganado esta batalla, pero la guerra apenas comienza. Los que murieron no olvidan ni perdonan”— y la figura encapuchada que vieron desaparecer entre los edificios, no dejaban de dar vueltas en sus pensamientos, ni siquiera en los momentos más tranquilos.
Decidieron no detenerse: continuaron trabajando juntos en el proyecto del centro cultural, ahora ya no como rivales obligados a compartir un puesto, sino como socios en todo sentido: en los planos, en las decisiones, en el amor y en la vida. Pero al volver a la oficina de Arquitectura y Diseño Nova, pronto notaron que nada era igual que antes. No se trataba solo de los cambios en las normas de seguridad o las miradas de los empleados que antes ni se fijaban en ellos; había detalles pequeños que no encajaban: archivos completos que habían guardado en su lugar aparecían en carpetas distintas, copias de planos que nadie había solicitado aparecían sobre sus escritorios, y las cámaras de seguridad del pasillo principal mostraban huecos de horas donde no se había registrado nada, como si alguien hubiera borrado las grabaciones a propósito.
Una tarde lluviosa, mientras revisaban los viejos documentos familiares que habían rescatado del despacho de don Javier, Mateo encontró una nota manuscrita escondida entre las hojas de un libro de arquitectura que había pertenecido a su padre. La tinta estaba descolorida, pero se leía con claridad: “La deuda no se paga con cárcel, ni con dinero. Se paga con lo que se amó primero. No busquen lo que no quieren encontrar, porque lo que duerme en el pasado despertará con sed de justicia… o de venganza”. Antes de que pudieran analizar bien las palabras o buscar más pistas, la alarma contra incendios de todo el edificio comenzó a sonar con una fuerza ensordecedora, y al intentar salir al pasillo descubrieron que todas las puertas de emergencia se habían bloqueado automáticamente desde el exterior, dejándolos atrapados en el piso más alto, sin saber si se trataba de un fallo o de una nueva amenaza.




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