Rivalidad de amor: El último secreto

El pasado que no se entierra

Tardaron casi tres horas en ser rescatados: los técnicos de seguridad tuvieron que desmontar los mecanismos de las puertas manualmente, y confirmaron que no había sido ningún error del sistema: alguien había accedido al control central y había programado el bloqueo y la alarma deliberadamente. No faltó ningún objeto, no se rompió nada más… pero la certeza de que no estaban solos, de que alguien vigilaba cada paso que daban, se instaló en sus corazones.
Esa noche, en la tranquilidad de la casa de la abuela, Mateo decidió contarle a Elena todo lo que todavía había ocultado, por miedo a involucrarla más o a revivir dolores que creía superados. Sus padres no solo habían descubierto negocios ilegales de su socio hacía veinte años: habían guardado un secreto mucho más grande: habían protegido a una persona muy cercana a ellos, alguien que en aquel entonces era como un hermano para la familia, y que ahora, años después, parecía dispuesto a borrar cualquier rastro de lo ocurrido para que la verdad nunca saliera a la luz y arruinara su reputación actual.
Por su parte, Elena también empezó a recordar detalles que su mente había bloqueado por el dolor y la confusión de aquel entonces: su padre no había huido abandonándola, como ella había creído durante años; él le había dejado una carta que nunca llegó a sus manos, explicando que tenía que esconderse para protegerla a ella y para reunir las pruebas que limpiarían su nombre y el de los padres de Mateo. Juntos decidieron seguir la única pista que tenían: un viejo refugio de montaña donde sus padres solían reunirse cuando eran jóvenes socios, un lugar que nadie más conocía.
Llegaron al refugio al atardecer, tras un camino difícil entre pinos y niebla. El lugar estaba tal como lo habían descrito sus padres: lleno de polvo, con los muebles cubiertos por sábanas, en silencio absoluto… pero cuando se acercaron a la pared del fondo, una puerta oculta que parecía parte de la madera se abrió sola, como si hubiera estado esperándolos. Al cruzarla, se encontraron con una habitación secreta llena de fotografías antiguas: de ellos dos de niños, de sus padres juntos, de la primera obra que construyeron… y en el centro, un calendario antiguo con una fecha marcada con tinta roja muy gruesa: “El día en que todo se repetirá, tal como empezó”. En ese mismo instante, la puerta secreta se cerró de golpe detrás de ellos, y la habitación quedó sumida en una oscuridad total.




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