Rivalidad de amor: El último secreto

Contra el tiempo

Tenían menos de seis horas antes de que las máquinas llegaran al terreno del centro cultural. Dividieron las tareas rápidamente: el padre de Elena y un abogado de confianza buscarían la prueba que anularía la escritura falsa y demostraría que los sellos eran inventados; mientras tanto, Elena y Mateo tendrían que llegar al lugar antes que los equipos, detener lo que pudieran, y encontrar lo único que podía derrotar a Elías para siempre: los planos originales y firmados del primer proyecto, que sus padres habían escondido en los cimientos del edificio, donde nadie pensaría en buscar.
Llegaron al terreno justo cuando los primeros camiones aparecían al final de la avenida. Tuvieron que hablar con los capataces, explicarles la situación, mostrarles las órdenes judiciales temporales que habían conseguido de urgencia, hasta que lograron que los obreros se detuvieran y los dejaran entrar. Recorrieron cada rincón del edificio en construcción, cada pasillo, cada espacio que ellos mismos habían diseñado con tanto cuidado, hasta que Mateo recordó las palabras que su padre le decía cuando era niño y le mostraba los planos: “Lo más importante nunca se pone en la fachada, donde todos lo ven. Se guarda abajo, sosteniendo todo lo demás, como los cimientos de una casa”.
Bajaron al sótano más profundo, un espacio que todavía estaba sin terminar, con paredes de ladrillo y vigas de acero. Allí, detrás de una pared que no aparecía en ningún plano actual, encontraron una caja de metal pesada, sellada con el sello de la primera sociedad de sus padres. Pero cuando iban a romper el sello para abrirla, escucharon pasos pesados detrás de ellos: Elías había llegado solo, con una llave inglesa en la mano y una expresión de furia contenida en el rostro.




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