Rivalidad Por Ella

Capitulo 3

Alex intentaba concentrarse en los documentos frente a él, pero su atención se desvió cuando, por el rabillo del ojo, vio a Taylor levantarse de su escritorio y caminar hacia la oficina de Carlos.

Su agarre en el bolígrafo se tensó.

Recordó la conversación que había visto entre ellos hace unos minutos. No le había dado importancia en su momento, pero ahora, al verla dirigirse directamente a la oficina de Carlos, sintió una punzada de molestia.

No tenía motivos para sentirse así, ¿verdad? Carlos era su amigo, Taylor solo le estaba ayudando con el trabajo. No era nada.

Aun así, sus ojos la siguieron hasta que desapareció por la puerta.

Chasqueó la lengua, frustrado consigo mismo. No debía distraerse con esas tonterías.

Se forzó a bajar la mirada a sus papeles, pero su mente ya no estaba en ellos.

Mientras tanto, dentro de la oficina de Carlos, Taylor se acomodaba en la silla frente a su escritorio.

—Bueno, ¿por dónde quieres que empecemos? —preguntó ella con una sonrisa.

Carlos, que hasta ahora se había mostrado relajado, sintió cómo su corazón se aceleraba. Era la primera vez que tenía a Taylor en su oficina, solo con él.

Disimuló su nerviosismo y le pasó algunos documentos.

—Por aquí. Gracias por ayudarme, de verdad.

Taylor tomó los papeles y comenzó a leer, mientras Carlos la observaba de reojo, disfrutando cada segundo de su presencia.

Me parece una gran idea. Esto reforzará la química entre ellos y hará que Alex, sin quererlo, se sienta aún más desplazado.

Taylor revisaba los documentos con concentración, pero Carlos no podía evitar mirarla de reojo cada tanto.

—No es tan complicado como pensaba —comentó ella mientras hacía unas anotaciones.

—¿Ves? Te dije que no sería difícil —respondió Carlos con una sonrisa confiada.

Taylor lo miró con una ceja levantada.

—Claro, porque tú ya lo tienes todo claro en tu cabeza. Pero para mí, estos números parecen un idioma antiguo.

Carlos soltó una carcajada.

—Bueno, si te ayuda, puedo explicarlo con dibujos. Tal vez así sea más fácil.

Taylor sonrió y negó con la cabeza.

—No sé si me estás diciendo bruta de manera sutil.

—¡No! —exclamó Carlos con las manos en alto—. ¡Jamás diría algo así! Pero admito que tengo un talento increíble para hacer gráficos feos.

Taylor rió y le dio un pequeño golpe en el brazo.

—Está bien, confiaré en tu arte abstracto.

Mientras la conversación fluía entre risas y comentarios ligeros, Carlos sintió que la tensión en su pecho se desvanecía. Por un momento, olvidó que Alex también estaba en la ecuación.

Sin embargo, en la oficina de al lado, Alex apenas podía concentrarse.

Cada tanto, su mirada se desviaba hacia la puerta de Carlos. A través del cristal esmerilado, podía ver las siluetas de ambos moviéndose. A veces, escuchaba una risa ahogada, lo que solo avivaba su incomodidad.

Respiró hondo y trató de ignorarlo.

Pero cada carcajada de Taylor hacía que su pluma se apretara un poco más en su mano.

Alex tomó un par de documentos de su escritorio y se levantó con la excusa de llevarlos al escritorio de Taylor. Caminó con paso firme, tratando de convencerse de que solo era trabajo, pero cuando llegó y dejó los papeles sobre la mesa, escuchó algo que lo hizo detenerse.

Risas.

Venían del otro lado del pasillo, desde la oficina de Carlos.

No era cualquier risa. Era la de Taylor.

Alex sintió cómo su mandíbula se tensaba. Miró de reojo la puerta entreabierta y vio las sombras moverse. Taylor estaba ahí dentro, riéndose con Carlos, y eso le revolvió el estómago.

En ese momento, Manuel apareció a su lado con un vaso de agua en la mano.

—¿Dónde está Taylor? —preguntó con naturalidad antes de dar un sorbo.

Alex soltó el aire con calma y respondió:

—Al parecer, con Carlos en su oficina.

Manuel dejó escapar una risa divertida.

—Vaya, Carlos pidiendo ayuda con los papeles. No me sorprende, seguro se enredó con algo y Taylor tuvo que ir a rescatarlo.

Alex no sonrió.

No estaba de humor para reírse, no cuando sentía que la mujer que tanto le gustaba podía estar escapándose de sus manos.

Manuel notó su expresión seria y alzó una ceja.

—¿Todo bien, bro?

Alex asintió de inmediato.

—Sí, solo mucho trabajo.

Manuel no insistió, pero se quedó mirándolo unos segundos más antes de beber otro sorbo de agua y alejarse.

Alex respiró hondo y volvió a su oficina sin mirar atrás.

Volviendo Dentro de la oficina, Taylor hojeaba los documentos con atención mientras Carlos revisaba algunos detalles en su computadora. La atmósfera era ligera, tranquila.

—¿Cómo te has sentido en el trabajo últimamente? —preguntó Taylor sin apartar la vista de los papeles.

Carlos sonrió y apoyó los codos sobre el escritorio.

—Bueno, con tanta carga de trabajo, al menos tengo la suerte de que alguien como tú venga a ayudarme.

Taylor soltó una risa suave y negó con la cabeza.

—Sí, claro. Seguro dices lo mismo cuando Alex te ayuda.

—No, con él es diferente… Él no tiene tu encanto —respondió Carlos con un tono juguetón.

Taylor volvió a reír, tomándose su comentario como una broma. Siguió escribiendo algunas notas, mientras Carlos la observaba de reojo, disfrutando de su presencia.

—Y fuera del trabajo, ¿qué haces? —preguntó Taylor, sacándolo de sus pensamientos.

Carlos se recargó en la silla y cruzó los brazos.

—Bueno, ya sabes, entreno boxeo con Alex casi todos los días.

—Cierto, me han contado que ambos son bastante competitivos.

—Solo un poco… —bromeó Carlos—. ¿Alguna vez has intentado entrenar?

Taylor negó con la cabeza.

—No, nunca. Pero siempre me ha parecido interesante.

Carlos sonrió y vio su oportunidad.

—Si quieres, podría enseñarte algunos movimientos. Sería divertido.

Taylor levantó la mirada y lo pensó por un momento.



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En el texto hay: amor, oficina, rivalidad amistad

Editado: 17.12.2025

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