Riverstone

Capitulo 5

Valentina se sentía entre las cuerdas...
Odiaba trabajar con él.
Odiaba que funcionáran tan bien.
En menos de una semana habían avanzado más que cualquier otro equipo. Thiago era inteligente —más de lo que quería admitir— y cuando dejaba de lado su arrogancia, tenía ideas brillantes.
Eso era el problema.
Estaba empezando a gustarle esta versión suya, la del chico inteligente y amable.
Y eso era peligroso, ella no tenía permitido por ningún motivo enamorarse, era la regla número uno que se había impuesto, cero distracciones, nada de distractores.

—Si ajustamos el algoritmo de tutorías según rendimiento y disponibilidad, el impacto social sería medible —dijo él, señalando la pantalla de su portátil.
Valentina asintío.
—Y podríamos presentar estadísticas comparativas entre escuelas privadas y públicas.
Sonrió.
—Ves, Rojas , si le ponemos onda a lo nuestro, somos imparables.
—No exageres.
—No exagero, los resultados hablan por si solos.
Los hombros de ambos se rozaban mientras mirában la pantalla. No sé apartaron.
Error número uno.
La puerta de la sala se abrió sin aviso.
—Thiago, te estaba buscando.
La voz femenina era dulce. Familiar. Demasiado segura.
Valentina se apartó apenas.
Lidia Greitell.
Perfecta. Elegante. Hija de un senador. Cabello oscuro impecable, brilloso, lacio envidiable, postura de reina sin esfuerzo, cuerpo de modelo de Miss universo, ojos verdes que enamoran a cualquiera, de mirada penetrante como si leyeran tu alma en un instante.
Ex novia de Thiago.
O al menos eso decía el rumor.
—Estoy ocupado, Lidia —respondió él sin levantarse—Esto es muy importante
Ella sonrió como si eso fuera irrelevante.
—Solo será un segundo.
Sus ojos bajaron hacia Valentina, su mirar fue chocante.
Evaluándola.
Midiéndola.
—No sabía que ahora trabajabas con… —hizo una pausa mínima— compañeros nuevos.
Compañeros nuevos.
Valentina sintío el golpe disfrazado de cortesía, era una perra con educación.
—Es el proyecto nacional —dijo con calma forzada—. El director nos asignó juntos.
—Qué interesante.
Su mirada volvió a Thiago.
—Tu padre preguntó por ti ayer. No atendiste.
Noto el cambio sutil en su postura.
Tensión.
—No era importante.
Lidia dio un paso más cerca.
Demasiado cerca de él.
—Sabes que para tu familia siempre es importante.
El silencio se volvió incómodo.
Valentina no debía estar escuchando esto.
No era asunto suyo.
No le importaba.
No.
Le.
Importaba.
—Si necesitas espacio, puedo irme —dijo Valentina recogiendo los apuntes.
Thiago reaccionó al instante.
—No. Quédate.
La firmeza en su voz la sorprendió.
Lidia también lo notó.
—No sabía que ahora preferías compañía académica —comentó con una sonrisa ligera.
Thiago se levantó.
Y por primera vez desde que entró, se colocó a su lado.
No frente a ella.
Al lado de Valentina.
El gesto fue sutil.
Pero claro.
—Estoy trabajando, Lidia.
Hubo algo en su tono que marcó límite, marco su postura, cerró la charla.
Ella lo sostuvo con la mirada unos segundos más, luego suspiró.
—Solo quería advertirte que no todos aquí están felices con lo del video.
El estómago de Valentina se tensó.
—¿Qué significa eso? —pregunto Valentina.
Lidia giró hacia ella.
—Significa que cuando la reputación del colegio se mancha… algunos prefieren cortar el problema de raíz.
La implicación quedó flotando.
Becada.
Prescindible.
—Gracias por el aviso —respondío con frialdad.
Ella volvió a mirar a Thiago.
—Nos vemos en la cena del sábado.
No fue pregunta.
Fue recordatorio.
Y se fue.
La puerta se cerró.
El silencio quedó suspendido entre los dos.
Valentina volvió a sentarse.
Demasiado tranquila.
Demasiado rígida.
—No tienes que irte —dijo él en voz baja.
—No me iba por eso.
Mentira.
—Valentina.
—No soy tu problema personal, Bianchi.
El la miró confundido.
—¿Qué?
—Si necesitas resolver asuntos familiares o cenas importantes, hazlo. No voy a competir con tu mundo.
La palabra competir salió más amarga de lo que quería.
Sus ojos se afilaron y esa maldita sonrisa cínica se curvo en sus labios.
—¿Estás celosa?
Valentina solto una risa seca.
—Por favor.
—Lo estás.
Se acercó.
Otra vez.
Siempre acortando distancia.
—No me interesa con quién salgas —dijo sosteniéndole la mirada.
—Nunca dije que salga con ella.
—No tienes que hacerlo. Es evidente que pertenecen al mismo lugar, tienes buen gusto, ella es bonita y tiene mucha clase, hay que admitirlo.
Eso lo hizo tensarse.
—¿Y tú no?
—No.
Silencio.
Su mandíbula se marcó.
—No hables como si ya hubieras decidido que yo no puedo elegir diferente.
Eso la descolocó.
—No es mi asunto a quién eliges.
—Claro que lo es.
El aire cambió.
Su pulso se aceleró.
—No —susurro.
—Sí.
Se acercó hasta quedar frente a ella.
Demasiado cerca.
Su mano apoyada en la mesa a cada lado del cuerpo de Alma.
—Porque cada vez que alguien se acerca a mí —dijo en voz baja— tus ojos cambian.
La respiración se volvió irregular.
—No inventes cosas.
—No invento nada.
Su dedo rozó apenas el mentón de ella, obligándola a sostenerle la mirada.
No debería dejarlo tocarla.
No debería reaccionar.
—Si no te importara —continuó— no estarías tan rígida ahora mismo.
Maldito.
Tenía razón.
Eso era lo que Valentina más odiaba.
—No confundas orgullo con celos.
Sus labios se curvaron apenas.
—Entonces dime que no te molestó.
Abrío la boca.
Nada salió.
Porque sí le había molestado.
Porque verlo con ella había encendido algo oscuro dentro de suyo.
Algo posesivo.
Algo que no tenía derecho a sentir.
Él lo notó.
Claro que lo notó.
Su expresión cambió.
Menos burla.
Más intensidad.
—No voy a la cena —dijo finalmente.
Ella parpadeéo
—No tienes que justificarte.
—No me justifico.
Se inclinó más.
Su voz bajó.
—Te estoy dejando claro que no hay nadie compitiendo contigo.
El mundo se detuvo un segundo.
Competir.
Otra vez esa palabra.
—No estoy compitiendo.
—Entonces deja de mirarme como si fueras a perder algo.
El silencio se volvió pesado.
Cargado.
Su mano subió a su camisa sin que pudiera detenerla.
No lo empujó
Solo lo sujetó.
—No me hagas sentir cosas que no puedo permitirme —susurro.
Su respiración se volvió más profunda.
—No soy tu enemigo, Valentina.
Sus labios quedaron a milímetros.
Otra vez.
Siempre a milímetros.
—Eso aún está por verse —murmuro.
Pero esta vez…
No se apartó.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.