Riverstone

Capitulo 6

No se apartó.
Ese fue su error.
O su decisión.
Todavía no lo sabía.
El aire entre los dos estaba cargado, pesado, como antes de una tormenta. Su mano seguía aferrada a su camisa. Sentía su respiración mezclarse con la suya.
—Suéltame —murmuro.
Pero no lo soltó.
Sus ojos bajaron a sus labios.
—Dime que pare —susurró otra vez.
Siempre le daba la vía de escapé.
Siempre la desafiaba a tomarla.
Su orgullo gritaba que sí.
Su corazón latía demasiado fuerte como para mentir.
—No me mires así —dijo en voz baja.
—¿Así cómo?
—Como si ya hubieras ganado.
Una chispa cruzó su expresión.
—Esto no es una competencia.
—Todo en tu mundo lo es.
Sus manos bajaron lentamente hasta apoyarse en sus caderas.
No fuerte.
No invasivo.
Pero firme.
Un límite cruzado.
—En mi mundo —dijo con voz grave— nadie me importa lo suficiente como para perder el control.
El golpe fue directo.
—¿Y ahora?
Su respuesta no fue inmediata.
Su frente rozó la de ella.
—Ahora no estoy tan seguro.
El silencio se rompió dentro de Valentina.
Fue mínimo.
Un segundo de debilidad.
Pero suficiente.
Fue ella quien acortó la distancia.
No él.
Valentina.
El beso no fue suave.
Fue contenido.
Como si ambos lleváran semanas conteniendo las ganas.
Su boca sobre la suya fue calor inmediato, tensión liberada, orgullo explotando en silencio.
Los dedos de Valentina se enredaron en su camisa.
Los suyos se afirmaron en la cintura de ella.
No había dulzura.
Había necesidad.
Había rabia acumulada.
Había algo que llevaba creciendo desde el primer cruce de miradas.
Se separó apenas, respirando fuerte.
Sus ojos estaban más oscuros de lo que jamás los había visto.
—Valentina Rojas…
Su nombre salió distinto.
No como un desafío.
Como una advertencia.
Pero ya era tarde.
Ella lo beso otra vez.
Más lento.
Más consciente.
Y esta vez él respondió sin reservas.
Su mano subió por la espalda, acercándola más.
Sintío cómo su control se quebraba igual que el suyo.
El mundo desapareció.
No había proyecto.
No había video.
No había diferencias.
Solo el calor de su boca, el latido acelerado, el espacio reducido a ellos dos.
Hasta que hubo un golpe en la puerta.
Se separaron bruscamente.
Respiración agitada.
Camisas arrugadas.
Distancia imposible de fingir.
La puerta se abrió sin esperar respuesta.
El subdirector.
Su mirada recorrió la escena.
Demasiado atento.
—Espero que el proyecto avance tan intensamente como parece.
La cara de Valentina ardía.
Thiago dio un paso al frente.
Protector.
—Estábamos trabajando.
—Me alegra oírlo —respondió el subdirector con una media sonrisa fría—. Porque acaban de encontrar algo interesante sobre el video.
Su estómago se congeló.
—¿Qué cosa? —pregunto intrigada.
—El acceso fue manipulado desde una cuenta secundaria del sistema. Una cuenta vinculada a la familia Greitell.
Lidia.
La habitación se volvió más pequeña.
Thiago se tensó.
—¿Están seguros?
—Lo suficiente para iniciar una investigación formal.
El subdirector los observó un segundo más.
—Les recomiendo que se mantengan concentrados. Cualquier distracción podría interpretarse… de la manera equivocada.
Y se fue.
El silencio quedó suspendido.
Pesado.
Thiago pasó una mano por su cabello.
—Sabía que había algo raro.
Valentina retrocedío un paso.
De pronto todo volvió a su lugar.
El peligro.
La realidad.
—Es tu mundo, Bianchi—susurro—. Tus contactos. Tus ex novias.
—No metas esto ahí.
—¿No? Porque parece que cada vez que intento respirar en este lugar, alguien de tu círculo decide recordarme dónde estoy parada.
Eso le dolió.
Lo vio.
—No es mi círculo —respondió con firmeza—. Y no voy a dejar que te hundan.
—No necesito que me salves.
Se acercó otra vez.
Pero diferente.
Más serio.
—No te estoy salvando. Estoy contigo en esto.
El eco del beso aún flotaba entre los dos.
Y ahora había algo más.
Complicidad.
Peligro compartido.
—Si Lidia hizo esto —murmuro— significa que sabía que trabajábamos juntos.
—Y significa que esto no fue solo contra ti.
Sus ojos se encontraron.
—Fue contra nosotros.
La palabra quedó suspendida.
Nosotros.
Su corazón dio un golpe traicionero.
Porque el beso había cambiado algo.
Ya no era solo tensión.
Ya no era solo deseo.
Ahora había un vínculo.
Y eso era mucho más peligroso que cualquier escándalo.
Thiago dio un paso atrás, respirando hondo.
—Esto se va a poner peor antes de mejorar.
—Lo sé.
Silencio.
Más suave esta vez.
Más real.
—Valentina—dijo en voz baja—. Lo que pasó…
No lo dejó terminar.
—No fue un error.
La confesión salió antes de que pudiera detenerla.
Sus ojos se suavizaron.
—Entonces no me pidas que actúe como si lo fuera.
El aire volvió a cargarse.
Pero ahora no era solo electricidad.
Era decisión.
Porque habían cruzado la línea.
Y ya no había vuelta atrás.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.