Valentina no debío aceptar ir.
Pero cuando Thiago dijo que había encontrado algo sobre el video, su orgullo perdió contra su necesidad de saber la verdad.
—No es una cita —Le aclaró cuando subió a su auto.
—Jamás saldría contigo voluntariamente.
Sonrió. Esa sonrisa peligrosa.
—Eso no es lo que dicen tus ojos.
Idiota.
El trayecto hasta su casa fue silencioso, pero no incómodo. Era esa clase de silencio cargado. Como si el aire supiera algo que ambos fingían ignorar.
La mansión de los Bianchi parecía un hotel cinco estrellas. Jardines impecables, luces cálidas, ventanales gigantes.
Valentina se sentía fuera de lugar.
—Relájate —dijo al notar cómo miraba todo—No muerden.
—No es mi mundo.
—Podría serlo.
Lo miró.
—No me interesa.
Entraron directo a su estudio. Cerró la puerta. El sonido fue demasiado definitivo.
—Encontré esto —dijo, abriendo su notebook.
Se acerco demasiado.
El hombro le rozó el pecho.
Error.
En la pantalla había capturas del sistema interno del colegio.
—El archivo del video fue subido desde una cuenta con acceso administrativo —explicó—. No fue un alumno cualquiera.
Su corazón se aceleró.
—¿Quién tiene ese acceso?
—Mi padre… el director…otras personas... y el encargado de sistemas.
Sintió un escalofrío.
—¿Tu padre?
Thiago tensó la mandíbula.
—No creo que haya sido él. Pero alguien usó su red privada ese día.
Se miraron.
Eso cambiaba todo.
—¿Por qué me estás ayudando? —pregunto en voz baja.
Su mirada descendió a sus labios.
—Porque no fuiste tú.
—Eso no responde la pregunta.
Se acercó.
Un paso.
Ella no retrocedió.
—Porque si te hundes… yo también me hundo.
Mentira.
Había algo más.
Podía verlo en sus ojos.
—Y porque me importa —añadió, casi en un susurro.
Su respiración se volvió irregular.
—No juegues conmigo, Thiago.
—No estoy jugando.
Su mano rozó su cintura.
Su cuerpo reaccionó antes que su cerebro.
Calor.
Electricidad.
Química.
—Esto es un error —susurro.
—Entonces deténme.
No lo hizo.
Él inclinó el rostro lentamente.
Su respiración chocó contra la suya.
El mundo se redujo a centímetros.
Su mano se apoyó en su pecho.
Sentía su corazón acelerado.
Tanto como el suyo.
Sus labios rozaron los de Valentina..
Apenas.
Una chispa.
Un aviso.
No fue un beso completo.
Fue peor.
Fue la promesa de uno.
Un golpe en la puerta los separó bruscamente.
—Thiago —la voz femenina atravesó la madera—. Necesito hablar contigo.
Su madre.
Se apartó como si se hubieran quemado.
—Genial —murmuro.
Él pasó una mano por su cabello, frustrado.
—Quédate.
—No.
—Valentina…
—No soy parte de tu mundo, ¿recuerdas?
Sus ojos brillaron, heridos.
—Eso no es cierto.
Pero ambos sabían que sí.
Antes de salir, se detuvo.
—Si tu padre está involucrado… esto es más grande de lo que pensábamos.
—Lo sé.
Y por primera vez…
Thiago Bianchi no parecía arrogante.
Parecía asustado.
Y eso le dio más miedo que el video.
#5454 en Novela romántica
#720 en Thriller
#318 en Misterio
misterio amor accion humor romance dolor, romance accion juvenil, drama amor engaños mentiras
Editado: 08.06.2026