Riverstone

Capitulo 11

A la mañana siguiente, el colegio entero la estaba mirando.
No era imaginación.
Era real.
Susurros en los pasillos. Miradas que se apartaban demasiado rápido. Sonrisas cargadas de veneno.
Algo había pasado.
Y lo descubrío cuando Raquel le mostró su celular.
Una foto.
Ella.
Anoche.
En la entrada de la casa de Thiago.
Demasiado cerca de él.
Demasiado íntimo.
No se veía el beso.
Pero se veía la intención.
—Esto ya está en todos los grupos —susurró Raquel—. Dicen que te estás “asegurando la beca”.
Sintió que el estómago se le caía.
—No hicimos nada.
—No importa.
Claro que no importaba.
Para ellos Valentina siempre iba a ser la becada ambiciosa.
Cuando entró al aula, el silencio fue inmediato.
Y ahí estaba él.
Thiago.
Mirándola como si también lo supiera.
Se sentó sin decir nada.
—Tenemos que hablar —murmuró.
—No.
—Valentina…
—¿Quién tomó la foto?
Su mandíbula se tensó.
—No lo sé.
—Alguien que estaba ahí. En tu casa.
Silencio.
Entonces lo entendió al mismo tiempo que Valentina.
Su madre.
O alguien cercano a su familia.
La clase empezó, pero no escucho nada.
Porque lo peor no era la foto.
Lo peor era que parte de ella había querido ese beso.
Y eso la hacía débil.
***
El padre de Thiago llamó a su hijo a la oficina antes del almuerzo.
Cuando entro, la pantalla detrás de su escritorio mostraba la foto.
Perfecto.
—¿Quieres explicarme esto? —preguntó con voz fría.
—No es lo que parece.
—Parece exactamente lo que es.
Apretó los dientes.
—Ella no hizo nada.
Su mirada se volvió más dura.
—No me interesa esa chica. Me interesa el apellido Bianchi.
Ahí estaba.
El verdadero problema.
—Estás poniendo en riesgo acuerdos importantes —continuó—. La prensa ama estas historias. El heredero y la becada humilde. Escándalo asegurado.
—No soy una estrategia de marketing.
—Eres una inversión.
Eso dolió más de lo que esperaba.
—Aléjate de ella —ordenó.
Lo miró fijo.
—No.
El silencio fue peligroso.
—Si esa chica está detrás del video…
—No lo está.
—Entonces demuéstralo. Y termina con esto antes de que te obligue a hacerlo yo.
Thiago salió de ahí con la sangre hirviendo.
No iba a dejar que la tocaran.
Ni mediáticamente. Ni académicamente.
Ni emocionalmente.
***

Valentina lo encontro en la cancha después de clases.
Estaba golpeando el saco de entrenamiento como si quisiera romper algo.
—Tu papá ya vio la foto, ¿no?
No se sorprendió.
—Sí.
—¿Qué dijo?
La miró.
Y por primera vez no había arrogancia.
Había decisión.
—Que me aleje de ti.
Su corazón dio un salto.
—Entonces hazlo.
Silencio.
Se acercó.
—No.
—Thiago, esto se está saliendo de control.
—Me importa poco el control.
—A mí no.
Estában demasiado cerca otra vez.
Demasiado fácil caer en lo mismo.
—Si te acercas a mí —susurro— pueden quitarme la beca.
—Y si me alejo, ¿qué cambia?
No supo responder.
Porque lo que estaba creciendo entre ambos no dependía del colegio.
Ni del video.
Ni de los rumores.
Dependía de algo mucho más peligroso.
Química.
—No fue un error —dijo, mirando sus labios.
Sintió el aire desaparecer.
—¿Qué?
—Anoche.
Su pulso se descontroló.
—Thiago…
—No fue un error.
Y esta vez…
No hubo interrupción.
La besó.
De verdad.
Sin aviso.
Sin permiso.
Sin miedo.
Y ella…
No lo detuvo.




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