—Megan, Megan — decía Elisa, la asistente de la modelo, intentado intentaba llamar la atención de la mujer que tenía la mirada perdida.
—¿Eh? ¿Me estabas hablando?
—¿Estás bien? Has estado distraída toda la sesión de fotos, si te sientes mal podemos pedir una pausa y reagendar.
—No, no es nada de eso. Me siento bien, solo que no he podido dormir bien últimamente.
—Ajá... — respondió Elisa sabiendo que Megan estaba mintiendo, había sido su manager por cinco años desde que comenzó a trabajar como modelo, era una gran promesa y tenía ganancias increíbles comparada con otras celebridades del mismo rango.
—En serio no es nada, además ya casi terminamos la sesión de fotos. — sonrió.
—Sabes que puedes contarme lo que sea, también soy tu amiga Megan, puedo darte algún consejo o solo escucharte.
—Gracias, pero no sé si está vez un consejo sea suficiente para arreglar las cosas.
—Vamos, cuéntame. No me gusta verte decaída y forzarte a trabajar así.
Elisa pidió que los maquillistas salieran del camerino, colocó el seguro en la puerta y se sentó en una de las sillas.
—Es algo que tiene que ver con Jorge — suspiró.
—¿Y ahora de que se trata? ¿Volvieron a pelear? Te había dicho que ignoraras lo que te dijera, es un idiota que solo piensa en como hacerte sentir menos que él.
—No sé que hacer, yo he estado siendo devota con él desde que nos conocimos. Solo que estos días pienso que no ha valido la pena el esfuerzo que pongo en nosotros.
—¿Acaso piensas en separarte?
—Los últimos años han sido un infierno, nunca me ha demostrado algo de afecto, solo estoy yo, como un perro siguiendo a su dueño sin importar la atención que me dé. Creo que desde el principio he sido eso para él, una mascota.
—No digas eso Megan, eres la mujer más linda y gentil que he conocido. Jorge no merece que sufras por él, debería estar agradecido de que eres su esposa.
—Bueno, ya no sirve de nada tener esperanza de que nuestra vida como casados mejore. Hace dos días, durante la madrugada lo escuché hablar con una mujer, la llamaba cariñosamente, y no paraba de decir que pronto se desharía de mí.
—¿Qué? — Elisa frunció el ceño. — ¿Te está siendo infiel? ¿Desde cuándo lo sabes y por qué no has hecho nada?
—Me enteré hace dos días, ya te lo dije.
—¿Y no le reeclamaste? ¿Qué estás esperando?
—Necesitaba pensar las cosas Elisa, esto no es un asunto que pueda resolver de la noche a la mañana. No somos un matrimonio normal, él es un Lopez, la familia número uno en los negocios de la ciudad, Jorge tiene disponible a todos los abogados y otros contactos. Si yo pidió el divorcio me dejará sin nada.
—Imposible, eres Megan Martinez. Eres igual de rica que que él, tu familia te ayudará para que él no te quite nada.
—No estaría segura de eso, yo... no te he contado algo.
—¿Qué cosa? Él se está paseando con su amante, mientras estás aquí trabajando tan calmada.
—Ya lo sé, no me lo tienes que recordar — suspiró molesta. — Pero no puedo actuar sin un plan en mente, es cierto que no vivo gracias a su dinero, no he tocado ni un mísero centavo de su cuenta bancaria desde que nos casamos.
—¿Y cuál es el problema?
—El problema es que firme un contrato matrimonial, Jorge me dijo que solo eran ambigüedades, una manera de mantener asegurado nuestros bienes. Tenía veintidós años, justo cuando estaba encantada con la idea de que fuera mi marido.
—¿Y que decía el contrato matrimonial?
—Lo más relevante es lo que él y mi familia acordaron, mi padre sabía que quería tener una vida laboral fuera de la empresa Martinez, así que ha dejado la parte de mis acciones guardadas hasta que esté lista para usarlas.
—¿Entonces que tiene que ver con Jorge?
—Su familia, los Lopez sabían lo terco que es él. Así que para evitar que nos separaramos antes del primer año pusieron la condición de que Jorge no podría involucrarse con los negocios Martínez hasta después de cinco años casados. Lo que incluye la liberación de esa parte de mis acciones, son millones de dólares que están bajo mi nombre. Y con esas acciones tengo la presidencia de la empresa.
—Entonces tienes más a tu favor, Jorge no puede exigirte nada.
—Elisa no lo entiendes — se cubrió la cara para ocultar el estrés que sentía. — Esa condición fue la de mis padres, pero la de los Martínez es que no puedo deshacerme del apellido, si alguno de los dos pide el divorcio tiene que compensar al otro monetaria mente con su posesión más valiosa.
—¿Entonces tendrías que darle tus acciones de la empresa Martinez a Jorge? ¡Es una estupidez Megan!
—Ya lo sé, pero ese contrato se tiene que cumplir, fue redactado por los abogados de los dos. Cuando lo hicimos pareció sensato, claro pensando que nunca tendría que divorciarme.
—No puedes dejar que Jorge haga esto.
—Es complicado Elisa, no puedo pedirle el divorcio. Si él tiene mis acciones, tendrá poder en la empresa de mis padres, podría tomar desiciones como inversionista. Y sé que es un pésimo administrador, él no lo sabe, pero antes de casarme cree una cuenta con el dinero que ahorre para evitar que la compañía Lopez se fuera a la quiebra.
—¿Fue por eso que aceptaste tantas campañas después de casarte? Trabajaste sin cesar.
—Tenía que hacer algo por los Lopez, ellos siempre me trataron como a una hija. Ya sé que me equivoqué, con muchas cosas con Jorge, pero sus padres no tenían la culpa de nada.
—No se que decirte Megan — suspiró Elisa, quién solo pudo sonreír para darle ánimo a su amiga. — Pero todo tiene una solución, sería más fácil si tú lo hubieras engañado, todos serían felices de esa manera.
—Supongo que sí, el tendría que darme parte de su herencia... quizá tengas razón — un brillo de esperanza invadió su mirada. — Jorge nunca aceptaría que yo lo dejara, pero puedo llevarlo al límite, ahora que tiene a una mujer es sencillo hacer que se divorcie de mí.
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Editado: 18.05.2026