Jorge azotó la puerta de su habitación, fue a dormir con probar bocado, no iba a dejar que Megan lo humillara de tal forma. Era cierto que pocas veces había comido lo que ella preparaba, pero estaba acostumbrado a tenerlo, ¿qué es lo que había cambiado?
Por otro lado Megan estaba cepillando su cabello en silencio, tratando de escuchar su Jorge estaba hablando con su amante o si estaba dispuesto a pelear a altas horas de la noche.
Sus habitaciones estaban separadas por la oficina de Jorge, y el baño, además de que el corredor era lo suficientemente largo como para pasar desparcebido.
Megan había planeado su primer jugada, Santa Mónica era un sitio de costa playera, filmaría un comercial durante dos días, viajaría solo con Elisa y con su equipo de confianza, maquillista, estilista, seguridad.
Necesitaba encontrar la tarjeta de emergencia, estaba bajo el nombre de Jorge, el único problema era tener la contraseña para usarla. Aunque no pensó que fuera difícil, si le llamaba a su suegra, sabía que se lo diría sin poner excusas.
Espero despierta hasta las tres de la mañana, Jorge debía estar dormido, si su suposición era correcta, solo hablaba con su misteriosa amante una vez fuera media noche. La hora exacta de su baño, como tenía problemas para dormir, Megan tenía reservada la tina como método de relajación.
Eso explicaba porqué Jorge se encerraba durante todo el tiempo que ella estaba en la ducha, cuando Megan salía las luces del cuarto de su esposo estaban apagadas. Cómo ese día adelantó su baño, Jorge habría ido a la cama más temprano.
—Entonces si tienes una agenda para hablar con la otra — pensó Megan mientras salía en silencio de su cuarto, la oficina de Jorge era un sitio desconocido. Solo podía entrar cuando él estaba fuera, pero su escritorio tenía varios cajones llenos de documentos, papeles y cosas del trabajo.
En el departamento existía una caja fuerte escondida tras varios libros, Megan estaba segura de que las tarjetas de crédito debían estar ahí. La clave era la del día de su matrimonio, ella fue quien escogió la contraseña, con suerte Jorge no había tenido oportunidad de cambiarla.
Ya que los Martínez fueron quién ofrecieron un seguro para proteger la casa, y Jorge no rechazaba ninguna oferta que le beneficiara.
Y su marido creía que ella era tan tonta que nunca se le ocurría robar nada de allí. Cuando Megan encontró la caja fuerte, oprimió los botones con miedo, sentía un extraño nudo en el estómago, era la primera vez que hacía algo en contra de Jorge.
Sintió alivio cuando la puerta de metal se abrió, adentro habían varios sobres llenos de billetes, algunas joyas, un par de identificaciones, documentos y en otro sobre había varias tarjetas, Megan escogió la de color negro.
Cerró la puerta cuando escuchó ruido de la sala, se escondió unos minutos atrás de la puerta de la oficina, solo había tenido la luz de su celular para alumbrar. Quizá Jorge había salido por un aperitivo nocturno o solo se había despertado.
Ya no hubo otro sonido, así que regresó a su cuarto, guardo la tarjeta dentro de su maleta. Sonrió orgullosa de su hazaña.
Se miró al espejo, con la pijama de satín y el cabello recogido con ayuda de una pinza. Tenía que ser fuerte para poder irse de la prisión que ella solo se había puesto, por años quiso pretender que tenía un matrimonio perfecto, como de cuento de hadas.
Al final ella era la única hija de los Martínez, todos la envidiaban, esperaban que tuviera un hijo, y que siempre fuera la princesa de los López. En el fondo se sentía como una mentirosa, sus amigas solo veían lo que anunciaban en televisión, esas revistas y sesiones de fotos que le obligaba a Jorge asistir.
Él no utilizaba su anillo de bodas, mientras que ella nunca se lo quitó para respetar la promesa que hizo bajo los ojos de Dios.
A la mañana siguiente, Megan llevaba ropa deportiva y un par de lentes oscuros, Eran las cinco de la mañana cuando abandonaba el departamento.
—¿A dónde vas tan temprano? — un escalofrío recorrió su espalda, la voz de Jorge ahora la hacía ponerse de mal humor.
—¿Qué haces despierto tan temprano? Entras a la oficina hasta las diez.
—Puedo aprovechar el tiempo libre que tengo, no me sentía bien así que fui a correr cerca. — su marido limpiaba el sudor de su frente con una toalla, Jorge esperaba que Megan se ofreciera a llevarlo al médico o darle esos remedios caseros que aprendió en internet.
—Bueno, tengo que irme.
—¿A dónde? Tienes que quedarte a ayudarme, cuando no puedo dormir haces uno de esos horribles tes herbales. Hazlo.
—Tengo trabajo. Si son tan horribles no deberías pedir uno, haz que tus palabras se pongan de acuerdo con lo que piensas.
—¿Qué te pasa, eh? Desde ayer actúas extraña, me hablas tan irrespetuoso, no olvides quien soy.
—No pensé en decirte que me voy de viaje, nunca te importa, al final solo regreso y ni siquieras preguntas por mi — sonrió falsamente. — Me voy.
—¿Con quién?
—¿Con quién crees? Con mi amante. — Megan aprovechó para darle una pizca de miedo, cosa que funcionó cuando el hombre de quedó pasmado. — Es un chiste, voy con Elisa a Santa Mónica, tengo una campaña, volveré en unos días.
—No me gustan tus bromas, pareces niña de preparatoria.
—¿De verdad? Pensé que sería muy gracioso. Nos vemos.
Jorge se quedó boquiabierto, nunca había visto a Megan tan indiferente con él. Todavía después de las peleas ella le seguía hablando con cierto cariño, y se preocupaba por él, ahora solo había pasado de lado, sin tacto.
Con irá buscó su celular, y llamó a Diana.
—¿Estás en la oficina?
—Si, pero hoy es tu día de descanso, ¿qué pasa cariño? — dijo ella con una voz dulce.
—Voy para allá, cancela cualquier compromiso en la sala de juntas.
—Está bien, avisaré que vienes para que nadie ocupe la sala.
—Llegaré en treinta minutos, espero que luzcas bien para mí.
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matrimonio arreglado y dinero, venganza amor, tío de él y venganza de ella
Editado: 18.05.2026