Robert Dean: una noche de lluvia en Chicago

Principio de un fin

Hola,soy Madeleine!, se que esperabas quizás la ciudad, pero; cómo podrás reconocer tus sentimientos con tanto ajetreo- se veia bastante normal para mi realmente esperaba algo mas- un placer soy Sarah- respondí algo desconcertada.


 

Dominic me comento algunas cosas,-me miró con empatía y una pequeña sonrisa, su rostro estaba marcado por los años -mira yo no soy una guía espiritual o que se yo,- dijo mirando al suelo- solo soy una persona que de lo peor he podido sacar lo mejor, y deseo compartir como lo hice y si eso ayuda a alguien mas a superar sus adicciones entonces mi vida habrá valido la pena- miró directo a mis ojos y parecía bastante decidida. Sonreí levemente.


 

Gracias Madeline es todo lo que necesito- sonrió, y señaló con su mano un carro color azul muy sencillo nada lujoso- comencemos. - dijo con entusiasmo- primero que nada aquí no hay lujos, la verdad eso es mas de mi querido Dom- mi querido?, que?, a que se refería?- luego te contaré como llegamos aquí- contestó como si hubiera escuchado mis pensamientos.


 

-Madeline, que se supone que haré aquí?- pregunté sintiendo un vacío en el estómago


 

-te olvidaras de lo que pasado recientemente en tu vida y serás lo que debías- me miró con dulzura, pero para era un descripción extraña, no entendía, al mirar al lado derecho pude ver un lindo pueblito lleno de flores, en una pequeña colina; una casita de buen tamaño en ladrillos. Todo se veía muy campestre y tranquilo, mis oidos sumbaban por la ausencia de todo ese ruido al que estaba acostumbrada en la ciudad.


 

-Bueno hemos llegado- dijo Stefan y el carro se detuvo, todos bajamos y pude respirar esa suave brisa que soplaba, el sol brillaba en lo alto del cielo, pero era sumamente suave su calidez, por un momento cerré mis ojos y deje entrar todo el aire que pude, como si pidiera almacenarlos dentro de mí, oh, no!, respire con desagrado, otra ves este dolor como si estrujaran mi corazón, esa sensación pesada en el estómago, como es que algo así puede sentirse en el cuerpo?, estúpido Robert!


 

-Sarah- me sobresalte, oh! Era Stefan- tranquila soy yo- genial! ahora no solo soy una loca agresiva también paranoica


 

- vamos, llevo tus maletas- mantenía una sonrisa burlona en su cara. Me quedé un poco mas y miré al mi alrededor era como si todo este ambiente me envolviese pero al mismo tiempo ese sabor amargo en mi boca de que aún no terminaba mi odisea.


 

- hey Sarah!, vamos!- era Stefan moviendo su mano al aire mientras gritaba mi nombre. Comencé a caminar hasta la casa, por un camino abierto,  el caminar de las personas que allí residían, lo habían marcado de tal manera que parecía desvanecerse naturalmente con el resto del entorno, todo a mi alrededor era pasto salvaje, lleno de diminutas flores de colores alegres.


 

- ven, por aquí esta tu habitación. - al entrar a la casa todo era sumamente campestre y relajado, se sentía tan cálido- y, aquí está- Stefan parecía entusiasmado.


 

-gracias Stefan- respondí mirando la habitación timidamente


 

-de nada, nos vemos luego, te dejare que te pongas cómoda, si necesitas algo me avisas- Stefan se escabullo rápidamente por la puerta sin darme tiempo de agradecerle, o era yo que me encontraba tan ensimismada que ni si quiera fui capaz de reaccionar, no lo se. Me dirigí directo a la ventana, el paisaje era digno de un cuadro de arte, para ser exhibido en una famosa galería, era hermoso gratificante e inspirador. Automáticamente me sentí inspirada a escribir, busque mi cuaderno de notas y coloqué un banquillo acolchado justo debajo de la ventana y comencé a escribir, al principio, sola palabras sin sentido, "perdón", "amor", "pérdida", "soledad" hasta que logre la primera frase, " la soledad no es estar solo, es sentirse incompleto", poco a poco mi mente dejó fluir cada sentimiento, y cada frase se convirtieron en párrafos fluidos de una historia que se desarrollaba en París y de una chica que ya no era una tonta, que creía cada palabra. Para cuando paré y miré nuevamente a la ventana, ya la luna brillaba; era mágico el espectáculo en aquella hermosa vista


 

-toc,toc!- sono la puerta de madera


 

-Sarah, quieres cenar?- era Stefan


 

- si, ya voy- deje todo aun lado mire la luna y sonreí- vamos, tengo mucha ganas de comer


 

-jum, parece que algo mágico te ha pasado, fuiste capturada por el paisaje, no?- asenti la cabeza con asombro - entonces disfrutarás el resto- dijo Stefan conforme. En la salita había una mesa de madera rústica de seis puestos


 

- estamos en temporada baja, tienes suerte, puedes comer en la mesa


 

- a Stefan siempre le tocaba el sofá, no es así?- dijo Madeline al entrar al comedor


 

- siempre están recibiendo heridos?- pregunté con sarcasmo


 

- así es - respondió amablemente Madeline, me sentí un poco avergonzada y simplemente me senté


 

- ya haz comenzado a escribir? - pregunto madeline seria


 

- si, así ha sido, como supiste?


 

-no hay escritor que pueda resistir la inspiración que recibe de este lugar- se sonrió


 

- espero que disfruten la cena fue hecha con cariño- llegó Stefan con un plato en cada mano era una asado, con puré y una linda ensalada colorida, sirvió tres copas de vino tinto, todos comimos alegremente. Al terminar todos llevamos nuestros platos, los lavamos y cada uno se fue a su habitación sin mediar palabras, se escapó una que otra sonrisa cuando cruzabamos miradas, los tres parecíamos estar conformes con la cena, no había mucho mas que decir.


 

Al día siguiente decidí estar despierta temprano para ver el amanecer; tal y como lo esperaba era magnífico, un espectáculo maravilloso. Continué escribiendo sin parar




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