La noche no era tan bella; era solo un pedazo de gasolina en proceso de filtración, un cielo oscuro y pesado. Miré a Moon en mis brazos y lancé una sonrisa forzada, caminé buscando un hotel; actualmente eran caros, pero necesitaba un lugar donde dormir. Mi casa quedaba al otro lado de la ciudad, y soportar las bajas temperaturas no era opción. Había personas recogiendo escombros y limpiando los alrededores, el ataque parecía una simple "prueba" o "demostración"... Literalmente no sabía qué era; hubo ataques más grandes. La humanidad actual apenas tiene 3 millones de personas divididas en 5 países, serían 600,000 personas por país, aunque creo que hay más; solo son cálculos inexactos.
Miré alrededor hasta notar un callejón que decía "Hotel". Giré mi rostro un momento y me dirigí hacia allá, sintiendo escalofríos mientras el frío empezaba a calar mis huesos. Todo el suelo estaba lleno de basura; de una bolsa salió una traparatus (una rata fusionada con una araña), retrocedí asustado; además de venenosa, le encantaba rondar por los desechos. Toqué la puerta del hotel, esperé un momento hasta que una chica la abrió.
—Buenas noches, ¿hay habitaciones disponibles? —pregunté.
—Sí, tenemos habitaciones, pase —respondió. Entré al lugar; se sentía cálido, coloqué a Moon en un mueble cercano y me dirigí a la recepción—. ¿A cuánto están las habitaciones?
—Una habitación está a 40 dólares, esa es la más barata que tenemos —dijo. Mi rostro se congeló; sabía que los hoteles estaban caros, pero no tanto. Revisé mis bolsillos y me di cuenta de que apenas me sobraría para un desayuno mañana. Pensé un momento; igualmente me iba a largar de aquí mañana.
—Deme una habitación para una noche —pedí.
—¿Con desayuno incluido?
—¿Eso cuesta más dinero?
—Sí, serían 5 dólares más —miré de nuevo mi bolsillo.
—Ah, no, sin desayuno está bien.
—Como usted guste —entregó la llave. Cargué a Moon hasta la habitación; era pequeña, pero igual de cálida. La recosté, acomodando su cuerpo para que no se levantara con dolor, di una mirada a la habitación y busqué dónde recostarme en otro lado, pero lo único disponible era... el piso. No me sorprendió; ya había dormido en lugares peores. Saqué una de las cobijas de la cama y la tendí en el suelo, coloqué una almohada, pero antes revisé a Moon; respiraba perfectamente, pero aún no despertaba. Me preocupé, aunque dejé que descansara; tal vez no había dormido en mucho tiempo.
Al amanecer, traté nuevamente de levantar a Moon; esta vez sí dejó de ser normal, así que dejé arreglada la habitación y fui a buscar un médico, esta vez lo tomaría más en serio. Cuando llegué a su consultorio, empezó a revisarla como loco; parecía no tener nada, pero luego me dijo: "Ella parece no haber comido bien hace dos semanas". Recordaba que había dicho que no era caníbal, pero no creí que llegara al punto de no comer.
—Doctor, ¿qué puede hacer por ella? —pregunté. Él me miró y luego pasó su vista hasta Moon.
—Unas inyecciones y que cuide su alimentación; tal vez la próxima no creo que sobreviva —respondió. Asentí y dejé que hiciera todo lo que estuviera en su alcance para volverla a despertar. El doctor se dirigió a otra habitación de la cual salió con unas inyecciones, agarró el brazo derecho de Moon y empezó a aplicarlas; no demoró en hacerlo.
—En unas horas despertará, así que si tiene algo que hacer, tómate tu tiempo —dijo.
Pasé mi mano por el cabello de Moon y luego me largué. Iría a mi casa, tomaría un poco de dinero, buscaría comida para Moon y la dejaría abandonada cuando estuviera mucho mejor. Me dirigí hasta mi casa; al entrar, estaba desordenada como siempre; tanto trabajar no me daba tiempo de dejarla en buenas condiciones. Fui hasta mi cuarto, saqué el poco dinero que tenía y luego entré a un pequeño súper. Miré los precios y casi me quitan el alma; pasé por la sección de botanas, a pesar de ser perjudiciales para la salud, eran lo único que Moon podía comer que no fuera carne. Pasaron unas horas y regresé al consultorio; Moon ya estaba despierta. Ella me miró un momento y luego dijo:
—Gracias... —sonreí con picardía— por tu ayuda.
—No tienes que agradecerme; planeaba dejarte botada, pero te tuve un poco de piedad —respondí. Ella devolvió la sonrisa.
—Igualmente, gracias —dijo. Le entregué el paquete de botanas y me senté a su lado. Ella lo abrió y empezó a comer con una ligera sonrisa; tomé su rostro, me acerqué un poco más.
—¿Por qué no te gusta el canibalismo? ¿Cuál es tu razón personal? —pregunté. Puso una mirada que me atravesó el alma, con una mezcla de enojo.
—No me fastidies.
—Como quieras —respondí.
La dejé en paz; en cualquier momento me lo diría, solo tenía que esperar. Al rato, el médico llegó, me dijo que podía llevarme a Moon y que le diera suficiente comida. Pagué la consulta y las inyecciones, luego fui a casa. Compré más botanas para Moon; ella estuvo incómoda en mi casa, más aún porque era un desastre. La arreglé un poco, le entregué otro paquete de botanas y me senté nuevamente a su lado.
—Estás lista para responder —dije. Ella frunció el ceño—. Entonces no quieres... Tómate tu tiempo, no demasiado, porque necesito que te mejores y te largues.
—Acabas de ofenderme; solo que no te mate dormido —soltó una risa—. Me quedaré hasta donde yo quiera, así que no me digas nada.
—Hmm, igualmente tendrás que irte —repliqué.
Continuó comiendo como si nada; no le importaba lo que le hiciera. Salir a la fuerza llegaría sola la respuesta; tenía que abrir su corazón. Organicé mi habitación hasta que quedó impecable; pensé dejar a Moon dormir allí, ya que necesitaba comodidad, mientras yo me arreglaría en los muebles. ¡Eso es mentira! Yo nunca dejaría a alguien dormir en mi habitación; es mi cuarto, ¡mis aposentos! Nadie dormirá allí que no sea yo. Que ella resuelva en los muebles.
Su rostro, al ver que no le ofrecía una cama cómoda, fue tan satisfactorio que solo pude darme la vuelta directo a la habitación. Le entregué unas cobijas y una almohada para que estuviera "cómoda"; ¡la almohada era superdura! ¡Ja, ja, ja! La dejé dormir tranquila y disfruté mi cama. A la mañana, no parecía muy feliz, pero la motivé dándole de comer unas botanas; aún se veía enferma. Dejaría que se mejorara para luego echarla y apuñalarla por la espalda. Aunque las botanas no le harían bien para toda la vida, trataré de vender un riñón para que pueda comer una fruta o verdura.