Roma. Un amor para nunca olvidar

Capítulo 2. Clara lo entendió.

Clara miró a Alessandro frente a ella, él parecía desarmado de todo valor. Era un hombre de tan solo veinticinco años que apenas se posicionaba en los negocios del abuelo.

—Clara, yoooo —dijo sosteniendo sus manos repentinamente— te elegí a ti por encima de cualquier mujer, te amo....te juro que te amo. —dijo con temblorosa voz.

—¿Qué pasa Alessandro? —su llanto ahogado la hizo entender que había un rompimiento, tal vez un adiós definitivo que hizo flaquear sus piernas.

—No podemos seguir...te juro que no tiene que ver contigo...mi amor. No me importa...lo que hayas vivido antes de mí...pero mi familia me necesita.

—¿De qué hablas mi amor? —preguntó ella con impresión de angustia...

—Yo te amé desde que te conocí y estoy seguro que mi destino será amarte siempre, adonde yo esté y con quien esté...mi corazón será tuyo...siempre Clara.

—No puedes dejarme Alessandro, si es eso lo que me quieres decir... tú no puedes.

—Perdóname...no estaremos juntos, no nos vamos a casar.

—¡¿Estás loco? Nos amamos! —él hizo un gran silencio y ella lo entendió todo— ¿Por qué este engaño Alessandro? Dime qué no es cierto, dime que solo bromeas —espetó aún más angustiada, pero de momento se convenció de la realidad— ¿Vas a abandonarme ahora?

—Ésto es más fuerte que yo...se trata de mi abuelo y de mi padre, ellos...

—¡Déjalo que se vaya Clara! —espetó Ronald Montenegro— ¡No mendigues amor a este hombre, él y su familia nos han utilizado, y ahora retoman sus vidas como si nada ha pasado...

—¡No es cierto Montenegro, yo amo a Clara! —espetó desconcertado Alessandro tratando de tranquilizarla al verla llorar con dolor— No quiero hacerle daño... Clara te lo juro, yo te amo.

—El daño está hecho, has jugado con mi hija, pero en algo tiene razón tu abuelo, nosotros somos de otra cultura, no somos agresivos, tenemos dignidad, nos caemos, y nos levantamos, estoy seguro que mi hija llora ahora, pero ésto va a pasar, solo que cuando se levante de lo que le has hecho, no espero volver a ver tu cara cerca...nunca Alessandro.

—Papá, Alessandro no puede hacerme ésto, él...y yo...

—¡No digas nada más, clara, y que no te importen sus lágrimas, son unos hipócrita manipuladores, solo dile adiós para siempre!

—Montenegro...yo puedo explicarlo. Las cosas no son como las cree....

—¡Fuera de mi casa, aquí no vuelvas! —Alessandro miró a clara sintiéndose el peor de los cobardes y se retiró avergonzado llevándose el peso de su dolor y el propio.

—¿Por qué papá? —lloró desconsolada abrazándose a su padre— No puede dejarme, nos amamos y yo....yoooo...Papi...

—Clara, él no te ama, —la única forma de ser tan cobarde es cuando no hay amor— eso es teatro para no quedar como la basura que es...no sabes lo arrepentido que estoy de haber venido aquí, Héctor es igual a su maldito padre, son gente dañada y aunque Alessandro te quisiera, jamás voy a dejarte en esa familia, soy tu padre Clara, y siempre haré lo mejor para tí.

Las lágrimas y el dolor de Clara eran cada vez peor, se refugió en su habitación y se negaba a levantar la cabeza negándose a todo.

***

—¿En dónde está mi hija? —preguntó la madre de Clara— ¿Qué sucedió con mi hija?

—Tranquila...—susurró Ronald Montenegro— los amigos y socios que teníamos, nos han traicionado, retiraron mis negociaciones, ahora es Vasileiou quien está al frente, el señor Katsaros sacó su verdadera personalidad, no hay boda.

—No puede ser, Dios mío...voy con mi hija.

—Espera cariño. —la mujer se detuvo, y su esposo se acercó— regresaremos lo más pronto posible, mi hija debe entender que aunque le duela, y esta ruptura sea terrible para ella, pase lo que pase es un asunto de dignidad, jamás permitiré que ella prolongue su sufrimiento.

—No estoy de acuerdo en volver.

—Lo haremos, Vasileiou es un hombre de cuidado, y ésta no es nuestra tierra, a parte que si les da la gana, los Katsaros nos arruinan, hubo mucha confianza...y no quiero que mi hija luche por lo que no vale la pena, puede terminar muy mal.

—No sabes cómo siento todo ésto, es terrible...haremos como tú lo dices.

El mundo parecía habérsele caído en pedazos a Clara Montenegro, aún estaba convencida que todo era un juego macabro del destino, aseguraba que Alessandro la amaba tanto como ella lo ama a él, pero no hubo llamadas, no hubo respuestas, no hubo ninguna explicación, y el tiempo parecía marcar pasito a pasito un hoyo en su alma.

Mientras Alessandro se alejó hasta de la ciudad refugiándose en un lugar campestre donde lloraba profundamente por su amor imposible, había perdido las esperanzas, pero estaba seguro que valía la pena luchar por su padre y por su abuelo renunciando a Clara Montenegro.

Ya muy tarde regresó a casa y sin dar explicaciones se encerró en su habitación, y no quiso ni siquiera comer.

La mansión Katsaros se había convertido en un lugar muy sombrío en donde se respiraba un aire terrible de incertidumbre y para algunos hasta de dolor.

Así llegó la mañana, y con ella trajo la novedad de la ausencia de Clara Montenegro, sus padres se llenaron de temor al ver que había salido a la calle.




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