Roma. Un amor para nunca olvidar

Capítulo 3. Un viaje marcando un adiós definitivo.

El señor Montenegro había puesto todo en orden para el viaje, pero no estaba conforme, el quería una verdadera distancia para cuando Alessandro Katsaros se enterara que tendría un hijo no la encontrara, él estaba seguro que llegaría el momento en que el mismo abuelo se lo diría.

—Iremos a italia. —dijo el hombre con su ceja enarcada y una sonrisa de medio lado.

—Creo que a nuestra hija le gustará, cuando visitamos a nuestros parientes, ella estuvo feliz.

—Por eso, e iremos en avión privado, no hablemos ésto con Clara, ella deberá aprender que eso realmente no tiene reversas, es realmente un adiós. Yo jamás querré en mi familia a un Katsaros.

—No digas eso, Clara lleva en su vientre al hijo de Alessandro Katsaros.

—Será todo un Montenegro.

—Lo dices con orgullo...ya te enamoró la idea de ser abuelo.

—Me sorprendió la noticia, —espetó Montenegro procurando darse un consuelo— no es lo que quería para mí hija, que sea madre soltera...yo no había pensado en eso, pero tocó y Clara estará bien.

—No te engañes, Clara no va a estar bien, es soñadora, cree en el amor eterno y...

—No pasa nada, deberá enfrentar lo que viene...fijate que, ahora amo la idea de ser abuelo, tengo la certeza que ese bebé será la alegría de Clara, ella volverá a sonreír, estoy seguro.

***

Alessandro bajó a cenar, todos estaban reunidos, muy callados, solo el abuelo al verlo sonrió y pareció querer sacarle la sonrisa.

—Hijo qué bueno que bajaste, ya iba por tí. —el silencio era notorio cuando levantó la mirada y vió al viejo encantado con una gran sonrisa— Quiero darte más participación en los negocios, tú serás mi sucesor.

—¿Yo por qué? Abuelo, mi padre es quien debería ser tu sucesor. —interrumpió notando cierta tranquilidad en el rostro del abuelo— ¿Por qué tan feliz?

—Papá está muy contento por tu pronta boda, —interrumpió Héctor y él viejo pretendió exterminarlo con una mirada, pero fué fallida— ve que ya está publicado tu compromiso con Alicia Vasileiou...

—¡¿De qué hablan?! ¡No hay compromiso! —enfureció— ¡No he dado mi palabra, y no, no quiero casarme con alguien a quien no amo!

—Cálmate Alessandro, —el viejo interrumpió— no pasa nada, solo quise tranquilizar a Vasileiou, es un hombre con prejuicios. —Alessandro Katsaros se levantó y abandonó la mesa.

—¿La idea fue tuya? —preguntó Héctor asumiendo una terrible decepción— ¿No crees que estás yendo demasiado lejos?

—Sígueme al despacho, Héctor. —se levantaron y fueron directo a donde el señor Katsaros propuso, y de inmediato repuso— Se lo que hago, no lo quiero débil como tú.

—Él va a odiarte, lo va a mandar todo al diablo, se va a ir... Montenegro se fue con su familia.

—Cállate ya Héctor.

—Sé que no te importa, pero ese hombre era mi amigo y me odia, odia a Alessandro, ví a Clara por última vez y se veía pérdida abrazada a su padre.

—¡¿Para qué fuístes allá?! ¡¿Qué te dijeron?!

—¿Había algo que decir, acaso? solo le entregué los documentos a Montenegro, los revisó junto al abogado, y firmó...

—Métete en tus asuntos.

—Alessandro es mi asunto, es mi hijo.... papá, tú estás destruyendo a tu familia, dices amarlo y te comportas como si fuera su enemigo.

—Sé lo que hago, no me casé con quién amaba y no fue malo, tu mamá era excelente.

Héctor no atendió a la voz de su padre, se levantó y se fue directo a donde estaba su esposa no pudo soportar más y aunque éste al verlo partir lo llamó con autoridad, Héctor no se detuvo.

...

—¿Por qué no hablaste con tu hijo? —preguntó su esposa al verlo entrar— Héctor, Alessandro no nos va a perdonar, nuestro hijo sufre igual que Clara.

—Clara no está en el país, quise averiguar hacia adónde era el destino de Montenegro y no pude, estoy arrepentido de haber callado, mi padre hizo cosas terribles para engañarlo y yo no podría explicar tanto enredo, él está loco, y yo estoy muerto de miedo de la reacción de Alessandro.

—La cobardía es pecado y se paga caro. —espetó su mujer— bien sabes que amo a Alessandro, es mi hijo, lo he criado y formado como un hombre de bien y me duele verlo sufrir, no va a perdonarte.

***

Alessandro Katsaros se levantó muy temprano antes que todos, parecía obsesionado en llegar a la empresa, después de la arruinada cena decidió buscar información.

—Señor Alessandro. —dijo uno de los abogado poniéndose de pie— ¿Qué se le ofrece?

—Se me ofrece la verdad. —dijo poniendo los documentos que el abuelo le entregó— No me veas así, y no pretendas tratarme como a un novato.

—Debe usted hablar con el señor Katsaros.

—Vine contigo para entender está maraña, tranquilízate. —dijo al verlo nervioso— Necesito confiar en tí, y que tú confíes en mi, como antes, olvida al abuelo y vamos a hablar con la verdad.

—Hay confiabilidad...




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