Roma. Un amor para nunca olvidar

Capítulo 5. La duda y la cobardía.

El viejo estaba en cama siendo atendido por su médico de cabecera, Doménica parecía sumergida en una preocupación, sabía perfectamente de lo que era capaz este hombre para retenerla a ella y a sus hijos, sin embargo no estaba dispuesta a seguir pagando el precio que su esposo de alguna manera le ha puesto a pagar.

—¿Cómo se siente? —preguntó ella de una manera incrédula con una ceja levantada— No es cierto que se está muriendo, creo que debe ir a su despacho a trabajar.

—¿Sabes que los disgusto...son dañinos... para mí? Ni...ni respirar puedo...

—Usted es dañino para usted mismo, —respondió ella con altivez— debería de cuidar su perversa mente controladora que, un día de estos le va a paralizar el corazón...

—Esos son tus deseos, ¿No es así? —la miró con desprecio, pero ella no bajó el rostro.

—Pues si, pero como le digo que, dejarlo morir sería terrible, ya que para mí desgracia es el padre del hombre más noble que conozco, y el abuelo de mi hijo, y digo de Alexandro porque se ha dedicado a odiar a mis gemelos.

—¿Quién puede querer...a semejantes demonios?, un día me... matarán, me odian...y tú los apañas.

—Yo lo odio a usted, y lo atendí para que no muera, no todos son como usted, además yo tengo otros intereses.

—¡Sabia que eres una interesada, solo mi dinero, y mi posición social es lo que te importa! —Doménica al escucharlo se acercó sorprendida.

—¡Un momento, qué rápido se le pasó el cansancio que supuestamente le causaba el corazón! —espetó ella con auténtico sobresaltos.

—¡No me cambies el tema seca mujer!

—Lo de manipulador es bastante natural en usted viejo bestia, pero bueno... no es el tema principal, dice usted que tengo interés en su dinero y en su posición social y no es así, mi interés es verlo sin sus facultades mentales ni fisicas, ya está viejo y decrépito, le falta poco para verlo masticando el agua viejo loco, yo me voy a reír de usted hasta verlo morir, no falta mucho, ya está acabado.

—¡Le diré esto a mi nieto, y a Héctor, no me equivoqué contigo!

—¡Usted no se va de este mundo sin pagarme sus humillaciones.

—Siempre supe que me odias. —espetó con seguridad amenazante.

—Qué bueno que lo tenga usted muy claro, todo lo que me ha hecho, me lo pagará, y en cuanto a Alessandro, él sabe que soy una gran madre, jamás pensará que usted me servirá de payaso, porque será mi burla, y en cuanto a Héctor, no me preocupa, siempre lo he tenido donde quiero, usted no ha podido, ni podrá separarnos, yo le doy a su hijo lo que usted no puede darle.

—¡Atrevida! —gritó el malhumorado viejo— ¡Falta de respeto....mala mujer!

—No dejó que yo terminara de hablar, pero bueno... qué le digo, eso que su mente cochina se imaginó, eso también le doy, y en cantidades exageradas, así que es por eso que sigue a mi lado.

—No puedo creer que seas...

—Ayyy yaaaa, —interrumpió— me voy a mi habitación, procure descansar y cuidado que se muerde la lengua, es venenosa y puede morir. —caminó hacia la salida y el viejo permaneció callado mientras ella no dejaba de quejarse— qué viejo tan manipulador, amargado e infeliz.

El señor Katsaros la vió salir, esperó un rato a estar seguro que no se devolviera y de inmediato se levantó de la cama, se paró frente al espejo, y luego de mirarse por varios segundos, espetó.

—¿Viejo decrépito yo? Ahora es cuando me toca vivir, no le daré el gusto...lo bueno es que no repitió que se va con los bastardos, eso sería mi final, Héctor se iría y mi casa estaría vacía, esos mocosos del demonio no son mis nietos, pero ellos le dan vida a mi casa con sus travesuras.

***

Los días transcurrieron y nada pasó, cada quien se mantuvo en el lugar donde estaba, el señor Katsaros jamás le contó ni a su hijo ni a su nieto lo que había acontecido, y Doménica se mantuvo en silencio, sabía perfectamente que el viejo era un manipulador y no quería crearle problemas a su familia menos ahora que Alessandro la necesitaba.

Alessandro hacia su trabajo aislado de todos, siempre fue alegre, auténtico en expresar sus ideas, y muy espontáneo en tener el trabajo ya listo sorprendiendo a todos.

Su padre lo vió, y notó que estaba ausente de los negocios, sin embargo calló. Héctor era un hombre dispuesto a lograr todo los objetivos de la empresa cuanto fuera posible, visionario de los negocios y su padre lo sabía, solo que, todo había cambiado al casarse con Doménica y al adoptar a los gemelos.

Esperó salir y lo hizo llamar para su oficina, Alessandro sabía de que se trataba, que era por la falta a la dedicación laboral.

—Estoy desconcertado contigo Alessandro, ¿Cómo es posible que por una situación personal, tú no cumplas con tu trabajo, recuerda que tú eres el heredero de nuestra familia.

—¿Qué hay de tí, papá? —expreso interrogante, pero sereno— ¿Por qué no le reclamas a mi abuelo tu jerarquía? Eres el hombre de negocios mas planificado y organizado, logras las metas que nadie ha logrado y...

—Tú serás mejor que yo Alessandro, naciste para ésto, además...mi padre es el dueño, es el presidente de los negocios Katsaros, él fue el creador y solo él decide, yo respeto a mi padre.




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