Alessandro abrió la puerta de su apartamento, ya eran las diez de la mañana y no pudo disimular su sorpresa.
—¿Usted aquí? —preguntó a medio dormir— No quiero que...
—Eres mi hijo, sé todo de tí, y me niego a que sea de otra manera. —él miró a Doménica y estaba seguro que sus palabras eran sinceras.
—No tienes que esconder tu mirada de mí, sufres y es normal... Alessandro, mi hijo, yo iría al fin del mundo por tí si fuera necesario.
—No tienes que decirlo, yo lo sé... hoy solo confío en tí y te pido que por favor no cambies la manera de mirarme, realmente eres mi madre, siempre estás cuando te necesito...
—Siempre será así mi amor, Alessandro... sé que no estás bien...
—No lo estoy, realmente me estoy muriendo de aquí. —señaló su corazón con su propia mano y cabizbajo.
—Ven aquí...
—No madre, ya no quiero llorar, la decepción que siento solo me provoca odio y desprecio, mi abuelo, en quien creí siempre me mintió como si yo fuera un niño y Clara fuera mi juguete del momento, no lo entenderías, nunca.
—No puedes guardar odio Alessandro...mira, tu abuelo es un hombre con problemas, tú debes...
—No digas nada y dime el motivo por el que mi abuelo pretende que yo sea su heredero y no mi padre. —preguntó y la vió bajar el rostro— dime la verdad por favor... mamá.
—Piensa que tu padre heredará a sus tres hijos, pero solo tu llevas sangre Katsaros.
—Pero.... mamá, somos una familia, ellos son mis hermanos, los amo y no puede haber diferencia, mi abuelo está equivocado.
—Lo está, pero es su dinero, su posición social y no le discuto eso, solo quiero que me respete y me considere, no tengo la culpa de estar imposibilitada de tener hijos, tampoco me siento mal, mis gemelos vinieron a sanarme, tu padre y yo superamos que no pueda salir embarazada, pero tú abuelo no. Lo peor es que la humillación a tu padre es constante, y él no quiere dejarlo solo, y yo me siento castigada, amo a tu padre, y aún no quiero irme lejos de tí.
—No le digas nada a mi abuelo ni a mi padre de mi, hoy mismo regresaré a la casa, será por poco tiempo, necesito independizarme,...
—Cuando hablas de independizarte, ¿hablas de dejar a tu abuelo o a las empresas?
—Mamá, solo puedo decirte que eres la mejor madre, que te amo y que pase lo que pase quiero que confíes en mí, mi abuelo me cambió la vida.
—¿Qué harás? —la mujer puso su mano en su pecho y espetó angustiada— ¡No me asustes por favor!
—Tranquila mamá. —besó su frente, pero eso no quitó su angustia— Todo estará bien. ¿Sí?
***
Alessandro Katsaros regresó a casa, su expresión sonriente y jovial hizo que el abuelo se alegrara tanto hasta abrazarlo.
—Eres la esperanza de este viejo,—expresó orgulloso el señor Katsaros hasta verlo de frente y sentir que nada podía perturbar sus planes— sabía que todo iba a pasar, a veces... creemos que el amor es lo primero que nos hace ilusionarnos, pero no es así Alessandro, todo pasa y nos damos cuenta tarde que no era amor, sino un engaño del corazón, muere la ilusión y se acaba todo...
—Abuelo, había olvidado que yo tengo un futuro distinto por las múltiples responsabilidades, confías en mí y yo no desfraudaré el apellido Katsaros, entendí lo grande de tu pensamiento, mi padre es tu hijo, pero también tu empleado, por haber elegido darle tu apellido a quien no lleva tu sangre.
—¿Quién te ha dicho eso? Alessandro...—preguntó el viejo tambaleante.
—Siempre lo supe, los gemelos son Katsaros, pero no llevan tu sangre, tu defiendes tu linaje y yo ahora lo comprendo todo.
—¿Estás dispuesto a un compromiso con Alicia Vasileiou? —Alessandro miró su impaciencia, no había más opción para él.
—Por supuesto abuelo.
—¡Éste es mi muchacho! —expresó y lo abrazó desatando una gran carcajada.
—Solo que no sea sorpresa, haré lo que pides, además... ya quiero entrar por la puerta grande a mis negocios, si soy el heredero, entonces debo conocerlo todo desde ahora, abuelo...no te desfraudaré, soy un auténtico Katsaros. —dijo con frenesí dejando su mayor alegria ante la vista del anciano.
***
El doctor revisaba a Clara, ella parecía adormecida y cansada, tenía muchas náuseas y ésto constantemente le recordaba que estaba embarazada, y sin el padre de su hijo.
—Necesitas alimentarte, pondré algo para controlar tus náuseas, mira Clara, según tus padres estás pasando por un momento crucial de tu vida, pero seré claro contigo... si continúas así, podrías perder al bebé. —ella lo miró fijamente sin pestañar— ¿Eso quieres?
—No, claro que no, es mi bebé, no me alimento no es porque no quiero, es que....es más fuerte que yo, me siento horrible, es posible que no lo entiendan porque soy yo quien se mantiene con ganas de vomitar, todo me da asco.
—Pasará. —aseguró el doctor— tomarás medicamentos y tus vitaminas, recuerda que son por tu bebé...
—No hace falta que usted me lo diga, doctor, yo tomaré esas cosas, como le dije, es mi bebé, quiero que crezca sano en mi barriga y que nazca, con que a mí me importe él, me basta, ¿No es así?