Alessandro había entrado a su habitación, frente al espejo se despojaba de su corbata como si la odiaba, parecía estar recobrando su verdadero sentir cuando apretó su mandíbula con odio y bajaron lágrimas que marcaron su rostro, él las arrancó con su mano, sentía que no podía más y terminó cerrando sus ojos como si quisiera apagar su vida.
Su madre entró sin permiso llegando hasta él, quien aún no quería fingir que todo estaba bien ,siendo que se sentía arrebatado por un destino impuesto que aceptaba para lograr sus objetivos.
—No puedo creerlo, tu padre tiene razón, ¿Te estás perdiendo Alessandro? —preguntó Doménica espantada por lo que veía en su hijo— Respóndeme Alessandro.
—Estoy bien, no pasa nada, no quieras saber más....
—No estás bien, —interrumpió ella con dolor mientras su mano reposaba en su propio pecho— tú no eres así, eres noble, jamás le haces daño a nadie.
—Yo siento que sí, es por esa razón que, las personas que amo me miran a los ojos, me hablan de lo importante que soy mientras me engañan, han traicionado mi confianza, y lo que es peor...creen que soy un niño para decidir por mi, —reposó por instante y retomó— yo solo les doy el gusto a mi abuelo, pero ojalá tengan el temple para soportar mi realidad en su momento, porque yo no siento ganas de llorar nunca más, tampoco de perdonar, y no me traiciones tú, eres mi madre por encima del mundo, tú si me condearías ¡Madre, no me importaría ver al abuelo caer, pero tú y mi padre si me importan, también los gemelos, no permitas que me vaya lejos de tí...déjame vivir lo que elegí como me venga en gana..te prometo que no será tan malo que mi abuelo pague por todas las humillaciones que le ha hecho a esta familia.
—Mi amor, —lloró ella como si le oprimieran el pecho— mi hijo amado, noooo....dedícate a buscar a Clara...no condenes tu vida, yo moriría...hijo mío...yo puedo ayudarte, Alessandro, pídeme lo que sea.
—Ella no quiere que la encuentre, yo igual la estoy buscando, ¿Sabe por qué? —cerró el puño con odio— Mi abuelo puso un infierno en mi cabeza, y ya empiezo a arder...es una maldición.
—No puedo creer que hables así...hijo, tú no eres eso que veo...
—Vas a odiarme, yo lo sé...solo quiero que sepas que te amo, y mientras menos sepas de mi, será de gran ayuda para tí. —abrió la puerta de la habitación y con una seña le mostró la salida.
—Nunca podría odiarte, eres mi mundo hijo mío, solo trata de no oscurecerlo, yo estoy contigo. Te juro que estoy contigo, si te equivocas, estaré alli...—ella besó su mejilla y caminó a pasos gigantes hasta su habitación mientras un tormento pasaba por su cabeza— Viejo infeliz, acabaste con la felicidad de mi hijo...ojalá no tengas que pagar por ésto...
***
Lo días parecían detenidos ante las necesidades de Alessandro quien día y noche ponía su atención en solo un plan, mientras la señorita Vasileiou no dejaba de soñar con la boda deseada.
Ella nunca imaginó que buscarlo en su oficina era como conocer a un hombre mucho más frío del que ya había conocido.
—Pensé que sería buena idea que comiéramos juntos mi amor. —dijo con una sonrisa que pareció congelada ante la expresión de Alessandro — Papá dice que...
—¡No me interesa lo que dice tu padre! —interrumpió frío como si calculaba cada palabra— ¡Ya bastante tengo con hacer la voluntad de mi abuelo, a él se lo acepto porque tengo mi propósito, que quede claro que a mí no me vas a crear problemas con los deseos de tu padre...!
—Mi amor, yo solo...
—¡Estoy ocupado, tú también ocúpate de hacer algo por ti y deja de poner tu vida en las manos de otro, no eres una veleta para que te direccionen la vida, estudia, trabaja, pero haz algo por ti y deja de perder tu tiempo esperando complacencias de mi parte!
—¡Alessandro...yoooo, yoooo...
—¡Tú nada, sé normal como una persona más, tu padre no es un Dios y tampoco alguien a quien yo vea con vehenencia ni admiración para hacer su voluntad!
—Estás...siendo grosero conmigo, Alessandro yooo... no lo merezco. —dijo la chica derrumbándose ante él— es poco caballero... de tu parte.
—¿Esperabas algo diferente de mi? Nunca me importaste como mujer y lo sabes, tu padre y tú han hecho lo imposible para hacerme enojar, y sí, hoy estoy agotado, no he dormido ni descansado bien y no es a tí a quien quiero ver, ¿Entiendes eso?
—Tranquilízate, por favor, dijiste en nuestra cena tantas cosas que....
—En ninguna parte dije que te amaba ni que quería pasar momentos contigo, tú no entiendes las cosas que una chica normal y con deseos de superación en la vida, entendería, tú solo quieres andar arrastrándote, recogiendo mis migajas y ni eso tengo para tí.
—¡¿Todo ésto es por la maldita de Clara, no es así?! —gritó ella sacando su furia, pero Alessandro se levantó endemoniado y se acercó a ella que de inmediato temió— Alessandro, por favor...
—Voy a acompañarte a la salida, y espero no tener problemas con tu ejemplo de basura de padre que tienes, porque ese será el último día que me verás con cara de idiota complaciendo a mi abuelo, porque lo menos que se merece un hombre es que le vengan a escoger la mujer y más aún cuando yo la repudio desde siempre. Adiós señorita Vasileiou.