Clara lloraba silenciosamente, en sus pensamientos solo estaba la despedida de Alessandro, las contracciones venian seguidos y sentía no poder más.
Miró desde la camilla a su padre y él la abrazó tratando de comprender ese momento que parecía muy duro para ella.
—Debiste... luchar, —dijo sosteniendo todo el dolor— no...por mi, ni por mi...madre, debiste pelear...a costa de...lo que fuera...por la felicidad... de Helena, va a nacerrrr sin...padre.
—Voy a ser de cuenta que no escuché eso que acabas de decir. —dijo Montenegro evitando molestarse.
—Eres...un cobarde....me dejaste...sola... creíste que era lo mejor para miiii....noooo es así....
—Clara, tranquilízate mi amor, yo hice lo mejor que pude.
—Cobarde, cobarde...no me defendíste...ni a mi hija, cobarde. —Clara dejó salir su frustración en su padre.
—Clara por favor...
—Nooo...no me...defendíste, solo huímos....no era lo mejor... Alessandro estaba mal, igual que yo, nadie nos... ayudó, solo nos condenó...
—¡Fue lo mejor Clara, ese imbécil se comprometió con la hija de Vasileiou, es una mala persona! ¡Ningún padre permite que humillen a su hija!
—Debistes tú...mismo buscar a.... Alessandro...decirle que yo tendría un hijo suyo.
—Ese es idéntico al viejo, es malvado y tú te comportas como una malagradecida, ¿Qué querías? Esa gente no juega, me tendieron una trampa, la idea era arruinarme.
—¡Cobarde papá, sal...vete de acá! —gritó y el doctor hizo salir a Montenegro.
...
El hombre ya no estaba preocupado ni nervioso por la situación de Clara, estaba furioso y su mujer se acercó.
—¿Cómo está nuestra hija? —interrumpió su temperamental momento de ira— ¿Qué sucede? ¿Por qué estás así?
—No sé ni porqué entré para acompañarla, me llamó cobarde, ¿Puedes creerlo? Clara me reclamó el porqué me la traje sin enfrentar a Alessandro y decirle de su embarazo, no entiendo si ella fue allá...ella hablo con el maldito viejo...
—Cálmate, nuestra hija está vulnerable, está pariendo a su niña, se siente abandonada, está roto su corazón...¿Acaso no lo sabes?
—Todo lo llevaba por dentro, con razón su cambio conmigo, yo solo protegi a mi familia, además que Alessandro rompió el compromiso, ¿Qué quería ella? ¿Seguirse humillando?
—Ella sufre, entiéndelo, más bien esperemos orando que todo salga bien y que Helena nazca con la bendición de Dios...
—¿Helena? Ese es otro punto, ha llamado a la niña Helena por esa gente, ya no sé ni que pensar.
—No pienses nada y ámalas...a las dos. —la mujer se abrazó a su esposo— entiéndela por favor mi amor, ¿Recuerdas cuando tuve a Clara? —rió— según yo era solo tu hija y, solo tu tenías la culpa de que me doliera tanto.
—Lo recuerdo, y te tuve paciencia, ¿Eh?
—Tenle paciencia a ella, es tu hija y sufre, solo la hace feliz Helena, —sonrió la mujer— no discuta por el nombre de la niña, se llama Helena, y ya va a nacer, solo oremos para que Dios cuide a nuestra hija y a Helena, es un hermoso nombre.
—Lo es, pero me recuerda al viejo, ese señor Katsaros es un desperdicio de ser humano....
—No hables así por favor, la niña es una Katsaros. —el hombre la miró y evitó continuar la discusión.
—Oremos mejor por mi hija y mi nieta.
—Vamos...
***
Alessandro Katsaros pensaba en Clara Montenegro, estaba feliz de ver a su detective privado creyendo que le traería noticias, solo que no era la esperada.
—No era su chica señor Katsaros, esta clara Montenegro es una señora de cuarenta y tres años que vive en España, jamás ha venido a Grecia.
—¡Odio ésto! ¡¿Acaso me está diciendo realmente la verdad?!
—Le juro que estoy haciendo lo posible señor Katsaros, ella no quiere que la encuentren, es la única explicación.
—¡Pero yo sí quiero encontrarla, ¿Okey?! —espetó con arrebatos y fue a servirse un vaso de licor.
***
El llanto de Helena llegó hasta los abuelos haciendo calmar tanto sustos y trayendo una inmensa alegría que borraba cualquier disgusto.
Ronald Montenegro abrazó fuertemente a su esposa y le agradecía por darle esa hija maravillosa y valiente que, pese a las dificultades luchaba por salir adelante.
Rieron y aún abrazados esperaban información médica, el tiempo se tornó eterno, se pusieron inquietos hasta que el doctor les dió la noticia.
—Helena ha nacido llena de salud...
—La escuchamos doctor. —dijo la mujer entre lágrimas.
—¿Cómo está mi hija, doctor? —preguntó Montenegro cargado de preocupación— dígame que mi Clara está bien..
—Está bien, dice que tiene hambre, que ustedes no le dieron lo suficiente y que su barriga habla sola, estoy extrañado, ninguna madre me había hecho reír tanto, está feliz, ella parece otra, está muy feliz señor Montenegro, no deja de mirar a Helena.