Romance

Por los derechos de las tortugas

Cada día temprano hago un repaso mental de todas las actividades que debo realizar a lo largo del día y de todas las cosas que debo llevar conmigo antes de salir de la residencia universitaria (nuestro intento de hermandad). Lamentablemente hoy no pude realizar mi ritual de orden debido a que todas habíamos amanecido consolando a Chloe, que acababa de cortar con su exnovio… otra vez.

Cualquiera diría que pudimos haber ignorado su escándalo, pero Chloe no es una persona que pueda ser ignorada, y no me refiero a que sea un cachorrito que no puedes evitar consolar cuando está triste. Chloe es una chica que no se permite ser ignorada, ella puede llegar a ser intensa a veces. Es la abeja reina, y como una de sus mejores amigas no podía ser la única que estuviera en su sueño de belleza mientras todas lanzaban su veneno hacia el ahora innombrable chico.

Pero hoy era mi primer día en la firma Archer & Cavendish y quería causar una buena impresión. Claro, eso era antes de que en un intento desesperado por alcanzar el bus terminara rodando unos cuantos metros y acabara con la dignidad por los suelos, literalmente.

Estoy segura de que mientras el chófer arrancaba pudo ver por el retrovisor cómo rodaba por la calle, y ni siquiera así frenó. Me quedé tirada unos segundos y hasta que me levanté pude notar una mancha de sangre en mi pantalón malditamente blanco.

Inicialmente iba temprano pero no podía presentarme así en mi primer día, como estudiante de tesis de derecho me negaba a que este fuera mi primer perfil profesional. No había otra opción.

Tenía exactamente 10 minutos para cambiarme nuevamente y salir corriendo hacia la ceremonia de bienvenida, con suerte llegaría a tiempo.

Efectivamente, no lo logré.

No conseguí otro transporte y tuve que correr cerca de dos kilómetros y definitivamente no estaba en forma. Algo sobre una manifestación pacífica. No preguntes ahora.

Y eso me lleva a este momento, si enlisto la situación actual:

No alcancé a llegar a la ceremonia de bienvenida en la cual escogería un equipo legal

Llegué con la cara hecha un tomate y con la respiración entrecortada por el esfuerzo físico. Desaliñada.

Quedé en el equipo penal cuando quería el civil.

La razón por la que nadie quería este equipo es porque tiene un alto porcentaje de bajas de pasantes e incluso de abogados junior, lo cual si me preguntan es preocupante.

No di una buena primera impresión (llegué 30 minutos tarde), y tengo miedo.

Creo que tengo ganas de vomitar.

–¿Cuál es tu nombre?

–¿Eh? –volteo hacia la pequeña mujer castaña que parece me está hablando a mí– Ah, Me llamo Maya, Maya Lefebvre –me levanto al instante y extiendo mi mano hacia ella–, estudiante de último año de derecho, soy miembro…

–No te preocupes, solo te pregunté tu nombre. No es a mí a quien tienes que impresionar, yo soy la secretaria del abogado Hughes. Me llamo Laura –sonrió amablemente–. En este momento él le está dando una charla introductoria a sus abogados junior.

Su amabilidad me sorprendió, obviamente no es ella la responsable del porcentaje de bajas en este equipo ¿Sobreviviré? Diablos, espero que sí. La experiencia en estas firmas es mi llave para conseguir un trabajo decente en cuanto me gradúe.

–Hoy hay tres miembros nuevos en este equipo, contándote a ti por supuesto –continúa.

–¿No debería estar con ellos?

–Como llegaste tarde Soames ya debe estar amenazando a esos chicos por ahí –agregó–, pero no te preocupes, solo debes esperar a que regresen los demás y ellos te guiarán. Por cierto, a Soames probablemente le disguste que te hayan dejado en este equipo por la falta de espacio en otros, tu dile que de todas formas esta siempre fue tu primera opción.

–Aunque sea mentira –no sé por qué dije eso.

–Especialmente porque es mentira, a él le agradan los buenos mentirosos, convéncelo. –se da la vuelta y se aleja a su oficina– estaré ahí si me necesitas.

Guau, primer consejo del día y es precisamente la razón por la que quería sentirme segura en el equipo civil.

Puedo lograrlo, sé que no estoy en la situación ideal, aún así, la ansiedad y la adrenalina de la defensa penal siempre ha sido apasionante para mí, pero es esa misma ansiedad la que durante las simulaciones de la universidad no me permitía concentrarme adecuadamente y llegué a perder casos aún cuando tenía buenos argumentos, incluso mejores que los del fiscal.

No soy una buena mentirosa y por ello estaba convencida de que mi lugar seguro sería el derecho civil.

Supongo que los retos son adictivos.

Si mentalizo que esto es solo un reto lograré vencer mi miedo a fallar.

A quién engaño, alguien va ir a prisión.

...

Llevo cerca de 30 minutos esperando en esta silla cuando por fin aparece un trajeado frente a mi.

—Tú debes ser Maya

Me doy cuenta de que estaba viendo fijamente el suelo en medio de una crisis existencial. Levanto los ojos y veo un elegante traje negro y a un rubio de ojos verdes que probablemente tenga mi edad.

—Sí, encantada de conocerte. ¿Cómo sabes mi nombre?

—Soames me lo dijo, eres la pasante que llegó tarde –enarca una ceja, su mirada es maliciosa y puedo ver que esto le divierte, una ola de ansiedad me invade nuevamente. Mi corazón se acelera otra vez. Sé que lo arruiné.

Al menos este tipejo no es mi jefe.

Me levanto, no me enfrentaré al «excelente ambiente laboral» con una diferencia de estatura por estar sentada, llevo puestos los mismos tacones con los que me caí esta mañana (o sea lo suficiente altos para provocar una caída si vas corriendo).

Bien, le llego a la barbilla.

–Supongo que eres uno de los abogados junior nuevos, estamos en las mismas condiciones así que espero que seamos buenos compañeros –muestro mi sonrisa falsa más grande y extiendo mi mano.

El me mira fijamente por unos segundos y estoy a punto de bajar la mano cuando al fin la toma. Suelta una risa corta como un bufido.




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