♡≪════[21/03/ 2016]════≫♡
La noche anterior era uno de esos días en donde la pasas tan bien en los días festivos, que olvidas por un segundo que estos no duran para siempre, ese dia me acoste tarde y sin preocupaciones, viendo una maratón de películas de terror hasta que finalmente me gano el sueño y me dirigí al cuarto de mis padres, para acostarme a un lado de ellos.
《¡No creo en fantasmas, pero por si las dudas duermo con ellos!》
Cuando amaneció, noté que mi madre se levantaba a hacer algo de café para mi padre, el cual seguía durmiendo cómodamente a mi lado, lo miré por varios segundos hasta que el sueño me volvió a ganar. Unos minutos más tarde, mi madre alfa llegó con una taza de café y levantó delicadamente a mi padre, este al ver que traían su bebida favorita, se levantó y se sentó a una orilla de la cama a tomarlo.
—¡Jonathan, levántese YA! —Exclamó mi madre—. ¿Usted cree que el colegio es a la hora que a uno le da la gana o qué?
Aun medio dormido, solté un quejido y me gire en la cama.
—Ma’… cinco minutitos más… —murmure, con la voz todavía dormida.
—¿Cinco minuticos? ¡Son las cinco y cuarenta! —respondió ella, corriendo la cortina—. ¿Usted no tenía entrada a las seis? ¡Va tardísimo!
Mi madre, sin querer dejarme dormir más tiempo, encendió las luces de la habitación y no tuve más remedio que levantarme de aquella cama, me dirigi rapidamente al baño para ducharme y luego me coloque el uniforme del colegio, desayune y nos dirigimos con mi madre al colegio, por milagros de la vida, aquel lugar aún seguía abierto. Al ingresar en él, corrí a toda prisa por los pasillos del colegio, con la mente absorta en idear un plan para colarse en el salón sin que nadie me viera, que no me di cuenta de que estaba apunto de chocar con alguien en el camino.
— Pe…perdón…es…es que estoy un poco…. — titubeé, con la voz temblorosa.
El chico de piel morena soltó una suave risa antes de responder.
— Eh, tranquilo, mano.
Incliné la cabeza en señal de disculpa, y mi voz se deslizó en un susurro apenas audible.
— Si, tendré más cuidado.
Aquel chico asintió su cabeza, con una suave sonrisa en sus labios al escuchar mis palabras. Permaneció en silencio, con la mirada fija en mí durante un largo instante, como si intentara descifrar un pensamiento escondido y finalmente, con el rostro cargado de confusión, rompió el silencio y dijo:
—Oiga, ya viéndolo bien… ¿usted no es el beta solitario que vive dibujando en el salón? —hizo una pausa— Jonathan, ¿cierto?
Nunca antes había visto a ese tipo en mi vida, así que me sorprendió que supiera mi nombre.
— ¿Si? ¿Te conozco? — Pregunté un poco confundido.
Noté que la sonrisa se desvaneció de su rostro al escuchar mi pregunta.
— ¡Lo dices enserio! ¿no me conoces?
Lo observé en silencio durante varios segundos, intentando encontrar en mi memoria algún indicio que me resultara familiar. Pero fue inutil, ese rostro me resultaba completamente desconocido y después de un largo silencio, finalmente, negué con la cabeza, aceptando que no lo conocía.
—¿Cómo así que no me conoce, hombre? Yo soy Samuel —dijo, inflando el pecho—. Estamos en el mismo salón, y por si no se ha dado cuenta, soy uno de los alfas más guapos e inteligentes de aquí.
— Ya veo. — Respondí, con una sonrisa fingida.
《¡Ese tipo es el payaso del salon!》
Luego, el chico me clavó la mirada por un instante, y una tenue sonrisa se dibujó suavemente en sus labios.
—Venga, sígame, yo lo llevo al salón, que se nota que anda perdido.
Asentí ante sus palabras y lo seguí, no porque estuviera perdido, sino por la excusa de que no quería ser el único centro de atención al entrar al salón de clases. Después de una larga caminata en la que el tipo no dejó de hablar, por fin llegamos al salón de clases y al asomarme, una oleada de pánico me invadió al darme cuenta de que la clase ya había empezado.
—¡La profe ya empezó la clase! —susurré, con el corazón latiéndome a mil—. No creo que sea buena idea entrar así… ¿y ahora qué le decimos?
El chico mostraba una actitud despreocupada, como si la situación no representara el menor indicio de miedo.
—¡Tranqui! Tengo una excusa buenísima. —dijo entre risas, medio travieso.
Lo miré con seriedad, sin entender a qué excusa se refería.
— ¿Enserio? — Respondí, confundido.
El chico asintió con una sonrisa y rápidamente me tomó del brazo y, casi arrastrándome, me condujo hasta la puerta del salón para abrirla.
—Sí, sí… tú solo sígueme la corriente, ¿entendido? —respondió, soltando una risita leve.
Después de aquellas palabras, el alfa empujó la puerta y esta se abrió con un chirrido tan fuerte que quebró de golpe el silencio que había en el aula de clase, rápidamente las miradas de todos los estudiantes se volvían hacia nosotros y el calor subió de inmediato a mis mejillas, que ardían por la vergüenza, mientras bajaba la vista e intentaba disimular mi desconcierto.