Romance equivocado

Capítulo 9.1: Sentimientos ocultos

♡≪════[25/03/ 2016]════≫♡

Después de dar quince vueltas por la cancha del colegio, mis amigos y yo terminamos completamente rendidos, así que nos dejamos caer en una esquina del patio de recreo. A mi lado, Emma se abanicaba con la mano, exagerando cada respiro, mientras Daniel se inclinaba hacia adelante, con los codos apoyados en las rodillas, tratando de recuperar el aire.

Por otro lado, Felix estaba jugando fútbol con los otros alfas, moviéndose con una naturalidad que parecía imposible después de tantos ejercicios.

—Es increíble… —murmuró Daniel de pronto.

Al escucharlo, Emma y yo seguimos la dirección de su mirada y notamos que no estaba viendo en partido en general, sino que estaba viendo a Félix.

《¿A Daniel le gusta Félix?》

—Daniel… —susurró, dándole un leve codazo—. Disimula un poquito, ¿sí?

—No es lo que creen —dijo rápido—. Yo…yo…

Pasaron unos segundos de silencio, hasta que suspiró, como si ya no pudiera guardárselo más.

—Bien… Me gusta Félix ¿contentos? —confesó al fin.

Emma tuvo que taparse la boca para no gritar.

—¡Lo sabía! —susurró, temblándole la voz de emoción.

Daniel la miró con súplica.

—No hagas un show, por favor.

—No prometo nada —respondió ella, sonriendo.

Luego, Daniel me miró a mí y su expresión cambió un poco, volviéndose más seria.

—Pero no sé si yo le gusto a él —continuó—. Y ahí es donde entra tu ayuda.

Tragué saliva.

—¿Mi ayuda?

—Tú eres su mejor amigo —dijo—. ¿Él alguna vez te ha hablado de alguien que le guste?

La pregunta me tomó desprevenido. Pensé en Félix, en todas las conversaciones durante las tardes en mi casa, aunque eran muchas y de diversos temas, nunca habíamos tocado el tema de las personas que nos han gustado.

—No, lo siento… —respondí con sinceridad—. Félix nunca me ha dicho nada sobre eso…. Ni ahora ni antes.

Daniel bajó un poco los hombros, pero Emma no tardó en intervenir.

—Eso no significa que no tengas oportunidad —dijo enseguida—. A veces la gente se guarda esas cosas.

Miré otra vez hacia la cancha, Felix reía con los demás, ajeno a todo esto. Pensé que, tal vez, sí podría gustarle Daniel. Después de todo, era un omega amable, lindo, y siempre tenía algo bueno que decir.

—Podrías intentar acercarte más —le dije finalmente, con una sonrisa tranquila—. Invítalo a pasar tiempo contigo, a hacer algo juntos…. No creo que te diga que no… no a alguien como tú.

Daniel me miró, un poco más animado.

—¿Tú crees?

Asentí, aunque por dentro algo me apretó el pecho. Tenía miedo, miedo a que, si mi mejor amigo tenía novio, ya no pudiéramos pasar tanto tiempo juntos, a que las cosas cambiaran sin avisar. Aun así, también sabía que, si eso pasaba, quería que él fuera feliz con el amor de su vida, incluso si eso significaba aprender a quedar en un segundo plano de su vida.

La clase de educación física terminó y nos dirigimos a la clase de español con nuestra docente titular, al entrar, la profesora apenas asomó la cabeza por la puerta y, con una sonrisa rápida, nos dio la noticia:

—Chicos, hoy van a tener hora libre. Necesito salir con los del baile folclórico colombiano.

El salón completo estalló en risas y golpes suaves contra los pupitres y uno a uno, los del grupo de baile se levantaron. Vi a Felix ponerse de pie, estirarse un poco como si el cansancio no existiera para él. Emma salió detrás, emocionada, hablando sin parar, y Daniel la siguió, todavía algo nervioso, pero con esa seguridad tranquila que le salía cuando bailaba.

Los tres se perdieron por la puerta junto a la profesora, entre comentarios sobre ensayos y coreografías, el salón quedó más silencioso, aunque no del todo. Aproveché esos momentos libres para abrir mi cuaderno y trazar líneas sin pensar demasiado, dejando que la mano se moviera sola, como si dibujar fuera una forma silenciosa de ordenar todo lo que tenía en la cabeza.

—¡Eh, parce, usted dibuja re bien! —dijo una voz que me obligó a alzar la mirada.

《 ¡Otra vez este idiota! 》

El tono de Samuel sonaba genuinamente sorprendido, como si nunca hubiera imaginado encontrar algo realmente interesante en medio de tanta monotonía.

—¿Gracias...? Supongo —murmuré, sin apartar la vista del dibujo, aunque por dentro me sentía cada vez más incómodo.

Ese chico no dejaba de mirarme y permaneció firme frente a mí, envuelto en un silencio que parecía pesar en el aire, observando cada trazo que mis manos dibujaban con los colores. No decía ni una palabra; solo sus ojos, fijos en mis movimientos, seguían cada gesto con una intensidad callada que poco a poco empezó a incomodarme.

—Te está quedando bonito, pero decime una cosa… ¿y esas manos por qué te quedaron de distinto color, ah?

—Porque así las quiero dibujar, ¿o qué? ¿Algún problema? —respondí, sintiendo cómo la incomodidad me trepaba por la garganta, pero sin dar el brazo a torcer.



#4950 en Novela romántica
#1344 en Fantasía

En el texto hay: humor, omegaverse, romance

Editado: 04.02.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.