Romance equivocado

Capítulo 11.2: Sentimientos confusos

♡≪════[02/04/ 2016]════≫♡

Mis ojos se encontraban cerrados, nervioso por la situación en la que me encontraba, sin embargo aquel beso nunca llegó y de la nada escuche la voz de mi padre gritar:

—¡Jonathan, despierta! ¡Tu madre ya se alistó para ir al mercado, faltas tu!

Abrí mis ojos y me di cuenta que la habitación se encontraba completamente vacía.

《 ¿Que fue ese sueño tan extraño? 》

Me levanté de golpe, con la cara sonrojada, me tomó unos segundos procesar lo que mi mente había imaginado solamente por aquel olor a feromonas y eso me hizo sentirme como un completo pervertido.

《 ¿Cómo pude soñar tales cosas? 》

Intente analizar las cosas y tratar de tranquilizarme, aquellos sueños debieron ser producto a que se acerca tu periodo de celo y no porque tengas algunos sentimientos encontrados por aquel chico tonto, con eso en mente, procedi a levantarme de mi cama.

《 Luego en el mercado, le dire a mamá que me compre los supresores, por si acaso…》

—¡Jonathan, alistate rápido que se te hace tarde! — Exclamó mi padre desde la cocina.

Mi mirada se dirigió inconscientemente al reloj despertador que tenía en la mesa de noche y vi que el reloj marcaba exactamente las cuatro de la madrugada.

《 ¿Cómo así que ya es tarde? Si todavía ni abre el mercado… 》

Aun asi, decidi hacer caso omiso y tratar de arreglarme lo más rápido que pudiera para poder desayunar e irme con mi madre al mercado, aunque posiblemente tendríamos que esperar algunas horas para que lo abran.

—¡Ya voy papa! — Respondí.

Minutos después, salí de la habitación y mi papá ya estaba sirviendo el café con pan, mientras mi madre revisaba la lista de compras que había escrito mi padre en la mesa.

—Buenos días, mi chinito. —dijo mi mamá con una sonrisa—. Pensé que ibas a quedarte pegado a la almohada hasta las seis.

—Buenos días… —murmuré, todavía medio ido—. Ya estoy listo.

Desayunamos y al terminar, nos dirigimos con mi madre directamente hacia el mercado, llegamos justo cuando apenas estaban abriendo las persianas metálicas y las luces fluorescentes parpadeaban como si tuvieran sueño, mi madre sacó de un bolsillo la lista y compramos lo mismo de siempre.

Al regresar a casa, ayudé a mi padre a guardar todo en la nevera y en los estantes, almorcé arroz con pollo y ensalada, y después me fui directo al cuarto. Me tiré en la cama boca arriba, mirando el techo con manchas de humedad que parecen mapas de países inventados, eso solo significaba que me estaba aburriendo en aquella casa, no tenía ganas de estudiar, no tenía ganas de ver videos, no tenía ganas de nada. Solo quería que el día pasara rápido y olvidarme de todo lo que había pasado en las últimas veinticuatro horas.

Entonces mi teléfono vibró y lo agarre sin muchas ganas, al mirar la barra de notificaciones, me di cuenta que era un mensaje de Felix.

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Félix: ey chiqui, ¿te animas a venir a la casa? tengo que hacer la tarea de mates y solo no le entiendo ni madres. te invito gaseosa y algo de comer si quieres. ven, anda

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Miré el mensaje un rato con una sonrisa, no podía creer que el estudiante más destacado del salón, estaba rogando por ayuda a su mejor amigo. Por otro lado, era la oportunidad perfecta para poder salir de mi casa y no aburrirme, así que rápidamente me dispuse a escribir un simple.

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Yo: Dale, ya voy…en veinte minutos estoy allá

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Rápidamente guardé mis cuadernos en mi bolso y les pedí permiso a mis padres para salir, ellos accedieron con la condición de que no llegara tan tarde y salí en dirección a la casa de Felix que quedaba a unas seis cuadras, un caminito fácil. Cuando llegué, él abrió la puerta con una sonrisa enorme, como si llevara semanas esperándome.

—¡Holi, Chiqui! Pasa, pasa. — Exclamó, haciendo un gesto para que entrara. — ¿Quieres gaseosa o agua de panela?

—El agua de panela está bien —Respondí con una sonrisa.

Nos sentamos en el sofá con la mesa llena de cuadernos, lápices y una bolsa de papas fritas abierta. Hablamos un buen rato sobre diferentes temas y eso hizo que el tiempo pasara más rápido de lo normal, todo iba bien hasta que note cómo Felix se quedó callado de repente, lo vi dirigiendo su mano hacia la sien y frunció el ceño ligeramente.

—¿Estás bien? —pregunté.

—Si, solo me duele un poco la cabeza… ya vengo…. Voy por una pastilla.

Se levantó y se fue por el pasillo hacia su cuarto, pasaron unos cinco minutos, luego diez y aquel chico no volvió a la sala de estar y eso me puso nervioso, así que me levanté del sofá y me dirigí a la puerta de su habitación, mientras me acercaba sentí un poco de mareo, pero no le di importancia, porque la preocupacion era mas fuerte que el mareo.

—¿Félix? —grité —. ¿Estás bien?



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En el texto hay: humor, omegaverse, romance

Editado: 04.02.2026

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