♡≪════[02/04/ 2016]════≫♡
Me quedé ahí, arrodillado junto a él, con las manos temblándome y la vista nublada por las lágrimas.
—Por favor… despierta —susurré, con la voz quebrada—. Félix, por favor…
Entonces, un sonido rompió el silencio de aquel lugar, la puerta principal de la casa se abrió y eso hizo que me sobresaltara al instante.
—¿Otra vez dejaste todo hecho un desastre? —se escuchó una voz masculina desde la entrada.
Unos pasos se fueron acercando poco a poco se detuvieron frente a la puerta del cuarto. Sentí cómo el aire cambiaba, como si algo pesado estuviera a punto de caer sobre nosotros.
—¿No hiciste aseo hoy? —continuó la voz, ahora más cerca—. Mamá va a matarte si ve…— Gritó, mientras la puerta se abría de golpe.
Aquel chico se quedó completamente inmovil y su mirada pasó del cuerpo de su hermano tendido en el suelo a mi, arrodillado a su lado, con el rostro empapado en lágrimas y los hombros sacudidos por el llanto.
— ¿Qué carajos pasó aquí? —preguntó finalmente, con un tono bajo, serio.
Yo intenté hablar, pero la voz no me salió, al notar esto, su hermano dio un paso más dentro del cuarto.
—Oye —dijo, agachándose a mi altura—. Pequeño llorón… mírame.
Obedecí sin fuerzas.
—¿Mi hermano te hizo algo?
Negué con la cabeza rápidamente, casi desesperado.
—No… no… él no… yo… —la voz se me quebró—. No me hizo daño.
Dylan soltó el aire con fuerza, como si eso fuera lo primero que necesitaba escuchar y luego revisó a Félix con rapidez y experiencia, tocándole el pulso, observando su respiración, sin mostrar pánico, mientras yo seguía llorando en silencio.
—Cuéntame qué pasó —me pidió, ahora con un tono más firme pero no agresivo.
Tragué saliva y, entrecortado, le conté todo. Desde el dolor de cabeza de Félix, su encierro en el cuarto, la advertencia de que no entrara, hasta el momento en que abrí la puerta.
—Fue mi culpa… —susurré—. Él me dijo que no entrara y yo… yo no le hice caso.
Dylan se giró hacia mí de inmediato.
—No —dijo con firmeza—. Eso no es cierto.
Me miró directamente a los ojos.
—No fue tu culpa, la culpa es de mi hermano Félix por ser un completo irresponsable con sus ciclos de celo, él sabe que es muy irregular y le llega de forma inesperada, así que no debía traerte aquí.
Sus palabras no fueron duras conmigo, sino con su hermano.
—Lo que pasó no debió pasar —continuó—, pero tú no hiciste nada malo.
Sentí un pequeño alivio, aunque el nudo en el pecho seguía ahí.
—¿Él… va a estar bien? —pregunté, mirando el cuerpo inmóvil de Félix.
—Sí —respondió sin dudar—. Se desmayó por exceso de feromonas, no es grave, sin embargo dormirá… probablemente hasta mañana.
Eso no borró lo ocurrido, pero al menos calmó un poco el terror que me recorría el cuerpo, luego Dylan se puso de pie y volvió a mirarme.
—Voy a llevarte a tu casa.
—No… no hace falta —dije rápidamente—. Puedo irme solo.
Negó con la cabeza.
—Ni pensarlo —respondió—. Es peligroso para un omega andar solo por las calles a esta hora.
Observe el reloj, eran las seis de la tarde, me sorprendió bastante y a la vez me dio nervios, pues había quedo con mis padres que regresaría a las cuatro de la tarde, porque a ellos les daba miedo que estuviera en la calle a esas horas de la noche, mire a Dylan quien seguía esperando mi respuesta, solamente asentí en silencio y me dio uno de los cascos de la moto, para que me lo colocara.
—Súbete, pequeño llorón —dijo, sin burla, casi como una costumbre.
Me aferré a la parte trasera con manos temblorosas mientras arrancaba, sentí como el viento secó parte de mis lágrimas, pero no logró borrar lo que acababa de suceder. Al llegar frente a mi casa, Dylan detuvo la moto con suavidad y me hizo un gesto con la cabeza para que bajara, me quité el casco con manos todavía temblorosas y se lo devolví sin mirarlo directamente.
—Ya estás —dijo—. Entra y descansa.
Antes de alejarse, me dedicó una última mirada seria, como si quisiera asegurarse de que estaría bien, y luego arrancó sin decir nada más. Me quedé unos segundos parado frente a la puerta, respirando hondo, acomodando mis pensamientos, tratando de borrar del rostro cualquier rastro de lo que había pasado.
Toqué la puerta despacio y casi de inmediato, se abrió y me encontré con la mirada preocupada de mis padres.
—¿Dónde estabas? —preguntó mi padre, con la voz cargada de ansiedad.
Mi madre también se acercó, serio, observándome con atención.
—Perdón… —murmuré—. Se me pasó el tiempo haciendo tareas con Félix y no me di cuenta de la hora.
Inventé una historia simple y creíble para que mis padres no se preocuparan, al terminar de contar, ellos se miraron entre sí y, tras unos segundos, parecieron relajarse.