♡≪════[04/04/ 2016]════≫♡
.El lunes llegué al colegio más temprano de lo habitual, el salon aun estaba cerrado y no había rastro de la profesora, así que me senté cerca de la puerta, en uno de los bordes del patio de recreo y saque mi libreta de dibujos de la mochila, la abrí y comencé a dibujar a la pareja de mi caricatura favorita, luego de un rato, llegó Felix con una actitud tranquila y con la mochila colgándole de un solo hombro, como si nada hubiera pasado el sábado.
—Llegaste temprano —dijo, soltando una pequeña risa—. Eso sí es raro en ti.
Sentí cómo el corazón me daba un vuelco, pero forcé una sonrisa.
—Lo mismo digo, es raro verte por aquí tan temprano.
Se acercó y se sentó a mi lado, apoyando la espalda contra la pared y durante unos segundos, ninguno de los dos se atrevió a decir nada.
—Oye, chiqui… —dijo al fin—. Gracias por cuidarme y lamento mucho que tuvieras que vivir algo asi, no sabia que mi celo llegaría precisamente ese día.
Sentí que el corazón me daba un salto.
—¿Tú… ¿Recuerdas lo que pasó? —pregunté, sin poder disimular el nerviosismo.
Félix frunció ligeramente el ceño, sorprendido y yo lo miré con atención, buscando alguna señal.
—No, no recuerdo nada de nada —continuó—. Solo desperté al día siguiente en mi cama y con un dolor de cabeza horrible….. Por eso quería preguntarte… —bajó un poco la voz— ¿te hice algún daño?
—No —respondí de inmediato—. No me hiciste nada.
Félix soltó el aire que parecía haber estado conteniendo.
—Menos mal… —murmuró—. No me lo habría perdonado jamás si te hubiera lastimado.
Me quedé en silencio un momento.
—Entonces… ¿cómo sabes que me quedé contigo? —pregunté.
—Mi hermano —respondió—. Me dijo que estuviste ahí, que no te fuiste hasta que él llegó.
Asentí despacio.
《 ¿Dylan no le mencionó nada de lo que le conte?》
Sentí un ligero alivio, sin embargo, Félix se rascó la nuca, visiblemente avergonzado.
—Oye… —dijo—. Aunque no recuerde nada, me gustaría que me contaras exactamente qué fue lo que pasó.
El corazón me latía con fuerza, pero sabía que no podía seguir evitándolo.
—Yo…
Sin embargo, no pude contarle nada, porque alguien nos interrumpió.
—¡Félix! — Grito Daniel.
Levanté la vista y lo vi acercarse con una sonrisa enorme, cargando su estuche de instrumento.
—¡Te estaba buscando! —exclamó—. Nos dieron permiso para que la banda ensaye durante la primera hora.
Parpadeé, sorprendido.
—¿Banda? —pregunté—. Yo no sabía que tú también estabas en la banda.
Daniel me miró con entusiasmo.
—Me uní hace poco —respondió—. Me llamó la atención y decidí intentarlo.
Luego se giró hacia Félix.
—¿Vamos? Si llegamos tarde, el profe nos quitará el permiso.
Félix se puso de pie, acomodándose la mochila y antes de irse, me miró.
—Cuando vuelva del ensayo, en la segunda hora —dijo—, me explicas todo, ¿sí?
Sentí cómo el calor me subía al rostro.
—Sí —respondí, bajando un poco la mirada.
Félix y Daniel se alejaron juntos, hablando animadamente, hasta desaparecer por uno de los pasillos y yo me quedé allí, solo otra vez en el patio, con la libreta abierta sobre las piernas y el lápiz detenido en el aire. Más tarde, los estudiantes comenzaron a llegar, al igual que la profesora.
—¡Jóvenes, formense en la fila para poder entrar al salon! — Exclamó, mientras abría la puerta. — ¡Si no se organizan, no los dejaré entrar!
Guarde mi cuaderno y solamente deje mi cartuchera por fuera, para llevarla en la mano, me dirigí hacia la fila y mientras esperaba a que los demás estudiantes se organizaron, sentí como sin previo aviso, alguien se acercó directamente hacia mí y, sin decir una palabra, me arrebató la cartuchera..
—¡Samuel, devuélvemela! —exclamé.
Aquel chico solamente me dedico una sonrisa burlona.
—¿La quieres? Pues ven por ella…
Vi cómo ese chico salía corriendo, y sin pensarlo dos veces, corrí los más rápido que pude directamente hacia él, esquivando a las personas que se cruzaban en el camino, hasta que por fin logré alcanzarlo y justo cuando por fin estaba a punto de arrebatársela, levantó el brazo con rapidez, alzando la cartuchera por encima de su cabeza.
Me detuve frente a él, jadeando, y estiré los brazos para tratar de alcanzarla, pero él era más alto que yo y por más que me esforzara, no lograba agarrarla.
—¿Quieres tu cartuchera devuelta?
Asenti con el ceño fruncido y los labios apretados, mientras él mantenía esa sonrisa burlona como si disfrutara verme en esa situación.