♡≪════[04/04/ 2016]════≫♡
En ese momento, mi mamá empezó a hablar por teléfono y parecía discutir por algo, gesticulando con una mano mientras sostenía el celular con la otra. Samuel la miró unos segundos y luego me miró a mí, con esa sonrisa descarada que nunca sabía si tomar en serio.
—A mi suegra sí que le gusta pelear —dijo, como si nada.
《¿Acaba de decir suegra?》
Por un momento, dudé si las había escuchado de verdad o si simplemente mi mente me estaba jugando una mala pasada.
—¿Qué? ¿Qué dijiste? — pregunté, con cierta duda en mi voz.
—¿Yo? Yo no he dicho nada.
Antes de que pudiera responderle, el señor nos entregó los raspados. Samuel tomó el suyo y, justo antes de irse, apoyó la mano sobre mi cabeza, desordenandome el pelo con total confianza y luego se alejó, dejándome ahí, con el raspado derritiéndose lentamente y la sensación extraña de que acababa de pasar algo que no sabía cómo nombrar.
Después de eso, mi madre me llamó para irnos a casa y, durante todo el camino, me perdí en mis pensamientos, estaba seguro que la palabra que había salido de la boca de Samuel había sido:
"mi suegra"
Esas palabras me dejaron intrigado y me esforzaba por descifrar el significado detrás de ellas.
《 ¿Por qué usaría esa palabra? ¿Qué está tratando de decir? 》
Mi madre que había estado en silencio, exclamó:
—¿Cómo te fue hoy? —preguntó mientras comenzábamos a caminar hacia casa.
—Bien… lo de siempre —respondí con un tono que sonó más bajo de lo que pretendía.
Al escuchar eso, solo me miro con una sonrisa en sus labios y siguió caminando junto a mi en calma durante una buena parte del trayecto, acompañados por el canto suave de algunos pájaros y el sol que comenzaba a descender, tiñendo de oro los tejados.
Al llegar a casa, el aroma cálido de la comida casera nos dio la bienvenida en la entrada, mi papa estaba en la cocina, como de costumbre, vistiendo su delantal azul y sosteniendo una cuchara de madera con la familiaridad de quien ha pasado años entre ollas y fogones.
—¡Llegaron justo a tiempo! —anunció papá desde la cocina, removiendo una olla.
Me senté en el comedor y mi madre se acercó hacia mi padre, para abrazarlo por la espalda.
—Huele delicioso
—¡Si! — Respondió mi padre con un ligero sonrojo en sus mejillas. — Ahora ve a sentarte ¡voy a servir el almuerzo!
Antes de separarse mi madre le dio un beso en la mejilla, mientras mi padre seguía revolviendo los frijoles en la olla y yo los miraba con una sonrisa en los labios.
《 ¡Ojalá pudiera tener un romance así de bonito! 》
Mientras comíamos, mamá relataba una anécdota graciosa de su trabajo, sobre una compañera que confundió la sala de juntas con la de descanso. Por mi parte, me encontraba masticando despacio, un poco distraído, porque cada vez vez que intentaba sintonizar con la conversación, mi mente regresaba una y otra vez a Samuel, su voz quebrada implorando perdón, sus ojos que, por primera vez, no me parecieron frío, me desarmaban desde lo más profundo.
《 ¿Por qué sigo pensando en ese chico? 》
Mi padre noto que mi cara había cambiado a una que no sabía cómo describirla y preocupado me preguntó:
—¿Te pasa algo, mi chinito?
Lo mire rápidamente, saliendo de mis pensamientos.
—¿Eh? No, nada… solo estoy cansado por tanto estudio.
No parecía convencido con la respuesta, pero no quiso obligarme a que contara lo que no quería contar, sólo hizo una pequeña sonrisa y respondió:
—¡Ya veo! Si quieres puedes ir a tu cuarto a descansar un rato.
Al llegar a la habitación, cerré la puerta con cuidado y tomé mi teléfono para ver algo en la app de películas gratis, al entrar, deslice el dedo por la pantalla, pasando opciones sin realmente prestar atención, hasta que una portada llamó mi interés. Era un Kdrama romántico que no conocía, pero los colores suaves y la expresión intensa de los personajes me atraparon de inmediato.
—Bueno… veamos qué tal —murmuré, acomodándome mejor y colocándome los audífonos.
Al principio me mantuve atento, siguiendo los subtítulos, tratando de no perderme ningún detalle de la historia del protagonista, sin embargo, mientras avanzaba el tiempo, me empezó a dar sueño y no sé en qué momento exacto pasó, pero el cansancio me ganó la batalla.
Cuando abrí los ojos, ya no estaba en mi habitación, me encontraba de pie en un lugar que no reconocía. Era una habitación amplia, con paredes claras y una luz suave que no parecía venir de ninguna lámpara, todo se sentía demasiado real para ser un sueño, pero al mismo tiempo, extrañamente borroso, como si los bordes del mundo no estuvieran bien definidos.
Di un paso hacia atrás, inquieto.
—¿Hola? —pregunté, aunque mi voz sonó apagada, casi absorbida por el aire.
Entonces la puerta se abrió y mi corazón dio un salto al ver que Samuel entraba por esa puerta, su mirada me recorrió despacio, como si estuviera evaluando cada uno de mis movimientos y sentí un escalofrío recorrerme la espalda.