Romance equivocado

Capítulo 14.2 : Nuestra amistad

♡≪════[04/04/ 2016]════≫♡

Cuando llegué al parque, mi primera reacción fue buscar a Félix con la mirada casi por reflejo, esperando verlo sentado en la banca de siempre o estirando cerca de la cancha, al encontrarlo, note que aquel chico no estaba solo, sino que estaba acompañado.

《¿Daniel…? ¿Qué hace aquí?》

Antes de que alguno de los dos pudiera notarme, retrocedí un paso y me escondí detrás de un árbol grande de mango. Apoyé la espalda contra el tronco áspero, conteniendo la respiración, sintiéndome un cobarde por espiar… pero incapaz de irme.

—Yo… —escuché decir a Daniel, con la voz más baja de lo normal—. Sé que esto puede ser raro, pero necesitaba decírtelo.

Félix no respondió de inmediato.

—Desde hace tiempo me gustas —Exclamó Daniel, tragando saliva.

Mi corazón empezó a latir con fuerza.

《¿Qué…?》

—No sabía si decirlo o no —siguió Daniel—, pero ya no quería seguir fingiendo que no pasa nada.

El silencio que vino después fue pesado, me asomé un poco desde detrás del árbol, con el corazón en la garganta, buscando una reacción y entonces observé como Daniel dio un paso al frente y besó a Felix en la boca. No supe como reaccionar a esa escena e instintivamente me aparté del árbol, di media vuelta y empecé a caminar rápido, casi corriendo, sin mirar atrás.

《 No quiero ver esto…》

Salí del parque con la cabeza baja y los pensamientos hechos un nudo imposible de desatar, camine sin rumbo claro, solo con la necesidad urgente de alejarme, no entendi la razon de mis sentimientos, Felix era mi mejor amigo y tenía que alegrarme por él, además Daniel no era una mala persona, asi que no había nada malo en lo que acababa de ver.

《 Entonces… ¿por qué me dolía? 》

Apreté los puños dentro de los bolsillos.

《 No estoy celoso de mi mejor amigo… ¿o sí? 》

No quería pensar en nada, solo quería llegar a casa y esconderme bajo las sábanas. Estaba tan metido en mis pensamientos que no vi a la persona frente a mí hasta que choqué de lleno con su pecho.

—Ey, ey, cuidado —dijo una voz conocida.

Levanté la vista y vi el rostro de Samuel, mirándome con una sonrisa ladeada, esa que normalmente lograba descolocarme.

—Deberías dejar de chocarte asi conmigo —bromeó—. Ya van dos veces.

Al ver que no respondía nada, aquel chico frunció un poco el ceño, y su expresión cambió al instante.

—Eh… ¿todo bien? —preguntó, inclinándose un poco para verme a la cara—. Tienes cara de que el mundo te pasó por encima.

Negué con la cabeza, sin muchas ganas de explicar nada.

—Estoy bien… —mentí—. Solo cansado…

Samuel me observó unos segundos más, como si no me creyera del todo. Luego suspiró.

—Ven —dijo de pronto—. Vamos por un helado.

—No creo que deba ir—respondí casi automáticamente—. No tengo dinero.

Él soltó una pequeña risa.

—No lo necesitas, yo te invito.

Antes de que pudiera responder, ya me estaba tomando del brazo, guiándome con naturalidad hacia la heladería de la esquina.

—¡Vamos!—añadió, sonriendo—, dicen que el helado arregla días horribles.

Al llegar, Samuel avanzó directo al mostrador, como si ya supiera exactamente qué quería, y yo lo seguí en silencio, todavía con ese peso raro en el pecho.

—¿Qué vas a querer? —me preguntó, girándose hacia mí.

Miré el letrero con los sabores, aunque ya sabía la respuesta desde antes.

—Chocolate —dije, casi en un murmullo.

Samuel soltó una risa breve y giró la cabeza hacia mí.

—¿En serio? También es mi favorito.

—¿Ah, sí? —dije, sorprendido, levantando un poco las cejas.

—Sí —asintió.

No sé por qué, pero eso me hizo gracia y una risa casi tímida se me escapó sin permiso y Samuel pareció notarlo, porque sonrió con más ganas, como si esa risa fuera justo lo que estaba buscando.

—Dos helados de chocolate —pidió al encargado—. Grandes.

—Oye, no tenías que pedirlos grandes —protesté en voz baja.

—Claro que sí —respondió—. Días difíciles merecen grandes helados.

No supe qué decir a eso, así que solo asentí, cuando nos entregaron los helados, buscamos una mesa junto a la ventana, nos sentamos uno frente al otro, y por un momento solo se escuchó el ruido lejano de la calle y el tintinear de las cucharitas.

—¿Sabes? —dijo mientras probaba el helado—. Este lugar era mejor antes, pero sigue siendo decente, aunque antes le ponían más chispas de chocolate.

—¿ahora eres un crítico profesional de helados? —pregunté, un poco más relajado.

—Si —respondió muy serio—. Es una responsabilidad importante.



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En el texto hay: humor, omegaverse, romance

Editado: 04.02.2026

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