♡≪════[16/01/ 2017]════≫♡
En aquellos días, cuando las clases comenzaron y la rutina escolar estaba en pleno apogeo, me encontré enfrentando un desafío inesperado que presentan los omegas en la adolescencia y eso era:
《 ¡Mi primer celo! 》
Honestamente, estaba un poco molesto, porque esto me impedía salir de mi cuarto.
—Esto es tan abrumador… —Murmuré mientras me encontraba tumbado en la cama.
Ese mismo día, Felix apareció en mi casa con notas y apuntes para asegurarse de que no me atrasara en los estudios, mi padre fue quien escuchó la puerta y lo recibió cordialmente.
—¡Félix! ¿Cómo estás, mijo? —saludó mi papá con esa amabilidad que siempre usa cuando le cae bien alguien.
—¡Hola, señor! Bien, gracias a Dios. ¿Y usted? —respondió Félix, derechito, respetuoso, casi como si estuviera en entrevista.
—Ahí vamos, ahí vamos… todo en orden. Pero contame, ¿qué te trae por acá? —preguntó mi papá, cruzándose de brazos, curioso pero tranquilo.
—Vine a traerle los apuntes a Jonathan, pa’ que no se me atrase con las clases —explicó Félix, levantando un poco los cuadernos como prueba.
—No, pues qué detalle tan bonito, Félix, se nota que sos buen amigo —respondió mi papá, asintiendo con aprobación.
La situación se volvió aún más peculiar cuando mi padre tuvo que ausentarse por un momento.
—Félix, ¿te puedo pedir un favor? —preguntó mi papá, acomodándose las llaves en la mano, con ese tono serio pero amable que siempre usa cuando algo le importa de verdad.
—¡Claro que sí, señor! Dígame nomás —respondió Félix casi de inmediato, enderezándose como si lo hubieran llamado a formación.
—Me toca salir a comprar unos medicamentos y la mamá de Jonathan está trabajando. ¿Será que me haces el favor de cuidarlo un momentico mientras regreso?
Félix tragó saliva, pero asintió con una seguridad que parecía más grande que él mismo.
—Sí, señor… tranquilo…. Yo me quedo pendiente de él.
Aquel chico se quedó en la sala principal, mientras tanto, yo me encontraba recostado en mi cama, mirando el techo y tratando de distraer mi mente de las sensaciones abrumadoras que acompañaban a mi celo. En ese momento, la sed me ganó y salí de mi habitación, Felix se encontraba allí, en el sofá, y al verme se puso un poco nervioso.
—Hola, chiqui, ¿cómo sigues? —preguntó Félix, con esa vocecita cargada de preocupación que no sabía disimular—. ¿Necesitas algo?
—Solo vine por un poco de agua… —respondí, sirviéndome despacio—. Oye, y allá en el cole, ¿cómo va todo?
—Pues bien, supongo, llegaron profes nuevos y el salón sigue siendo el mismo parche de siempre —dijo él, encogiéndose de hombros.
Solté una risa pequeña, aunque por dentro me dio un vacío raro.
—Ay, qué chévere… —murmuré, sintiendo esa punzadita rara en el pecho—. Lástima que no pueda ir todavía, me toca esperar una semana más.
Félix bajó la voz, más suave.
—Esa semana se pasa volando, ya verás.
Seguí conversando con Felix, aunque un poco mareado, por un segundo olvide que Felix era un alfa, porque no reaccionaba, hasta que noté que sus ojos azules comenzaron a cambiar, adquiriendo un tono dorado intenso.
—Félix… yo… lo siento… —murmuré, bajando la mirada.
Él respiró hondo, como si estuviera intentando aferrarse a algo invisible.
—No… no es tu culpa… estoy bien… yo solo… debo alejarme un poco. —dijo, pero su voz ya no sonaba igual. Sonaba más grave, más tensa.
De pronto dio un pequeño paso hacia atrás y tambaleó.
—¡Félix! —exclamé.
Corrí a sostenerlo antes de que cayera, mis manos se aferraron a su camisa y él, por instinto, rodeó mi cintura para estabilizarse, estábamos tan cerca que podía sentir sus feromonas salir un poco, el se me quedó mirando, luego, sus ojos dorados bajaron a mis labios, por un segundo que pareció eterno, sentí como su rostro se inclinó hacia el mío.
Mi cuerpo se paralizó por completo, hasta que escuchamos la puerta abrirse.
—¡Hola, ya llegué! — Exclamó mi padre que acaba de llegar de la droguería.
Félix, visiblemente nervioso al escuchar la voz de mi padre, se alejó de mí rápidamente.
—¡Me tengo que ir! — Exclamó, mientras se alejaba lentamente en silencio.
Quedé sentado en aquel sofá, desconcertado y solo, con una mezcla de confusión, por otro lado, Félix, quien se encontraba caminando hacia la puerta, parecía asustado, como si estuviera pensando. Mi padre no se dio cuenta de la escena, así que le pareció extraño que se fuera con rapidez, pero pensó que sería porque tenía algo urgente que hacer.
Esa noche, cuando el cielo ya estaba oscuro y mi cuarto se sentía demasiado pequeño para mis pensamientos, mi celular vibró y al observar, noté que era un mensaje de Felix y trague saliva antes de abrir el mensaje.
Perdóname