Romance equivocado

Capítulo 20.1: Declaración de sentimientos

♡≪════[23/01/ 2017]════≫♡

Cuando pasó mi celo, volví nuevamente a las clases, al entrar al salón note que este se encontraba lleno, solo había un puesto vacío al lado de Samuel, sentí los nervios treparme por el pecho, pero caminé igual, con pasos que fingían seguridad.

—Hola, Jonathan —dijo Samuel con esa naturalidad suya, como si no fuera consciente del efecto que causaba.

Asentí.

—Hola.

Saqué mi cuaderno y empecé a escribir de inmediato, concentrándome en cada palabra como si el mundo dependiera de mi caligrafía.

—¿Siempre eres así de serio? —preguntó de repente.

Me sorprendió la pregunta, pero no respondí y simplemente me limite a seguir escribiendo, sin embargo, sentí su mirada clavada en mí, curiosa e insistente.

—Oye —insistió—. ¿No sabes sonreír?

Apreté un poco más el bolígrafo, estaba bastante nervioso, entonces, sin previo aviso, sentí sus manos en mi cintura.

—¡Samuel! —solté, sorprendido.

Empezó a hacerme cosquillas con descaro, moviendo los dedos con precisión maliciosa, por mi parte, intente mantenerme firme, pero fue inutil y terminé soltando una pequeña risa.

—¡Para! —dije entre risas, intentando apartarlo—. ¡Ya!

Él siguió un segundo más, disfrutando claramente de su victoria, hasta que finalmente me soltó, lo mire mientras respiraba agitado y con la mejillas ardiendo, mientras que aquel chico me observó con una sonrisa satisfecha.

—Ves —dijo con calma—. Sí sabes sonreír.

Bajé la mirada, todavía intentando recuperar la compostura.

—Tienes una sonrisa bonita como para ocultarla —añadió, apoyando el codo en el pupitre.

Mi corazón dio un pequeño salto que intenté ignorar, no supe como responder a aquellas palabras, así que volví a mi cuaderno, fingiendo concentración, aunque las palabras ya no tenían sentido y mi mente repetía esa frase una y otra vez.

“Bonita sonrisa.”

Más tarde, el timbre sonó y salimos al patio debido a que la clase de educación física no se realizaría, debido a que el profesor no vino, así que nos dejaron libres en la cancha. Algunos comenzaron a jugar fútbol, otros se sentaron en las gradas a hablar, y yo aproveché para reunirme con Daniel, Lucy y Emma bajo la sombra de un árbol.

Me senté en el suelo, abrazando mis rodillas, mientras miraba hacia donde Samuel se encontraba.

—Chicos… creo que quiero declararme a alguien —dije, bajando la voz un poco—. Pero… Tengo miedo de que esa persona no me acepte.

Lucy arqueó una ceja con esa chispa de curiosidad que siempre tenía.

—¿Es Samuel? —preguntó directo.

Asentí, incapaz de ocultarlo.

—Sí… —susurré, casi sin darme cuenta.

Emma se inclinó hacia mí con una sonrisa traviesa.

—¿Y por qué tienes miedo? —preguntó, como si esperara escuchar algo dramático.

Suspiré, mirando mis manos entrelazadas.

—Pues… él siempre está rodeado de omegas más bonitos que yo… No creo tener ninguna oportunidad.

Lucy rodó los ojos, mientras Emma se inclinaba hacia mí, con una sonrisa alentadora.

—Jonathan… —dijo Lucy—. No seas tonto. ¿Y todas esas indirectas que te ha dado desde el año pasado? ¿Nada de eso significa algo?

Negué con la cabeza, mordiendo el labio.

—Yo… —dije—. Creo que solo lo hace por ser amable.

—Eso no es verdad —intervino Emma, apretando mi hombro con fuerza—. Él te busca, te mira, se preocupa por ti y eso es más que amabilidad.

—Sí, Jonathan —agregó Daniel. — Deberías decirle lo que sientes.

Asentí ante sus palabras de apoyo, luego de eso, el tema cambió drásticamente debido a Daniel.

—Por cierto… Félix se acercó a hablarme la semana pasada.

Lucy y Emma soltaron un “oooh” al unísono, lanzándose miradas cómplices.

—¿Ya se hicieron pareja? —preguntó Lucy con voz traviesa, inclinándose hacia Daniel.

—Sí… —dijo él, con una sonrisa tímida—. Solo que el otro aún no lo sabe.

Todos estallaron en carcajadas, incluyéndome a mí, mientras que Daniel parecía un poco apenado, pero también orgulloso.

—No pierdo la esperanza —dijo al final, cruzándose de brazos con una determinación divertida—. Algún día será mi novio.

Nos reímos todos juntos, y por un instante, me sentí más ligero, como si la presencia de mis amigos hiciera que todo fuera un poco más posible. Finalmente la clase terminó y nos dirigimos al otro salón para ver la última clase de la jornada, me acerqué para sentarme al lado de mis amigos y luego de un rato, empezamos a discutir sobre la tarea que el profesor había dejado.

—Jonathan, ¿puedes explicar esta parte? —preguntó Lucy, señalando un ejercicio.

—Eh… sí, claro —dije, intentando enfocarme en el cuaderno y no en lo que sucedía a mi alrededor.



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En el texto hay: humor, omegaverse, romance

Editado: 16.02.2026

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