Romperme en dos

Capítulo 8 — Volver a lugares que ya no son míos

No pensé que dolería tanto.

Era solo un lugar.

Un café cualquiera, en una esquina que la mayoría de la gente pasa sin mirar dos veces. Nada especial… nada que justificara el peso que sentí en el pecho apenas lo vi.

Y aun así… me detuve.

Como si mi cuerpo lo hubiera reconocido antes que mi mente.

Como si una parte de mí todavía perteneciera ahí.

Empujé la puerta con cuidado, como si al hacerlo pudiera cambiar algo. Como si tal vez, solo tal vez, todo siguiera igual.

Pero no.

El sonido era el mismo.
El aroma… también.
Las mesas en el mismo lugar.
Y sin embargo… todo se sentía ajeno.
Porque ya no estabas.

Caminé despacio, observando cada rincón, cada detalle que antes pasaba desapercibido y que ahora parecía tener un significado demasiado grande.

Esa mesa.

Ahí fue donde reí sin control por algo que ya no recuerdo.
Ahí fue donde sentí, por primera vez, que podía bajar la guardia.
Ahí fue donde empezó algo que ahora… ya no existe.

Me senté.

No sé por qué lo hice.

Tal vez por costumbre.
Tal vez por nostalgia.
Tal vez porque una parte de mí necesitaba comprobar que sí… que todo había cambiado.

Pasé mis dedos por la superficie de la mesa, como si pudiera encontrar rastros de lo que fue. Como si el tiempo dejara huellas visibles.

Pero no había nada.
Ni señales.
Ni recuerdos físicos.
Solo yo… sosteniendo todo lo que ya no está.

Miré alrededor.

La gente seguía con sus vidas. Hablaban, reían, tomaban café… sin saber que en ese mismo lugar alguien estaba intentando no romperse otra vez.

Y fue ahí cuando lo entendí.

Los lugares no son lo que duele.
Lo que duele es quién eras cuando estabas ahí.
Porque este ya no es mi lugar.

No sin ti.
No sin lo que fuimos.
Ya no me pertenece.
Y tal vez nunca lo hizo.

Tal vez solo fue un espacio prestado… donde por un momento sentí que todo encajaba.

Me levanté sin terminar lo que había pedido.
No tenía sentido quedarme.

Porque hay lugares a los que puedes volver…
pero nunca regresar.

Salí sin mirar atrás.

No por fuerza.
No por valentía.

Sino porque sabía que, si lo hacía…
iba a querer quedarme en algo que ya no existe.

Y esta vez…
tenía que aprender a irme.



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En el texto hay: amor, indesiciones

Editado: 11.04.2026

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