Rompiendo las olas

Capítulo 10

—Amaroo, soy yo, ¿puedo entrar? —le pregunté.

 

—No. —le oí decir desde el otro lado de la puerta.

 

—¿Estás en ropa interior?

 

—No. —Abrí la puerta una vez que escuché su respuesta y lo encuentré muy concentrado mirando a través del microscopio alguna cosa.

 

—Hola. —le regalé una sonrisa y me acerqué con el pote de helado y el sirope de miel.

 

—¿No sabes lo que es la privacidad? —Arqueó una de sus cejas cuando enfocó su mirada en mí.

 

—No.

 

—Ya me lo imaginaba. —Se cruzó de brazos y apoyó su espalda a la silla. —¿Qué quieres?

 

—Te traje helado y miel. —Se lo ofrecí, pero no se movió.

 

—No me gusta la miel, y menos con helado. —Se encogió de hombros con discreción.

 

—¿Por qué no? —fruncí el ceño confundida. «Esta es la combinación perfecta.»

 

—Porque no me gusta. Ya puedes irte, Nadel. —Me regaló una media sonrisa. Estaba siendo mucho más amable que antes.

 

—¿Por qué quieres que me vaya? —Le pregunté intrigada, ¿qué tanto hacía encerrado todas las tardes en la habitación?

 

—Tengo trabajo que hacer. —Volvió su mirada al microscopio e ignoró mi presencia.

 

—¿Hay algo en lo que te pueda ayudar? —No encontraba la manera correcta de agradecerle lo que había hecho por mí, así que decidí hacerle compañía. Me senté a su lado abriendo el envase y comencé a comer el delicioso helado de fresa mientras lo observaba trabajar.

 

—Si te marchas me ayudarías mucho. —Escondió una sonrisa detrás del aparato científico.

 

—Si al final disfrutas de mi compañía. Cuando te marches me vas a extrañar, ya verás. —Le aseguré antes de llenarme la boca de helado. —¡Ay, ay, ay, ay! —«¡Dios, mi cabeza!» Me toqué las cienes con fuerza tratando de que el dolor disminuyera.

 

—¿Ahora qué te pasa? —Sus ojos se encontraron con los míos y noté preocupación en ellos.

 

—Uff, ya pasó. Se me había congelado el cerebro. —Sacudí mi cabeza de un lado a otro y dibujé una sonrisa en mi rostro.

 

—Eres...

 

—Buena persona. —Lo interrumpí antes de que dijera lo que en realidad pensaba. «Ya sé que no soy su humana favorita.»

 

Estuvimos en silencio por varias horas, él con la cabeza metida en sus cosas, tomando muestras y anotando en una libreta todo lo que le parecía importante. Había pensado en marcharme hacía más de una hora, pero cada que su mirada se encontraba con la mía me sonreía, y hallar un libro de detectives en su mesita de noche me había retenido un poco más de tiempo. Era relajante estar allí, no puedo decir que disfrutando de su compañía porque apenas hablábamos, pero si de estar, de sentirme a salvo. Yoisel me parecía aburrido, nada de lo que hacía me interesaba, sus esqueletos de peces eran escalofriantes, su particular gusto por las profundidades marinas era algo impactante y su orden, su maldito orden me ponía de los nervios. Más de una vez me ordenó que no tocara nada, pero como las otras veces, no le presté atención.

 

—¿Cómo era que tu novia te soportaba? —La pregunta salió de mi boca disparada, y me arrepentí de haberla dicho al instante. Fue un simple impulso después de haber escuchado por milésima vez, “No toques eso”.

 

Yoisel estaba pálido, y tras mi metedura de pata apretó con más fuerza el bolígrafo que tenía en su mano. No contestó en el primer minuto, y estaba a punto de disculparme cuando al fin dijo.

 

—Al parecer no lo hacía. —Una frase cargada de dolor, rabia, y decepción. Quería quedarme callada, quería por fin encontrar alguna excusa para irme de su habitación y acostarme en mi cama, pero mi curiosidad era más fuerte que mi cansancio y no me pude contener.

 

—¿Por qué? Yoisel, nadie está con una persona si no lo soporta.

 

—Sé que no soy... como dirías tú, muy comunicativo, pero... al final no supimos entendernos. —Tuve la sensación de que había cortado la conversación. Que quería decir más cosas de cómo era él en realidad.

 

—Oye, que yo te dije que no eras comunicativo conmigo, pero es que tú y yo nos conocemos desde hace muy poco, es lógico que no me tengas confianza. —No quería que se sintiera mal. No era mi intención que recordara su ruptura.

 

—Es complicado, Julia es una persona muy... pasaron cosas, Nadel, cosas de las que no quiero hablar contigo. —Me miró a los ojos esta vez y tuve que ocultar mi cara de asombro al escuchar el nombre de su ex-novia. Julia...

 

—¿Tu novia era Julia? ¿La bióloga que venía todos los años del acuario? —Mi voz sonó chillona, no podía salir de mi estado de conmoción.

 

—Sí. —asintió frunciendo el ceño.

 

—¿Llevaban mucho tiempo juntos? —Fue como un disparo desesperado. Yo sabía cosas, sabía cosas de Julia ¿Las sabrá él también?...

 

—Dos años. —Yoisel me miraba con desconfianza, como si algo en mi rostro no le cuadrara. Empezaba a dolerme la cabeza cuando dejé el libro en la misma posición y en el mismo sitio donde lo había tomado. Me apresuré a la puerta y me despedí con un tenue buenas noches. El huésped no contestó. Seguramente le había parecido muy raro mi escape, pero me tuve que marchar. Esconderme en mi habitación era la mejor idea que había tenido, de lo contrario hubiera provocado el caos al confesarle todo lo que sabía, y el posible daño que eso podía causar a su corazón. Por otra parte, necesitaba hablar con Darel, Julia también lo había engañado. Nunca mencionó a ningún novio, estoy segura de que él me lo hubiera contado, es de esas personas que no pueden tener secretos.

 

Los recuerdos de esos meses viajaban en mi mente intentando torturarme como si yo hubiera sido la culpable de todo. No me merecía recordar aquello, pero ahí estaba, sin poder detenerlos en mi mente. Sabiendo esta vez que yo no era la única herida en esa aventura, sino que Yoiselfue el más lastimado de todos, porque él sí que tenía un compromiso con la bióloga.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.