Leslie Belmont.
La comida transcurrió de lo más agradable. Personas conversando, riendo y degustando de la deliciosa comida. A lo lejos, pude notar que Fernando se encontraba riendo y buscando el constante contacto visual con su mejor amiga. Conociéndolo sabía que buscaba ser discreto, pero una cosa era segura; le gustaba.
—Amelia—hablé, ella alzó la ceja sin perder la atención de su platillo—, ¿sabes si hay algo entre Fernando y Melissa?
Volteó a verme pícara.
—¿Tú también lo notaste?
Ambas volteamos a vernos al mismo tiempo. Sonreímos y mamá nos miró raro.
—¿Qué tanto traman ustedes dos? —arqueó la ceja mientras le pasaba un pedazo de pan a mi papá. Negamos. —No les creo nada. —entrecerró los ojos.
—Nada—contesté mientras cortaba un pedazo de carne—. Es solo que… Fernando anda muy raro. ¿No crees?
—... Raro y muy cariñoso. —Amelia le guiñó un ojo a mamá.
—Cariño—habló papá rodeándole los hombros con el brazo derecho—, es algo que todos ya sabíamos. Melissa y él… ya sabes.
Afirmó con obviedad. Mamá dirigió su vista a su hijo quién se mostraba atento con su mejor amiga. Sonrió y volvió su atención a su platillo.
—No puedes negar que entre ellos hay algo. —afirmé.
—De que hay algo, lo hay. —contestó mamá.
—¡Pero claro que lo hay! —exclamó Amelia—Melissa siempre estuvo enamorada de él, pero mi hermanito es muy tonto como para no dar el siguiente paso.
—Bueno, también hay que tener en cuenta que Fernando tenía novia. —prosiguió mamá—Claramente era una posición difícil.
Fernando Belmont.
Cuando volteé a ver la mesa donde se encontraba mi familia, todos conversaban pícaros. Al momento de darse cuenta de mi mirada, todos disimularon saludándome. Ahí me di cuenta de que había algo sospechoso. Entrecerré los ojos y Amelia me guiñó el ojo. En eso, mi celular comenzó a vibrar. Lo saqué del bolsillo de mi saco; era un mensaje de Leslie.
“Sé que puede ser difícil, pero si no lo intentas no vas a saber qué pudo haber pasado”. —Leslie.
Arquee la ceja.
“¿A qué te refieres?” —Fernando.
“Melissa”—Leslie.
“Tú sientes algo por ella, y no me puedes decir que no. Por lo menos no a mí”—Leslie.
“¿Y sí…”?
Leslie Belmont.
Escribiendo…
Escribiendo…
Escribiendo…
Visto.
—Hija—habló papá distrayéndome de la conversación con mi hermano. Alcé la mirada—, ¿cómo vas con Noah?
—¡Si es cierto! —soltó Amelia entusiasmada—Me quedé en que iban a mantener su relación a distancia.
La sonrisa desapareció de mi rostro. Agaché la mirada para volverla a alzar después de segundos.
—Yo… eh, terminamos.
—¿Qué? —exclamaron mamá y Amelia en unísono.
Asentí con una mueca. Papá me miró con compasión.
—Tranquila, hija. No tienes que explicarnos si no quieres. —afirmó.
Mamá frotó mi mano en son de apoyo mientras que Amelia me abrazó.
—No te preocupes, hija. —comentó mamá—Quédate con lo bueno que te dejo esa relación y tómalo como aprendizaje.
Asentí agradecida.
—Vele el lado bueno—pronunció papá—. Ya puedes irte con todos los canadienses que quieras.
—¡Papá! —exclamé y este se río.
—¿Qué? Estás soltera, ¿no? —asentí—¿Entonces? No tiene nada de malo. Siempre y cuando te vayas con uno soltero.
—¡Si! —exclamó mamá—Ni se te ocurra meterte con uno casado.
La conversación prosiguió entre risas por los comentarios ocurrentes de mis papás. Mientras mi mamá buscaba consolarme a papá se le ocurrió salir con sus bromas. Amelia no dejaba de sorprenderse por la interacción tan agradable entre ellos. El cómo papá tranquilizaba a mamá cuando se alteraba. No la juzgaba, al contrario, la dejaba sentir hasta llegar a ese punto en ayudarla a resolver los problemas juntos. Papá siempre la procuraba, era su prioridad y siempre buscaba ser ese apoyo que necesitaba para reconfortarla. Por el lado de mamá, siempre impulsaba a papá en cada loca idea que tenía para generar más fuentes de ingresos. Jamás lo dejó solo y donde iba él, estaba ella. Mamá siempre estuvo orgullosa del hombre con el que se casó y no temía en presumirlo ante la sociedad.
Ambos han pasado por cosas que pusieron a prueba su amor, pero estuvieron dispuestos a luchar por el otro. Sin duda, eran la prueba viviente de lo que significaba amar con decisión y sanamente. Claro, como en toda pareja tenían sus diferencias, pero no las arreglaban desde la culpa, sino desde el perdón. Buscaban la mejor solución como equipo porque sabían que si se dividían era probable que las soluciones no fueran las más factibles. Además de que les encantaba ser un equipo entre ellos.
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Editado: 20.04.2026