Rompiendo Paradigmas

40: Segunda Sucursal.

Leslie Belmont.

Mi sesión había terminado. Normalmente las tomaba alrededor de las 19:00 horas, pero con el cambio de horarios este semestre, me daba tiempo perfecto para tomarla a las 16:00 horas y regresar a casa para ver una película con Dean y Chandler. Incluso, me atrevería a decir que podía llegar antes que ellos y de la puntualísima Seo-hyeon; la cual, ha estado un poco ausente por su nueva relación.

No sabía si los roles glaseados eran su postre favorito o fue el platillo que logró que rompiéramos el hielo entre todos dando paso a una gran amistad, pero lo que sí sabía era que se había convertido en tradición hacerlos cada que nos reuníamos para ver películas. Desde que comenzó el semestre (tres semanas atrás), tenía más tiempo para disfrutar de mis amigos (aquellos que no eran de mi trabajo), sino de aquellos que conocí y me vieron crecer como persona desde que llegué al país como una estudiante nerviosa, inmadura y llena de miedos; aquella cuyo corazón se rompió, pero que logró pegarse con mayor fuerza.

Honestamente, me preocupaba pensar que al reducir mi jornada laboral tendría menos dinero y no poder cubrir mis gastos, pero lejos de eso, había logrado más. Al salir más temprano, tenía la posibilidad de acudir a mis terapías en un horario más flexible, dándome tiempo de relajarme y hacer maratones de películas o series con mis amigos. Siempre llegaba antes a la escuela para calificar trabajos o mis acostumbrados exámenes semanales donde, de esa forma, no me llevaba trabajo a casa.

Seo-hyeon llegó una hora después que los chicos. Para entonces, los roles de canela no tardaban en salir. Dean había hecho el sillón a un lado para acomodar en el piso cobijas y cojines de toda la casa (incluidas las de nuestras habitaciones) para hacer un ambiente acogedor. Al terminar, tanto Dean como Chandler habían subido a ponerse sus pijamas. Seo-hyeon se negaba porque le daba flojera, pero, aunque Chandler compartía su opinión, le hizo entender que al ser noche de viernes era muy probable seguir hasta la madrugada y más tarde le daría el suficiente sueño como para tener ganas de quitársela.

—¿No tienen novia? —preguntó Seo-hyeon mientras mordía una manzana que agarró del frutero que se encontraba en la barra modular al centro de la cocina. Me quedé callada al ver que Dean y Chandler la miraban con un rostro serio. Chandler caminó lentamente hacia ella arrebatándole sutilmente la manzana, la mordió y se la devolvió.

—¿Te parece que un hombre con novia preferiría pasar su noche del viernes viendo un maratón de Grey’s Anatomy con sus rommies en vez de salir con ella? —preguntó sarcástico. Seo-hyeon sonrió burlona. —Eso pensé.

—Por cierto, ¿cómo vas con aquel que no debe ser nombrado? —cambió de tema Seo-hyeon dirigiéndose a mí.

—Bien, supongo. —contesté—Es decir… lo estoy trabajando con mi terapeuta.

—O sea sí, pero… ¿tú cómo te sientes con su regreso?

—Enojada, frustrada, confundida…

—¿Confundida? —frunció el ceño—Espera, ¿lo estás considerando?

—No, bueno… la verdad…

—¿Qué tiene que considerar? —interrumpió Chandler curioso.

—Lo que no debería considerar. —contestó Seo-hyeon rápido.

—¿Y qué no tiene que considerar? —cuestionó Chandler en la misma velocidad.

—Lo que debes considerar, Seo-hyeon, es que hablas igual a Cristina Yang. Yo diría que ella es tu animal espiritual. —agregó Dean a la conversación para relajar el ambiente que se estaba tornando tenso en un interrogatorio hacia mi persona.

—¿Qué? ¡No!

—¿Ves? ¡Igualita!

—No, Cristina Yang es oscura.

—Igual que tú. —contestó Chandler.

—Tiene estrés postraumático.

—Al igual que tú.

—Piénsalo, sólo te falta… —agregó Dean.

—¿Qué? ¡No! ¡Basta! No estamos hablando de mí, estamos hablando de Less y el regreso de su estúpido exnovio.

—¡¿Qué?! —exclamaron Dean y Chandler en unísono molestos volteándome a ver.

Seo-hyeon se cruzó de brazos frunciendo el ceñó victoriosa.

—¿Volviste con él? —preguntó Dean

—¡No! —contesté—Es decir, no aún, yo…

—¿Aún? —preguntó Chandler frunciendo el ceño.

Chandler era un hombre muy alto, o por lo menos más que yo con una espalda prominentemente ancha, unos largos, gruesos y velludos brazos franceses. Era intimidante, mucho diría yo. Al igual que Dean, aunque él era un poco más extrovertido y expresivo que Chandler, claro está.

—¿Estamos hablando del mismo que vino a organizarte una cena romántica para terminar contigo después de hablar sobre una boda entre ustedes y olvidarse de ti en todos estos años? —preguntó Dean.

Asentí. Seo-hyeon se levantó de su asiento caminando hacia las escaleras y posteriormente subirlas. Chandler agarró el banco que dejó libre Seo-hyeon y se sentó en él. Dean agarró los guantes que tenía puestos para ponérselos y sacar los roles que canela que estaban por quemarse dentro del horno. Chandler me tomó ambas manos.

—Less, eres una mujer hermosa e increíble. —habló en tono calmado—Cualquiera que te conozca puede darse cuenta del enorme corazón que posees. Por ello, no mereces quedarte con todo el amor en las manos. No de nuevo. Mereces más y lo sabes.




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