Fernando Belmont
Ha pasado un tiempo desde la última discusión que tuve con Melissa. Nunca habíamos tenido una discusión tan grande como aquella ocasión. Por ende, las cosas parecían un poco ásperas, pero se fueron componiendo conforme pasaron los días. Por mi parte, me propuse a darme tiempo libre los fines de semana para tener citas. No obstante, cabe resaltar que su comportamiento comenzó a ser un poco más extraño de lo habitual porque el sábado pasado que fuimos al cine, todo el tiempo tenía su celular boca abajo y en vibrador. Era raro, pero traté de no darle demasiada importancia. Seguimos normal, como siempre; era cariñosa, atenta, pero pude notar que ambos evitábamos hablar de temas profundos o conversaciones incómodas que pudieran llevarnos a una posible discusión o, por lo menos, eso era lo que yo pensaba.
A lo largo de la semana, delegué un par de actividades desde la mañana para que pudiera salir temprano y pasar por Melissa a su trabajo. Por alguna extraña razón, decidí marcarle para preguntar si no tenía planes para ese día. Fue muy curioso porque no me contestó. Volví a llamar y nada; buzón. Dejé el celular a un lado y seguí trabajando hasta que me mandó un mensaje de texto:
“Hola, amor. Perdón por no contestarte. Estoy en una junta de trabajo. Te devuelvo la llamada en cuanto termine”.
Esperé. Esperé y volví a esperar. Su llamada no regresó. Ni siquiera en su hora de salida. Ningún mensaje, nada. No quería verme intenso, pero, aunque las cosas aparentemente estuvieran bien, sentía que había una barrera entre nosotros.
—Hola, amigo. —habló Jonathan en el marco de la puerta de mi oficina con los brazos cruzados—¿Cómo estás? Pensé que te irías temprano con tu novia.
—Si, pero creo está muy ocupada.
—Bueno… así es esto. Más en los grandes corporativos. —caminó y se sentó en una de las sillas enfrente de mi escritorio. Yo seguía observando mi teléfono.
Asentí.
—Pero está bien. Así sirve que les llevo algo de cenar a mi familia. —voltee a verlo.
—¿Tú madre aun no regresa de su viaje? —negué.
—Se fue ayer.
—Y me supongo que estas solo con Amelia.
—No. Mi papá se quedó.
—¿Y eso? Tus papás nunca se separan. Son como uña y mugre.
Sonreí a medias. Estaba distraído, nervioso y un poco ansioso. Notaba a Melissa rara, como si quisiera evitarme y, aunque trataba de no darle muchas vueltas al asunto y mostrarme tranquilo, no dejaba de pensar en eso. Agradecía que mi amigo me intentara sacar la plática y preguntar por mi familia, pero no era el momento.
En ese instante, mi celular vibró y regresé mi vista al mismo. Sin desbloquear la pantalla, desglosé en la barra de notificaciones y vi su mensaje: “Amor, perdón si ya no te devolví la llamada. Tengo mucho trabajo, pero voy a salir con mis amigas al antro. Te veo el fin de semana.”
Leslie Belmont.
Ambas sabíamos que la relación no había sanado al cien por ciento. No obstante, pedirnos perdón después de entender la postura de la otra fue el primer paso para volver a construir una relación basada en la confianza. Aquella noche, alrededor de las 10:00p.m. llegó Seo-hyeon más sobria de lo que pudiera esperar. La verdad, era algo nuevo y sorprendente. Aquel novio realmente le aportaba cosas positivas a su vida. Especialmente porque ya no maldecía a todos cada que llegaba. De hecho, estaba de un gran humor pese a que ya era tarde. Mamá se ofreció a preparar la cena, pero tanto Seo-hyeon como yo le dijimos que lo mejor era que se fuera a descansar.
—Si gusta, puede quedarse en mi habitación.
—No, ¿cómo crees? No quisiera incomodarte.
—¡No, para nada! Está en su casa, y no siempre podemos recibir a la familia de nuestra querida Less.
—¿En serio?
—Si, —asintió— ¿Verdad, Dean? —pidió con la mirada que le siguiera la corriente, pero no captó la indirecta.
—En efecto, señora. —agregó Chandler. —Además, Seo-hyeon y Less casi siempre hacen pijamada juntas. Así que ella solo ocupa su habitación como armario, aunque tiene más skincare que ropa.
Seo-hyeon lo miró mal sin que mi mamá se diera cuenta ya que en cuanto ella la miró, mostró una larga sonrisa. Mamá dudó un poco, pero terminó aceptando. Dean le ayudó a subir su equipaje y, mientras mamá se preparaba para dormir, le preparé un té para que pudiera descansar a gusto.
—Less y yo casi no hacemos pijamadas. —susurró a Chandler en cuanto Dean y mi mamá estaban en el piso de arriba. Chandler se encogió de hombros. Reí en lo bajo.
—¿Qué? Tú le ofreciste tu habitación.
—¿Pero era necesario decir que tengo más skincare que ropa?
—¿Qué esperabas? ¡Es la verdad!
—¡No es cierto!
—¡Claro que sí!
—¡Mentira! —lo miró y luego dirigió su vista a mí—Less, dile algo.
Tomé una taza de la alacena y serví el té escuchando su pequeña y divertida discusión entre susurros.
—Bueno… Seo-hyeon, creo que está vez Chandler tiene razón.
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Editado: 17.06.2026