Rompiendo Paradigmas

43: ¡Aléjate!

Leslie Belmont.

Fue una semana larga y estresante, pero pese a todo eso, estaba agradecida de todavía contar con la visita de mi mamá. Todos los días después del trabajo nos íbamos a Niagara Falls o a Toronto de compras, por un café y hoy tocó visitar los museos más emblemáticos de Toronto. Agradecía infinitamente la oportunidad de tener el turno matutino este periodo escolar. De lo contrario, no hubiera podido brindarle todos esos tours a mi mamá. Por su lado, ella estaba maravillada con todo. Se impresionó que podíamos caminar solas por la calle y que el ambiente no se sentía pesado o esa incertidumbre de que algo podía pasarnos, e incluso recibir comentarios incómodos y morbosos hacia nuestra vestimenta o cuerpo en general.

Durante la visita a uno de los museos, mamá y yo disfrutábamos del silencio al leer y observar cada mural, pintura, escultura y objetos importantes para la historia canadiense. Al salir, fuimos a tomar un café a Tim Hortons. Como era de esperarse, yo me pedí un chocolate caliente y ella un americano.

—Aunque siempre viajo con tu padre y tus hermanos, este ha sido mi primer viaje largo sola. —la escuché con detenimiento. Ella expresó la angustia de mi papá al hacer este viaje por cuenta propia, pero que él sabía lo mucho que le ayudaría hacerlo de esa manera y que lo que mi mamá deseara o dijera no fuera influido por nadie más, ni siquiera por él que por más que la amara y quisiera lo mejor para ella, sabía que en muchas ocasiones erraba con sus comentarios. Mamá también me confeso que nadie lo supo, pero que ambos estuvieron a punto de divorciarse, pero papá le insistió en que él no quería echar a perder los años que llevaban juntos, aunque tampoco quería que eso se hiciera costumbre y ambos cayeron en la conclusión de que todos sus problemas comenzaron cuando papá fue despedido de su empleo; y fue ahí cuando ambos se impulsaron el uno al otro para emprender juntos y, hasta la fecha todo iba bien hasta que él recibió una oferta de trabajo que no pudo rechazar.

Me contó, además, que, pese a que estaban haciendo buen equipo con el negocio, la verdadera vocación de él no era emprender, sino trabajar para grandes compañías y estar yendo de corporativos en corporativos para salvaguardar la seguridad de los trabajadores dentro y fuera de los edificios, pero, sobre todo, dentro dé.

—Sé que ya lo he dicho, pero quiero pedirte perdón por la forma en la que te rechacé. Sé que no es justificación, pero fue lo de mi tía… mis hermanos… en fin; perdóname.

—No hay nada que perdonar. Lo importante es que las cosas se hayan aclarado. Yo igual propicie esto al mentirles. Era obvio que desconfiarías de mí si nadie te decía la verdad, en especial tus hijos.

—Aun así, perdón. No lograba ver que, en el fondo, lo único que querías era dejarnos un patrimonio.

—Jamás te abandonaría, mamá. Ni a ti ni a mis hermanos. Sé que Fernando puede ser cerrado en ocasiones, pero es un hombre valiente y muy sensible que necesita sentirse validado de vez en cuando.

—Lo sé. Siempre ha trabajado muy duro. También le fallé al no creer en sus sueños. —suspiró—Siempre he creído que yo impulsaba los sueños de mis hijos, pero siempre supuse; jamás les pregunté qué querían en realidad. Por ejemplo, yo no sabía que tu sueño era venir aquí hasta que mencionaste que te irías en dos semanas. Y tu hermano, bueno, él si lo dijo, pero de mediocre no lo baje. Fue mi error, porque no vi la ambición con la que él veía su negocio. Ahora… bueno, acaba de inaugurar su segunda sucursal y pasó de trabajar 18 horas seguidas a solamente delegar y supervisar actividades desde casa. La verdad… mis respetos para Melissa que tuvo que aguantar no verlo durante meses. Yo en su lugar, hubiera creído que me engañaba, pero bueno, como siempre lo he dicho; si una mujer quiere estar con un hombre exitoso, debe acostumbrarse a que no estará disponible todo el tiempo.

Sonreí. Estaba feliz porque mamá podía reconocerlo al fin y tratar de enmendar sus errores, así como yo lo hice. Nadie es perfecto y nunca lo será. Probablemente tengamos más problemas de mayor magnitud, pero lo importante es enfrentarlo, comunicarlo con asertividad y siendo empático con los sentimientos del otro para evitar mal entendidos. Sin embargo, sabía que lo de mi hermano era diferente. No quería seguir errando al ocultarle información a mamá, pero, así como él, yo debía callar su secreto. Melissa y él no estaban muy bien. Él quería terminarla porque no se sentía apoyado ni impulsado en ningún momento, mucho menos en un evento tan importante para él. No obstante, sabía lo mucho que la quería, así como lo mucho que mis papás odiarían a Melissa si se llegasen a enterar de la verdad. No quería mentir, de nuevo. Sin embargo, era algo que a mí no me correspondía, sino a él.

—Por cierto, hablando de hombres exitosos; ya no me contaste qué sucedió con Noah.

Suspiré. No es que ese momento se hubiera arruinado. Sabía que tarde o temprano tendríamos esa conversación y me sentía lista para tenerla. Noah fue alguien importante en mi vida y daría lo que fuera para que se hubiera dado cuenta antes, no ahorita. Sé que venirse por la vía en la que se vino no fue nada fácil, porque la migración es un camino difícil para cualquier persona que desee hacerlo. Sin embargo, ese tiempo se fue. Él no era el mismo y evidentemente yo tampoco. Crecimos. Cambiamos. Maduramos. Tenemos otras prioridades, aunque ciertamente siempre tuvimos caminos diferentes que quisimos amoldar a nuestro antojo para adaptarnos, pero ¿cómo podrías adaptarte al sur cuando tu meta y sueño más grande es el norte?




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