Escribir esta historia no fue un paseo tranquilo por el Valle de Aosta; fue una guerra. Hubo días donde estaba contenta por mi trabajo y días en los que mi paciencia estuvo a punto de estallar, pero así es como se forjan los grandes imperios: con sangre, sudor y un poco de mala leche.
A Alessandro y Amarantha: Gracias por ser tan intensos. Escribirlos fue una montaña rusa; un día quería coronarlos y al otro mandarlos al carajo por lo complicados que son. Pero al final, esa mezcla de frialdad rusa y fuego italiano es lo que nos mantuvo aquí, pegados a cada página.
A los gemelos, Kaelza y Kaelzir, y al pequeño Kaemir: Gracias por crecer como los guerreros que esperaba. Ver a Kaelza proteger a su hermano con esa garra Moretti hizo que cada pelea con la trama valiera la pena.
A Nathaniel (Tsar): Por ser esa sombra constante. Gracias por recordarme que, aunque yo mande en este libro, siempre hay alguien más peligroso vigilando desde Moscú.
Y por supuesto, a ustedes, los que se atrevieron a mirar este libro:
Gracias por seguir el rastro de sangre y seda hasta el final. Gracias por aguantar el ritmo y por entender que en la familia Moretti-Volkov no hay espacio para los débiles. Si llegaron hasta aquí, es porque tienen el estómago suficiente para portar el apellido.
Nos vemos en la próxima, si es que tienen el valor de volver.