Rosas Negras

Capítulo 4: Jenesis Natasha Galanis

Capítulo 4:
“Jenesis Natasha Galanis”

Uno, dos, tres, cuatro y cinco.

Uno, dos, tres, cuatro y cinco.

Uno.

Dos.

Tres.

Cuatro.

Cinco.

El sonido de los pasos en el pasillo se repetía cada madrugada. Jenesis había intentado ignorarlo durante la primera noche, convencida de que no tenía nada de extraño. Era una mujer empática y comprendía que una casa nueva, una ciudad desconocida y una experiencia traumática podían ser suficientes para quitarle el sueño a cualquiera. Por eso, cuando escuchó aquellos pasos por primera vez, se limitó a permanecer acostada y esperar a que terminaran. Sin embargo, volvieron a escucharse la noche siguiente y después la siguiente, siempre a la misma hora, siguiendo el mismo recorrido y con aquella cadencia pausada que, poco a poco, comenzó a resultarle imposible pasar por alto.

Pero cada crujido de la madera se sentía como una violación de aquella propiedad a la que había dedicado toda su vida. Era un sonido pequeño, casi insignificante, pero bastaba para recordarle que ya no estaba sola en su casa y que alguien más había comenzado a ocupar el espacio que durante años había sido únicamente suyo. Aquella paz, que tanto esfuerzo le había costado conseguir, parecía desvanecerse poco a poco con cada paso que recorría los pasillos durante la madrugada.

Había intentado fingir que no le importaba, con la esperanza de que la situación terminara por sí sola. Sin embargo, las noches habían pasado una tras otra y aquellos pequeños pasos continuaban despertándola. Al principio había conseguido volver a dormirse después de escucharlos, convenciéndose de que no significaban nada. Pero, después de varias semanas, comenzó a resultar cada vez más difícil ignorarlos.

Esa noche, Jenesis decidió terminar con aquella rutina. Esperó pacientemente en su habitación, atenta al menor sonido del otro lado de la puerta, hasta que finalmente escuchó la respiración que ya había aprendido a reconocer. Para ella, aquella respiración no era más que una comprobación: la joven quería asegurarse de que estuviera dormida antes de continuar con su recorrido.

Jenesis permaneció inmóvil unos segundos, esperando a que el sonido se acercara lo suficiente. Cuando volvió a escucharla justo al otro lado de la puerta, se levantó y la abrió tan rápido como pudo, decidida a descubrir de una vez qué estaba haciendo allí cada noche.

Escuchó el sonido de unos pasos corriendo por el pasillo, demasiado rápidos para distinguir a quién pertenecían. Jenesis salió de su habitación en camisón y avanzó con sigilo, intentando seguir el ruido antes de que desapareciera. Cuando llegó frente al cuarto de Agnes y Faith, abrió la puerta con cuidado y asomó la cabeza.

Agnes estaba profundamente dormida, despeinada y con la boca ligeramente abierta, completamente ajena a lo que ocurría a su alrededor. Jenesis dirigió entonces la mirada hacia la otra cama y se detuvo.

La cama de Faith estaba perfectamente tendida. La pequeña niña rubia no estaba allí. Dormía profundamente sobre el brazo de su hermana, acomodada junto a Agnes como si aquella hubiera sido su cama desde el principio.

Jenesis se sintió realmente sorprendida al comprobar que aquella noche la responsable no parecía ser Agnes. Aunque, por supuesto, todavía existía la posibilidad de que estuviera fingiendo. La idea cruzó por su mente mientras recorría el pasillo, sin decidirse a descartarla por completo.

Se acercó entonces al cuarto de Alex y Leo. Al abrir la puerta, encontró a ambos profundamente dormidos, completamente cubiertos por las mantas y sin mostrar ninguna señal de haberse despertado durante la noche. Jenesis permaneció unos segundos observándolos antes de continuar hasta la habitación de Abel.

El niño también dormía tranquilamente, ajeno a todo lo que ocurría fuera de su cama. Por primera vez, Jenesis no encontró ninguna explicación evidente para los pasos que había escuchado.

Jenesis regresó a su habitación, cerró la puerta con el pestillo y volvió a acostarse. Permaneció unos instantes mirando hacia la oscuridad, repasando mentalmente lo que acababa de comprobar. Todos los niños estaban dormidos. No había encontrado a nadie recorriendo los pasillos.

Debía de ser el viento.

O alguien era un muy buen actor.




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