Capítulo 6:
“Jenesis Natasha Galanis”
Sus pasos lentos y dubitativos llenaban el corredor. Las risas cesaron de inmediato cuando Agnes y Alex levantaron la vista hacia ella.
Agnes ya estaba sentada en la cama, con la vieja camiseta de Jude que usaba como pijama, mientras Alex permanecía sentado a los pies del colchón. Para Jenesis, era extraño verlo tan serio. No había rastro de aquella mueca juguetona que parecía acompañarlo incluso durante los desayunos, cuando apenas terminaba de despertarse. Aquella expresión que, por alguna razón, siempre le recordaba tanto a Jude.
Jenesis caminó en silencio hasta la cama de Faith y se sentó frente a ellos. Agradeció en silencio que la pequeña estuviera jugando con Leo y Abel, lejos de aquella habitación. No quería que Faith presenciara aquella conversación.
Por un momento, Jenesis observó sus propias manos, entrelazando los dedos sobre su regazo. Se sentía ridícula. No estaba acostumbrada a disculparse, mucho menos con unos niños que apenas llevaban unos días en su casa, pero sabía que esta vez no podía simplemente fingir que nada había ocurrido.
—Les debo una gran disculpa —admitió finalmente, con la mirada fija en el suelo.
Ninguno de los adolescentes dijo nada.
El silencio la obligó a continuar.
—Lamento mucho haber reaccionado de esa forma y haber golpeado a Connor —dijo Jenesis, levantando lentamente la vista hacia ellos—. Pero lamento todavía más haberte lastimado a ti, Agnes.
La joven permaneció en silencio, observándola con cautela, mientras Alex seguía sentado a los pies de la cama sin apartar la mirada de la anciana.
Agnes intercambió una mirada incómoda con Alex. Ninguno de los dos interrumpió a Jenesis. La forma en que hablaba había cambiado; ya no sonaba enfadada, sino como alguien que estaba rebuscando entre recuerdos que llevaba mucho tiempo sin contar.
—Cuando perdí a mis padres, mi marido, el padre de Jude, Cain Clement, insistió en traerlos aquí para enterrarlos en el cementerio de la familia Clement. En aquellos tiempos, el cementerio familiar no tenía césped ni rosales. Recuerdo haber pasado una semana completa allí. Cain sugirió que podía plantar algo para, al menos, no pasar todo el tiempo lamentándome.
Una sonrisa amarga amenazó con aparecer en el rostro de Jenesis, pero desapareció antes de llegar a formarse por completo.
—Puse dos rosales y crecieron tanto que, por un momento, habría jurado que eran mi padre y mi madre volviendo a la vida.
Esta vez, una sonrisa triste sí terminó dibujándose en su semblante. Sus ojos permanecieron fijos en algún punto de la habitación mientras parecía regresar a aquella época.
—Cain fue un buen padre y un pésimo marido. En esa época era lo normal. Era un hombre acostumbrado a la obediencia, un hombre violento. Los días en los que las cosas se ponían especialmente feas, Jude y yo íbamos a cuidar las rosas. Jude, decía que los rosales eran mágicos, que nada violento podía pasar entre flores tan hermosas.
Jenesis hizo una breve pausa antes de mirarlos nuevamente.
—Siempre pensé que era un pensamiento irónico, porque están en un cementerio. ¿Cierto?
Agnes y Alex la observaron atentamente. Ambos parecían haberse quedado atrapados en la historia, escuchando sin apartar la mirada. Finalmente, los dos asintieron en silencio.
—Esos rosales eran mi escudo. Eran mi lugar favorito para estar con Jude. Jamás pensé que llegaría el día en que tendría que plantar un rosal para él; es lo último que una madre desea imaginar.
Jenesis bajó la mirada por un instante. Sus dedos se entrelazaron sobre su regazo mientras buscaba las palabras para continuar.
—Cain murió joven y, a pesar de sus errores, le planté uno de mis rosales más hermosos. Creo que fue su manera de compensar, de alguna forma, sus errores como hombre. Hizo crecer el más hermoso y delicado de los rosales, con las rosas más blancas que había visto. Y ahora Connor parece haber decidido desenterrar al propio Cain.
Jenesis soltó una risa amarga ante su propia broma, aunque la sonrisa desapareció casi de inmediato.
—Lo único que ese hombre me dio fue a Jude y ese rosal. Y Jude ya no está aquí, así que todo lo que me queda es ese rosal... y ustedes.
Levantó la mirada hacia Alex. Durante unos segundos, simplemente lo observó, como si estuviera comparando su rostro con un recuerdo que solo ella podía ver.
—Eres exactamente igual a mi Jude a tu edad. Es como ver una fotografía o viajar en el tiempo. Hay días en los que incluso te veo sentado en la mesa durante el desayuno, antes de que lleguen los demás, y por un momento creo que Cain va a entrar por esa puerta en cualquier instante. Creo que todavía soy joven.
Una risa suave y nostálgica escapó de sus labios. Después, la expresión de Jenesis se volvió más seria.
—Lamento mucho si alguna vez te hice sentir incómodo. Perdí a Jude mucho antes que ustedes y quizá por eso, de cierta forma, contigo siento que lo he recuperado.
Alex tragó saliva visiblemente. Por primera vez desde que Jenesis había comenzado a hablar, pareció no saber qué responder.
—Imagínese. Debo verme cada mañana frente al espejo y, con el paso de los años, cada vez me pareceré más a un recuerdo que espero no perder con el tiempo —admitió Alex.
Agnes lo observó en silencio. Por un momento, no supo qué responder a aquello. La confesión de Alex había dejado algo incómodo suspendido entre los tres, una clase de cercanía que ninguno parecía saber cómo manejar.
Los tres guardaron silencio durante unos segundos, hasta que Jenesis decidió romperlo.
—¿Cómo está tu brazo, cariño? —preguntó, dirigiéndose a Agnes.
Agnes bajó la mirada hacia el brazo que todavía le dolía. El golpe ya no era más que una molestia, aunque sabía que probablemente aparecería un moretón al día siguiente.
—Solo es un moretón. Lamento mucho lo del rosal. Le dije a Leo que no dejara a Connor solo en el jardín —explicó, sintiendo la necesidad de asumir parte de la responsabilidad.
#97 en Terror
#693 en Thriller
#317 en Misterio
terror psicológico, misterio y suspenso, horror en halloween
Editado: 20.10.2026