Rose | Híbridos Rebeldes 2

23. Impredecible. PARTE 2/2

PARTE 2

Estaba enredada por todo lo que acababan de soltar, fue tan desprevenidamente que enterarme de toda esa información que jamás hubiese imaginado, volvió un lío a mi cabeza. Un remolino de ideas y posibilidades revolvió mi mente hasta que llegué a una obvia conclusión: todo estaba siendo un plan.

Y cuando me di cuenta de ello, no supe qué pensar.

De lo único que estaba segura es que Aedus siempre estuvo en mi destino, me lo había dicho la anciana que leyó mi mano y ahora me lo acababa de confirmar Glory.

—Solo nos queda aceptar las cosas que no podemos cambiar —reconocí la voz de Glory cuando volví a la realidad.

Mi cabeza me punzaba lentamente.

—¿Y el motivo de ello cuál es? ¿Por qué tuvo que relacionarse justamente con mi hija?

—¡Mamá! —grité llamando inmediatamente la atención a causa de mi exigente tono—, ¿pueden explicarme de qué están hablando? ¿A qué plan se refirieron?

“Aedus nunca fue parte del plan”.

—Rouse, no…— Eleonor no sabía qué decirme, nada justificaba que hubiese prestado a su hija para ser parte de un procedimiento secreto.

—Me expliqué mal, no quise decir plan sino destino —quiso remediar su error Eden—. Él nunca fue parte de tu destino.

Pero me negaba a creerle, nada me haría cambiar de parecer.

—Yo sé lo que escuché, así que por favor no traten de tomarme como una ingenua que eso ya quedó atrás.

—Lo que pasa, Rouse —empezó a decirme mi madre—, es que para saber lo que sucedía con tu cabello de fuego vinimos aquí, fue entonces cuando Glory vio tu futuro y allí lo vio a él, a tu compañero, y nos había dicho que solo era él, que no había nadie más y por eso estamos un poco alteradas al conocer que hay alguien más. Aedus no debió aparecer porque él no debería estar metido en tu destino, en tu vida. Y el que lo esté me preocupa.

—¿Por qué tanta desconfianza con él? ¡¿Qué fue lo que te hizo como para que le saques tanto veneno?!

—¡¿Es que aún no te diste cuenta que cada miembro de El Concejo es una bestia?! ¡Y él es el peor de ese bando! Aedus es un asesino, destruye a los tuyos y ¿aun así lo quieres?

—¡Él es diferente! Él ha estado callando la ubicación de Juntos solo por mí, ha estado ayudando a Harun para mantenernos entre las sombras y ha estado alejando a su organización solo para protegernos. Aedus no es la bestia que tú crees, es un príncipe. Pese a que pertenezca a ese lado oscuro, él es un príncipe.

«Mi príncipe oscuro, y así lo quiero» me faltó decir.

—¡No sabes sus verdaderas intenciones! ¿Quién te dice que no los va a traicionar? Él es un mentiroso, es experto en hacerte creer algo que no es y después hacer como si nada.

—Lo dices como si hubieras pasado por eso, dime, mamá, ¿qué es lo que realmente te molesta?

—¿Qué estás intentando decir, Rouse? —la advertencia en su mirada me alertó que me estaba por meter en un terreno peligroso.

—Sabes a lo que me refiero, y eso es lo que siento. Eso me das a entender, y no debería importarte, no tienes porqué.

—Solo me preocupo por ti.

—Pues parece todo lo contrario —repliqué.

—No cruces esa línea, jovencita —advirtió como toda una madre con una seria expresión, desafiándome con la mirada a ver si me atrevía o no.

—No estamos aquí para esto sino para encontrar una solución —se metió Eden—. Por favor, Eleonor —miró a mi madre, luego a mí alterando cautelosamente sus ojos hacia nosotras.

—Yo ya lo hice —nos avisó entonces Glory, todas las vistas se pusieron sobre ella olvidando por completo el conflicto anterior—, busqué pero no hallé una solución; las puertas que nos conducirían hacia la respuesta está totalmente cerrada porque algo está interfiriendo en la comunicación con los dioses. Alguien está retando a los dioses y temo que algo terrible suceda si este obstáculo continúa.

—Es lo que temíamos, está sucediendo lo que queríamos evitar —mencionó en un tono preocupado Eden.

—¿Qué cosa? —pregunté.

—Un choque del más allá contra nuestro mundo, mucha oscuridad se ha derramado sobre la tierra, todas esas tinieblas pueden interceder al llamado a nuestros dioses. Y hay que trabajar en ello rápido antes de que sea demasiado tarde.

—¿Las sombras? —dije al no entender muy bien.

—Quizás viene de ahí, no lo sabemos —suspiró—, pero el mundo tiene una grieta, una entrada del más allá que ha estado abriéndose más y más con el transcurrir del tiempo. Las sombras son solo criaturas extrañas que salen de otra aún más, del primer paso de un plan desconocido. Y también debemos detenerlo, y por eso quise que vinieras aquí hoy. Debo hablarte sobre eso.

—¿Grieta? ¿Otro plan? ¿Y de qué quieres hablarme?

Pero mi madre fue la que me respondió.

—Hay algo que jamás te dije.

—Oh, ¿algo más? Qué novedad —dije de mala gana porque ¿en serio iba a creer que no me esperaba nada más?

Ella ignoró mi forma de responderle y procedió a explicarse.

—El poder que proviene del anillo es porque está hechizado, pero también tiene una fuerza, una fuerza desconocida que creímos había quedado deshecho. Pero no fue así y eso lo sabemos después de que tú—ella pese a no necesitarlo, respiró hondo buscando una manera de destensarse—… tú lo tocaras, tú reactivaste la fuerza que había quedado apagada.

—¿Qué? —fue lo único que pude decir. ¿Y ahora de qué me estaba hablando?

—La piedra es de un material único creada del poder de un dios. La fuerza que traía consigo pudo crear vida a su alrededor, era tan enigmática que Eden quiso estudiarla y extrajo una parte de ella para poder hacerlo mejor, y entonces todo se apagó, la roca dejó su color original excepto la parte extraída. Y yo me quedé con esa parte dejando que se adentrara en mí, que esa fuerza desconocida me invadiera por completo, solo que el poder no la tengo yo, sino tú.

—Y creemos que ese poder puede llegar a ser lo suficientemente fuerte para derrotar a la criatura oscura, la fuerza es luz —continuó Eden.




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