Roto por ti

RPT| 18. Perdida

DÁNAE

Al momento de cerrar la puerta, recargo mi frente en ella. Cerrando mis ojos con fuerza, luchando por qué ninguna lágrima salga a pesar de qué mi cabeza dolía al impedir las gotas saladas.

—¿Qué pasó? —Quiso saber mi hermano. Apurada me pongo recta y abro mis ojos para solo encogerme de hombros, restándole importancia, yéndome a aplastar a un lado de David. Al cual saludo con un vago movimiento de mi mano, él corresponde igual.

—¿Qué pasó con Yeray? —sabía que conocía por qué mi cara de fastidiado. Y mi acción de la puerta.

Me tapé la cara con ambas manos y terminé por expulsar un grito agudo. Tenía tantas ganas de llorar, quería no estar en esta situación. Yo no quería romperle el corazón a mi amigo. Yo no.

¿Por qué Yeray? ¿Por qué no interactuar con alguien más? Y porque yo no lo solté cuando el me lo pidió. Creo que lo obligue a sentir ese sentimiento que no puedo corresponderle.

—¿Te encuentras bien? —Intervino David.


Yo solo me quite las manos de rostro, limpiando las lágrimas que salieron por la impotencia que sentía.

—Un corazón roto, de amigo. Cuñis, ¿Qué hago? —indico, David se queda un poco desconcertado por la forma en la que me refería a él.

Pero luego me sonríe con ganas, dando un asentimiento de cabeza. Aceptando.

—Hablar con el antes de romperlo más —me indica, dándome una palmada suave en la espalda. Con cariño.

—Pidamos pizza, para platicar un momento.


Aconseja mi hermano, no me apetecía comer ahorita. Por sentir miedo y ganas de vomitar. Pero asentí a su petición.
 


•★•💞•★•



Después de que trajeron la pizza y apenas haber comido un poco, mi hermana menor se sentó a un lado mío con una sonrisa inocente. Mientras iba por su tercera rebanada.

Yo miraba perdidamente la lata de soda en mi mano, pensando en todo lo que ha pasado en estos días, un mes para ser exacta a la situación.

Mi hermana se levanta de su lugar para ir a la cocina, por lo que mi hermano se aplasta donde ella estaba. Sin embargo, la atención no estaba en mi entorno. Sino en mi mente, estaba pérdida.

—¿Qué tiene de interesante esa soda? —escucho apenas a mi hermano. La escuchaba tan lejos, que no le puse atención.

Por lo que se vio obligado a volver a preguntarme, yo aún no le puse atención. Puso la mano en la lata, fue ahí donde le mire con una media sonrisa, apenada a mi pérdida de atención.

Da un suspiro melancólico. Yo apenas y dejo mi sonrisa sin decaer.

—Él estaría ahorita aquí —acoto, recordando que siempre ahogamos nuestra pena con la pizza y la soda.

Le echaba de menos.

—Intente convencerle —veo de reojo que aprieta sus labios —. Pero no quiere verte.
—Me lo dijo. Y dolió mucho que me dijera eso —recuerdo con voz atropellada.

—Rompe esa tonta promesa.

Yo niego a su petición. No es que no quiera romperla, me lo he repetido mucho. Aunque la rompa, no abra sentimientos. Solo vacío. Y no quiero sembrar un sentimiento hueco.

—Con todo gusto la rompería, sin embargo, ¿De qué sirve? No hay sentimientos.

Él asiente comprendiendo mi lío en mi cabeza, estaba pérdida. Sin rumbo alguno.

—Pésima circunstancias —interviene David, sentándose al otro extremo —, te daría consejos, pero soy pésimo. Lo siento el no poder ayudar.

Le sonrió.

—Me están escuchado. Eso es importante para mí —les digo de corazón.

Sin pensarlo, lo atraigo a mí y lo fundó en un abrazo a David. El cual se crispa de nervios, sin embargo, me correspondió con cariño.

—Quiero llorar —digo de pronto, él me acaricia el cabello con delicadeza.

—Hazlo, no te juzgamos —indica mi hermano, apoyándose con delicadeza en mi persona.

No digo más, así que solo me permito que salgan algunas lágrimas silenciosas.

Mientras David no me soltaba, solo acariciaba mi espalda con tranquilidad y espero. Creo que mi hermano no pudo haber escogido a alguien mejor, ya qué, él era un chico que te escuchaba, comprendía. Quizás no sea bueno para dar consejos. Pero si para escuchar y algún que otro momento a lo mejor si saqué un buen consejo.

No podía imaginarme todo. Cómo sería mi mejor amigo como novio. No puedo imaginármelo así. Por Dios, que pésima decisión.

Mi hermano me aconsejo irme a mi cuarto a dormir un rato. Solo me dijo que tenía que esperar para ese día tan tormenta qué pronto llegaría. No tuve que objetar. No sabía ni tenía ningunas ganas de poder pelear o tan siquiera darle un par de bromas al saber que papá ya conocía a su novio desde antes.

—Descansa, al menos sienta cabeza —sugiere David, dándome una sonrisa.
Yo también se la devuelvo.

—Gracias. Oye... —le llamó con un apliqué de vergüenza —. Falle en terminar juntos en mejores amigos.

—O sea, con yo y tú hermano. Que fuimos mejores amigos.

Indica, yo asiento.

—No siempre es así. Mira tú —se sienta a un lado mío, en la cama.

Supongo que para estar más cómodo y poder platicar. Mi hermano estaba en la sala peleando con Litzy que seguía comiendo pizza sin fin.

—En ocasiones algunos se enamoran, otros solo uno y lo menos probable, que queden solo como amigos.

Eso último estrujó mi pobre corazón, así que solo asentí. Él sonrió en disculpa. Pero yo creí que Yeray y yo solo íbamos a ser bueno mejor amigo. Solo eso y ya.

David salió de mi habitación con una sonrisa floja, le regale una sonrisa que todo estaba bien, que no pasaba nada.

—Solo estoy perdida.

Murmuró dejándome caer en la cama.




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