Roto por ti

RPT| 25. Así se siente

ARES


Observo la casa en medio de la lluvia, así que me encamino allá. Tocó el tiembre y al poco tiempo alguien abre.

Cuando la puerta fue abierta, no supe qué hacer o que decir. Yeray estaba espantoso, o más bien parecía un zombie. Sus ojos verdes había adquirido un color pálido y bajo de ellos estabas unas bolsas muy grandes de color casi morado.

Su mirada estaba triste. Y al verme ahí, parado frente a él. Me sonrió.

¡El maldito me sonríe!

Yo hice el vago intento de hacer lo mismo, pero no pude. Yo no soy experto en fingir mis emociones así.

¿Qué te hizo Danáe, Yeray?

—Hola —saluda, sin perder esa sonrisa que incluso hizo llegar a sus ojos.

—No, no, no —indico moviendo mis manos en negación. Su sonrisa vacila —. A mí no me vengas a demostrar que estás bien.

—Pero estoy bien —dice con alegría.

Eso. Sofocana mi corazón. ¿Cómo puede fingir tan... Así? Agitó mi cabeza.

—Yo no soy Danáe para que fingas —suelto con voz neutra. Su sonrisa al fin desapareció. Y sus ojos se apagaron.

La tristeza llego a él. Así como la sonrisa que me había dado.

—Wow. Estás peor que Danáe —me atrevo a decir, cuando el silencio se había puesto en nosotros.

—Because she broken my heart.

La voz le salió profundamente triste, apagada y sin ganas de decir nada más. Las lágrimas se empezaron a acumular en sus corneas. Su mentón tembló.

Llevo el dorso de su mano a su ojiverde y limpio una lágrima rebelde.

—Pasa.

Se hace a un lado para dejarme entrar. La casa estaba en total silencio, que dió escalofríos. Así se sentía un corazón roto.

Cierro el paraguas y quitó el imperniable de mi cuerpo, con esa cosa me hago carne al horno. Me indica que pase a la sala una vez termine, pasó a lugar con cautela, me siento en el sillón en silencio. Escuchando como el la cocina se movían cosas.

Me sentía tan incómodo, tan perdido en esta casa tan silencioso, tan fría, tan... Se sentía tan solitaria. Y la lluvia le daba todo eso, una tristeza profunda.

Me hizo tragar saliva.

E incluso la tristeza se puede pegar de un momento a otro. ¿Eso es posible? Nada más de pensar, me dolía la cabeza.

Una taza humenado se interpone en mi transe, doy una sonrisa y la acepto. Él asiente, se sienta en el sillón que estaba a mi lado derecho. Dando un suspiro pesado sin ánimos.

Le doy un sorbo al té de canela.

—¿Cómo a estado Danáe? —Interroga, jugando con la taza. Tamborileando los dedos haciendo sonar sus uñas en ella en un son algo que ponía los nervios de punta.

—Danáe no importa aquí —esquivo su pregunta —. ¿Qué tal tú? ¿Cómo la llevas?

—Bien, mamá me dió descanso hoy. Que porque estoy devastado. Horrible y que intente dormir para dejar de llorar.

Ahora entendía porque estaba así. Se había desvelado llorando y en el día se le había pasado ayudando a su mamá. Estaba pésimo y apenas llevaba cinco días.

—Llorar por algo que ni siquiera ocurrió —susurra con una risa seca.

—También la amistad se rompió —agrego dando un trago al té.


Un silencio ensordecedor se hizo presente, y la lluvia de afuera se Prolongó más intensa. Observo que pone la taza vacía en la mesita negra. Recargo su espalda en el acojedor sillón.

—¿Cuánto dura un corazón roto?

Dejo la taza donde él la había dejado. Me puse a pensar. Y la verdad, lo único que se me vino a la mente era una canción de Morat.

—Los primeros días son horribles —indico, la verdad no sabía eso.

O tal vez, no quería recordar esos momentos. A pesar de ya no sentí nada. Sino que está perdonado todo a esa persona qué me rompió alguna vez el corazón.

—Oye... ¿Y porqué viniste?

Volteo a otro sitio.

—Queria ver cómo estabas, mi hermana está bien. Aunque de primero se sienta culpable por romper tu corazón —digo sin verlo a la cara —, creo qué está loca. Porqué se siente según devastada, pero no es por romper tú corazón, sino por perder a su amigo.

—No quiero fingir más, me lo pidió —da un suspiro «¿Qué le pidió qué?» pienso con rabia—. Dijo que fingiera, qué olvidará esa tarde. Que pusiera como si nada sucediera. Eso me puso mal.

—Quiso que fingieras y ella estar bien con Jordán.

El asintió desganado. Pensado, como si recordara eso. Mientras a mi mente venía el cómo observaba a Jordán, como si tristeza se disipaba.

Porque ella si tiene a quien quiere, mientas que Yeray se joda.

—Que egoísta es mi hermana.

Pienso en voz alta, con una voz de recelo.

Cómo se le ocurre esas estúpidas. En ocasiones mi hermana solo piensa en el bien de ella, pero ahora comprendo sus palabras.

"Yeray siempre hizo lo correcto"

A pesar de tener su corazón en un huracán, pensó en lo correcto. Que a pesar de amarla, tener unos sentimientos tan fuertes hacia ella, actuó con cautela. Con el bien de los dos.

Su mejor amigo siempre actuó acordé a lo correcto.

El rompió muchas promesas. Maldita Danáe. Rompió muchas promesas por ti. Está roto por ti. Pero por el bien de esa egoísta y el de él.


—Lo pienso y... —se queda callado un momento, sopesando las palabras —, también fui egoísta.

—¿A sí? —Él asiente —. ¿En qué?

—Oculte mis sentimientos por estar a su lado, nunca le dije de una relación por no hacerla sentir mal. Porque odiaba a esa persona.

—Siempre la protegidas —siseo.

Él sonríe, pero esta vez no tiene la coincidencia de mentir. Es auténtica. Eso hace que yo también sonría.

—Toca protegerme, un corazón roto no durara para siempre —dice, cada ves más bajando la voz. Aún no procesa el hecho de que esté hecho pesados.

—Yeray...

Una lágrima escapa de sus ojos, mi corazón se encoge a tal gesto.

—La amo —susurra con la voz quebrada.

Haciendo que también sienta el dolor de esa palabra mal correspondida, un nudo se presentó en mi garganta que me impidió decirle algo. Pero a pesar de que llora en silencio, se que agradece mi dolor.

—Mark dice que estoy haciendo lo correcto, sacando el dolor. ¡Pero tengo miedo deshidratarme wey! —grita, haciendo broma a su dolor.

Yo sonrió tenso. Mientas él sigue hipeando y sorviendo por la nariz con la vista clavada en el piso.
Me pongo a un lado de él, sentándose el el reposador de los brazos y llevo mi mano a su espalda, acariciándola en consuelo. Así estamos unos minutos hasta que el llanto cesa. Alzando su cabeza y viéndome con sus ojos rojos.

—Gracias Ares.

Y solo con eso, me hizo sentir que yo también hice bien.


 




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