### III: El nido de las víboras
*Días después...*
Frente a Caps se erguía el imponente Instituto de Élite Roys Pembell. El croquis que Jota había diseñado cobraba vida real: era un monumento arquitectónico a la opulencia corporativa, rodeado por muros de piedra blanca pulida y grandes arcos de estilo neoclásico. Estudiantes con uniformes de costura perfecta caminaban en grupos selectos por los senderos decorados.
*«Ok, estamos dentro. Muy bonito todo…»*, pensó Caps de pie en la zona inferior derecha del campus, oculto bajo la sombra densa de los árboles que bordeaban el acceso vehicular. Tiró con fastidio de la corbata del uniforme escolar que le resultaba jodidamente incómodo y restrictivo, mientras su flequillo castaño y alborotado soplaba levemente con el viento de la tarde. *«Uh, Jota… solo espero que tu plan de infiltración “infalible” realmente sirva de algo y no sea una pérdida de tiempo».*
El recuerdo de las palabras de Jota en la mesa de Bebols resonó en su mente, nítido, grave y pesado:
> *«Caps, eres la pieza clave para abrir esta brecha. Todo por lo que has pasado en tu vida… tu entrenamiento de resistencia, tus investigaciones… an sido solo para tener la fuerza de vengar a tu gente algún día. A tu padre…»*
> *«Este es tu objetivo inicial. Ella es Eva Law. Esta chica de instituto es la única heredera de la junta directiva de Farmacéuticos Scorpio. A través de ella llegaremos al despacho de su padre, Vickass. Tu trabajo es infiltrarte en el Roys Pembell, vigilar sus movimientos y ganarte su confianza absoluta rápidamente, me encargue de manipular la base de datos del instituto con ayuda de un contacto que tenemos dentro, en adelante serás Mike Brandon un alumno becado de intercambio que viene desde ciudad S, desde aquí queda todo de tu parte…»*
Caps regresó al presente, entornando sus ojos almendrados mientras observaba el área de estacionamiento de autos de lujo, justo al lado de la cancha de basket y la piscina superior. Sus ojos se fijaron en una limusina negra de vidrios blindados que acababa de detenerse frente a la entrada principal del edificio en forma de "U".
—Allí está… —murmuró entre dientes, mandando instintivamente su mano derecha a la cadera, rozando el relieve del estuche de cuero que ocultaba bajo la chaqueta—. Llegó el momento.
De los asientos traseros descendió Eva Law. Caps la observó con fijeza. La chica poseía una imponente, voluminosa y llamativa melena de un color naranja brillante y encendido —idéntico al fuego—, que caía en capas desfiladas y salvajes alrededor de un rostro de facciones aristocráticas y perfectas. Sus ojos eran rasgados, afilados y carentes de cualquier empatía, y de sus lóbulos colgaban unos pendientes geométricos grandes y dorados que destellaban con opulencia bajo la luz del sol. Caminaba con una postura estilizada, casi de pasarela de moda, vistiendo el uniforme de la academia con una pulcritud arrogante. Su sola presencia exudaba el lujo, el protocolo y la profunda superioridad de la alta sociedad de Scorpio.
Casi de inmediato, un alumno de lentes, visiblemente nervioso y sosteniendo una pequeña carta perfumada entre sus manos temblorosas, se interpuso en su camino en mitad del patio.
—Señorita… Señorita Eva —tartamudeó el chico, sudando copiosamente.
Eva detuvo su marcha de depredador, mirándolo desde su altura por encima del hombro con una sonrisa perfectamente ensayada, curva e hipócrita, completamente vacía de calidez humana.
—¿Sí? Dime —respondió, con una voz falsamente dulce y melodiosa.
—Me… ¡me gustas mucho desde el inicio del curso! ¡Por favor, acepta mis sentimientos y sal conmigo! —exclamó el chico de los lentes, inclinándose en una reverencia exagerada de noventa grados, extendiendo la carta con ambas manos.
La sonrisa de Eva Law se desvaneció de forma instantánea, reemplazada por una mueca de asco total, absoluto y visceral que desfiguró sus bellas facciones aristocráticas. Sus ojos rasgados se entornaron con un desprecio letal y calculador.
—No. Ni en tus mejores sueños.
El chico se congeló en la reverencia, asustado. Eva soltó una risa seca, aristocrática y cruel, elevando el tono de su voz para asegurarse de que sus palabras resonaran con fuerza en todo el patio escolar:
—¿En serio tu patético cerebro creyó que alguien de mi estatus saldría con una basura como tú? Solo mírate al espejo, eres horrendo y das lástima. Tu sola cercanía física me causa náuseas. Además, tienes la mirada sucia de un maldito pervertido; seguro que sueles tener extrañas y asquerosas fantasías conmigo a solas en tu habitación de clase baja. Será mejor que sigas soñando en el fango, escoria. Alguien de mi linaje nunca estará al alcance de un bicho rastrero.
Un coro de risas crueles y burlonas estalló entre los estudiantes que presenciaban la escena. El alumno de los lentes sintió que su dignidad se pulverizaba y, con lágrimas de humillación desbordando sus ojos, dejó caer la carta, se dio la vuelta y salió corriendo a toda prisa del patio, completamente quebrado por dentro.
Caps, observando la humillación desde la distancia de los árboles, adoptó una mueca de profundo asco idéntica a la de sus retratos del búnker. Apretó los puños con fuerza dentro de los bolsillos de su pantalón.
—Oh, maldita sea… —susurró el joven de cabello castaño oscuro, sus ojos destellando con hostilidad—. Flayer no exageraba en absoluto. Es una maldita víbora con corona de oro. Dan ganas de romperle la cara.
Nuevamente, las especificaciones tácticas que Jota y Flayer habían delineado en la mesa de Bebols cruzaron por su mente de forma nítida:
> *«Hemos estudiado a esta chica Caps no es moco de pavo, es jodidamente aristocrática y dudo que deje que un mierdas becado se le acerque, por lo que tendremos que ser más creativos, debemos generar una situación crítica. Creo que tengo algo en mente».*