### 6: Bienvenido a Rois Pembell
El sol de la mañana golpeaba con una limpieza insultante la fachada de mármol y vidrio pulido del Instituto Roys Pembell. Caps, vistiendo el uniforme escolar rígidamente abotonado y el flequillo castaño ocultando su mirada severa, avanzaba por el sendero principal con las manos en los bolsillos. El contraste con la periferia era brutal: jóvenes que desprendían arrogancia y uniformes sin una sola arruga reían en grupos selectos, mientras una hilera de autos de lujo descargaba a los herederos de las corporaciones corporativas y miembros de la alta sociedad.
*«Cemento, vidrio pulido y perfumes caros...»*, pensó Caps, su monólogo interno cargado de una amargura que la opulencia del lugar solo intensificaba. *«Mientras las personas sufren y mueren como ratas en los suburbios, todas esta bola de malnacidos privilegiados de élite gozan de inmunidad aquí dentro. En este lugar no huele a podrido. Aquí huele a la mentira que nos está matando».*
Con un movimiento disimulado, Caps sacó su móvil rudimentario y agrietado, un aparato que desentonaba por completo con los dispositivos de última generación que llevaban los otros estudiantes. La pantalla parpadeó con un mensaje de texto cifrado que apareció en el mismo
enviado por Jota.
> **[ALERTA]:** *Monitoreo activado. No muestres inestabilidad. Killana y yo estamos trabajando en el cohete dispersor. La cepa estabilizada pronto estará lista para ser transportada a la atmósfera*.
—Huh..., Caps suspiró, volviendo a guardar el teléfono en el bolsillo, sintiendo el peso del estuche de cuero en su cadera.—El reloj está en marcha.
Al entrar en los pasillos principales, el bullicio estudiantil se detuvo por un instante. Una chica de aspecto impecable y postura estilizada se interpuso en su camino. Tenía una melena abundante de un color rosa pastel vibrante, peinada en una coleta alta y pulcra que dejaba al descubierto un rostro de facciones simétricas y una mirada fría y analítica. Vestía el uniforme con una elegancia que exudaba autoridad.
—Eres Mike Brandon, ¿no? —preguntó la chica, su voz era melodiosa pero carente de cualquier calidez genuina. Mantuvo los brazos cruzados, observándolo desde su altura con una mezcla de deber profesional y desinterés—. Mi nombre es Helen Troy. Soy la presidenta del consejo estudiantil. Por reglamento, me veo obligada a dar un recorrido a los estudiantes nuevos. Ayer no pude hacerlo por... ciertas razones, pero hoy estamos a tope. Así que acompáñame.
Caps detuvo su marcha, sosteniéndole la mirada severa a Helen. Sus ojos almendrados se entornaron con una mueca de aburrimiento.
—No tienes que fingir empatía conmigo, señorita presidenta —replicó Caps, su tono áspero—. Sé muy bien que debes de estar enterada de que soy un estudiante becado. No pertenezco a tu círculo de élite.
Helen Troy soltó una risa ligera y fría, una sonrisa que ladeó su rostro de forma casi macabra por un segundo antes de recuperar su compostura.
—Pues para tu sorpresa, Mike... yo también soy becada. Y todos mis méritos en este instituto han sido ganados con esfuerzo puro, no con el dinero de mis padres ricos. Así que acompáñame si no te molesta. No me hagas perder el tiempo.
Caps sintió un sutil pinchazo de algo... llamémosle admiración. No esperaba encontrar una fisura de esfuerzo real en ese monumento a la pereza corporativa. Aún así, enderezó la espalda y ajustó su flequillo castaño.
—Prefiero ahorrarme la molestia, Helen. Ayer me tomé la libertad de ver yo mismo los lugares. Ya conozco el mapa.
La chica de la coleta rosa asintió, su rostro recuperando la indiferencia absoluta. Se giró para retomar su marcha, pero se detuvo antes de alejarse.
—Vale... está bien. Solo te diré esto como consejo de becada: aquí hay ciertas reglas invisibles que debes seguir si quieres sobrevivir. Aléjate de los alumnos que son un peligro real en este campus... Confío en que sabrás identificarlos por tu cuenta.
Helen Troy se alejó caminando con paso firme por el pasillo. Caps la observó por un instante antes de soltar la pregunta que lo trajo a ese nido de víboras.
—¿Es Eva Law uno de ellos?
Helen se detuvo en seco, sin girar la cabeza, con la coleta rosa fucsia meciéndose sobre su espalda.
—Es la peor de todas.
El joven castaño oscuro sostuvo la mirada sobre la figura en retirada de la presidenta del consejo. *«Esta chica...»*, pensó, *«es más interesante de lo que parece».*
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Poco después, la escena cambió al Aula de Virología. No era una clase convencional; era un laboratorio de última generación, equipado con microscopios electrónicos, incubadoras de atmósfera controlada y pantallas holográficas que mostraban secuencias genéticas. Caps estaba sentado en una mesa central, fingiendo tomar notas meticulosas en una bitácora mientras observaba los reactivos.
*«Paciencia, paciencia...»*, se repetía, su monólogo interno un recordatorio constante de su entrenamiento. *«Paciencia, para evitar romperle la cara al primer idiota que se atreva a molestar».*
De repente, la puerta del aula se abrió y el ambiente se tensó de inmediato. El bullicio de los otros estudiantes se extinguió por completo. Entró Eva Law. La heredera de *Scorpio* avanzaba con una postura de depredador, su voluminosa melena naranja encendido brillando bajo la luz esterilizada del laboratorio. Ella era el sol del sistema solar del Roys Pembell, y todos los planetas orbitaban a su alrededor.
Caps la observó sin parpadear. *«Ahí está. La bomba de tiempo».*
Al ver al joven castaño, Eva Law se apartó de su corte de seguidores y avanzó directo hacia su mesa, ignorando la presencia del profesor. Se plantó frente a él, clavándole sus ojos rasgados y afilados cargados de un desprecio que ya no fingía.
—Mike Brandon —pronunció Eva, con una voz baja, despectiva y aristocrática—. El chico que corre de los monstruos... Ese es mi sitio. Fuera de aquí.