## 8: Caminos Cruzados
El frío de la arena de pruebas era casi tan cortante como el olor a hierro que flotaba en el aire. Un Caps notablemente más joven de apenas 12 años con las ropas rasgadas y las manos empapadas en una mezcla de su propia sangre y fluidos oscuros, contemplaba el cadáver inerte de la criatura que acababa de abatir. No había triunfo en sus ojos almendrados; solo una profunda, pesada y silenciosa melancolía.
*—Nunca he odiado realmente a estas cosas... —susurró el pequeño Caps, con la mirada ida, fija en los restos de la aberración—. No sé por qué... pero solo puedo sentir lástima por ellas.*
El eco de unos pasos apresurados rompió el silencio del búnker. Killana se arrojó de rodillas sobre el suelo de concreto, rodeando al niño con un abrazo desesperado, temblando mientras escondía el rostro en su hombro.
*—¡Caps! —exclamó ella con la voz rota por la culpa—. ¡Caps, lo siento tanto...! No tienes que pasar por esto. Dios, no quisiera que tuvieras que pasar por esto...*
La escena se disolvió en la memoria, dando paso a una habitación limpia, iluminada por el espectro tenue de una lámpara médica. Caps, ya aseado pero con el peso del mundo sobre los hombros, miró a su madre mientras ella revisaba sus constantes vitales.
*—Madre... si existiera la más mínima posibilidad de revertir el virus... ¿eso me convertiría a mí en un asesino?*
Killana se detuvo en seco. Su expresión severa de científica se suavizó, adoptando un tono cálido y protector mientras le acariciaba el rostro.
*—Caps, cariño... no pienses de esa manera. No puedes permitirte pensar de esa forma. No hay una posibilidad de regresar una vez que te conviertes en eso. La ciencia médica no ha llegado ahí.*
*—Es solo que... —interrumpió el chico, bajando la vista hacia sus propias manos—. Es solo que cuando peleo con ellos, siento que puedo ver sus verdaderos rostros. Puedo oír sus voces en mi cabeza...*
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«...Pidiéndome que los salve».
La frase resonó en el interior de su cráneo como un disparo mientras el presente lo golpeaba de golpe. En medio de las ruinas de la periferia, Caps descargó un puño brutal contra el rostro del segundo monstruo. Ya no era el niño indefenso del recuerdo; su expresión era una máscara de rabia contenida y seriedad absoluta. El virus Rz1 quemaba en sus venas.
Golpeó una, dos, tres veces, destrozando la coraza ósea de la criatura mientras los ecos de auxilio de lo que alguna vez fueron humanos taladraban su mente. El dolor psicológico se volvió tan insoportable que Caps soltó una risa seca, rota, una carcajada de puro dolor existencial antes de detenerse, dejando caer el cadáver mutado.
Antes de que pudiera limpiar la sangre de su rostro, el tercer monstruo se tensó en las sombras, agachándose para abalanzarse directamente sobre su cuello. Pero justo en el milisegundo del impacto, un silbido agudo y una orden seca cortaron el aire.
—¡Ya basta! ¡Posición uno! —resonó una voz firme.
La bestia frenó en seco, clavando las garras en el pavimento. Emitió un leve quejido, calmándose de inmediato, y se apartó hacia la penumbra con una obediencia antinatural. El monstruo había sido entrenado.
Caps parpadeó, con la respiración agitada y una mirada de cansancio extremo. Frente a él, Helen Troy ya no lucía como la estudiante asustada de hace unos minutos. Su postura era recta, calculadora, y sostenía un subfusil modelo apc9k con total confianza.
—Sorprendido?, deje mi equipo por aquí cerca, me gusta estar preparada, arregle este escenario para ti , cuando me enteré de tu llegada hace unos días no pude evitar que mis dudas hacia ti se activaran, que te digo soy paranoica—declaró Helen, mirándolo de arriba abajo con una sonrisa de suficiencia—. Pero mira nada más... tenía razón. Tú fuiste el que mató a ese monstruo en la autopista. ¿Quién o qué demonios eres, "Mike Brandon"? Porque ese no es tu verdadero nombre, ¿cierto?
Caps barrió el perímetro con la mirada, asimilando la emboscada. El cansancio en sus facciones dio paso a una mueca de ironía.
—Así que todo esto fue un maldito teatro... —escupió Caps, enderezándose mientras el vapor seguía brotando de su piel—. Me atrapaste, felicidades. Pero yo tengo la misma duda. Quisiera saber quién demonios es la maldita loca que se arriesga a morir solo para comprobar una simple sospecha.
Helen no se inmutó. Levantó el cañón de su arma, apuntando directo al pecho del chico.
—Aquí yo soy la que hace las preguntas. ¿Estás alineado con Scorpio? ¿Eres uno de sus experimentos genéticos enviado de forma encubierta para proteger a Eva Law?
Caps soltó una risa ronca, divertida por la ironía.
—Huhu... ja. Eres una rebelde, ¿cierto? Por la forma en que hablas es evidente. Debes pertenecer a una de esas facciones radicales, He oído hablar de los *Slayers* o de los *Avengers*... ¿A cuál de esos grupos de pacotilla perteneces tú?
—No juegues conmigo —advirtió Helen, entornando sus ojos fríos mientras el clic del percutor de su arma resonaba en el callejón—. Si me obligas, no dudaré en matarte aquí mismo. Tengo un total de cuatro bestias rodeando el perímetro y...
—Mentira.
La palabra ni siquiera había terminado de salir de los labios de Helen cuando Caps activó la energía residual de su torrente sanguíneo. Se movió a una velocidad sónica, imperceptible para el ojo humano. Antes de que la chica pudiera presionar el gatillo o reaccionar, la silueta humeante de Caps ya se había materializado a su espalda, atrapándola por el cuello con un agarre firme pero medido.
—Escucha con atención Helen, manten a tu amigo a raya si veo el más mínimo movimiento no responderé a mis acciones ¿creo que puedes hacer eso no?, después de todo se ve que eres buena adiestradora—le susurró Caps al oído, su voz profunda e impregnada por la alteración biológica, la chica contenía la respiración una gota de sudor recorrió su frente mientras la vestía permanecía en guardia a la espera de la orden de ataque, un silbido con un sonido único resonó en el aire haciendo que el monstruo adoptará una posición de espera—. Muy bien ahora escucha con atención y respóndeme, ¿Han sido los de tu grupo los que están movilizando monstruos por la ciudad, provocando este caos? Contesta.